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De cambio y de estoicismo

Romano Paz

Politólogo

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La vida es cambio y transformación permanente, ya Heráclito en el siglo V a.C. afirmaba que; “nadie se baña dos veces en mismo rio”, dejando de lado la dinámica del mundo y llevando esto a la dinámica social podemos decir que los restauradores añoran un pasado glorioso, los conservadores se benefician del status quo y obedeciendo al instinto de supervivencia se resisten al cambio, mientras que los rebeldes motivados por algún tipo de injusticia, buscan una transición para que se instaure un nuevo status quo en el que ellos pasen a ser la nueva clase privilegiada. Ya de manera contemporánea, Joaquín Estefanía en su libro “El Poder en el Mundo” (Circulo Cuadrado, 2000), afirma lo siguiente: “Cada sociedad, cada institución social es una encrucijada de poderes que pugnan por imponerse unos a otros. Son vectores tirando en distinta dirección para averiguar cuál es el más fuerte, porque no todos tienen el mismo éxito en sus pretensiones. Incluso los más fuertes en una circunstancia pueden llegar a ser los más débiles en la siguiente”. 

Como el cambio es una variable constante, inevitablemente en nuestro periplo personal por este mundo caótico, el indeterminismo cuántico nos obliga a enfrentar una serie de circunstancias en las que debemos de tomar decisiones que pueden ser de consecuencias trascendentales para nuestro destino, a su vez algunos de estos episodios son inmortalizados para la posteridad cuando el curso de la historia depende del eventual desenlace, veamos algunos ejemplos:

Arrancamos con Horacio Cocles, quien fuera oficial romano encargado de proteger uno de los puentes en el asedio Etrusco a la ciudad de las 7 colina (siglo VI a.C.), a quien los relatos nos lo presentan así: “Habló pues el valiente Horacio, capitán de la puerta: A todo hombre de esta tierra tarde o temprano le llega la muerte ¿Qué mejor manera de morir puede tener un hombre que la de enfrentarse a su terrible destino, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?”. Por su parte, el oficial romano Publio Cornelio Escipión tuvo que retirarse en desbandada en la batalla de Cannas (216 a.C.), debido a la aplastante y humillante derrota que les impuso el General Cartaginés Aníbal Barca, quien desolaría la península itálica por más de una década ante las mismas narices de la ciudad del Tíber, hasta que años después el propio Escipión investido de procónsul derrotaría definitivamente en una suerte de revancha al más temible enemigo de Roma en suelo africano en la batalla de Zama (202 a.C), dando así fin a la segunda guerra Púnica y ganándose merecidamente el sobre nombre de Escipión el Africano. Este segundo caso nos deja al descubierto qué en algunas ocasiones, en vez de enfrentar una muerte segura resulta estratégico una retirada humillante para hacerse fuerte en una nueva posición. No podemos dejar de citar al rey espartano Leónidas que, junto a su guardia personal compuesta por 300 hoplitas, al percatarse de que su causa estaba perdida en la batalla del paso de las Termópilas (480 a.C.), decidió aplicar el principio máximo de que “solo con la muerte hay honor en la derrota”, pasando a la inmortalidad e inspirando a muchas generaciones con su heroico acto.  

Como vemos, la historia demanda personas estoicas, si queremos trascender y dejar huella como notables, es decir como personas dignas de admiración y respeto, debemos de vivir cultivando las virtudes y sobreponiendo nuestra razón a las pasiones, podemos ignorar el cambio social, pero no podemos impedirlo, y para los indiferentes con lo que atañe a la vida en comunidad, el poeta máximo acuñó la siguiente frase: “Los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Romano Paz

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