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El progreso, la causa compartida que mueve a Santa Cruz

Oscar Ortiz Antelo

Ha sido senador y ministro de Estado.

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Termina septiembre y, con él, el mes en el que Santa Cruz celebra sus efemérides. A pesar de la crisis que vive y sufre Bolivia, el departamento y el pueblo cruceño han renovado su fe en un futuro mejor y su compromiso con una apuesta común: la búsqueda de una mayor prosperidad, sustentada en un modelo de producción y exportaciones. No se trata solo de un modelo económico, sino, esencialmente, de un consenso mayoritario sobre el camino que debemos seguir para progresar.

Esta construcción social se sustenta en una coincidencia mayoritaria en torno a una cultura del trabajo y la producción, profundamente vinculada al campo y a la aspiración de integrarse tanto al mercado boliviano como a los mercados internacionales. Esa vocación ha contribuido a que Santa Cruz alcance los mayores niveles de desarrollo social y económico de Bolivia y se manifiesta cada año en la realización de la Expocruz. Refleja, esencialmente, la búsqueda compartida del progreso individual y colectivo como fundamento de lo que podríamos llamar la causa cruceña y como base de su cohesión social.

Es una causa y una forma de concebir la sociedad, el país y el futuro que vienen de lejos. Por ejemplo, las instrucciones que el cabildo del municipio de Santa Cruz de la Sierra dio a los diputados Antonio Vicente Seoane y Vicente Caballero, quienes viajaron a la actual Sucre para representar a Santa Cruz en la Asamblea Deliberante que fundó Bolivia en 1825, ya reflejaban el pensamiento que une a Santa Cruz doscientos años después.

El mandato cruceño proponía la creación de una república independiente, organizada mediante un sistema representativo y democrático y regida por una Constitución que garantizara los derechos de sus habitantes. Planteaba, además, una clara división de poderes y la representación y participación de las provincias —hoy departamentos— en el gobierno.

En los ámbitos educativo y económico, las instrucciones priorizaban la creación de establecimientos de educación secundaria, técnica y profesional, así como de una universidad. También promovían el reconocimiento del libre comercio como base de la prosperidad de los pueblos, la eliminación de las trabas que dificultaban el comercio interior y exterior, la construcción y mejora de caminos para superar el aislamiento de Santa Cruz, el desarrollo de las comunicaciones con las demás provincias y el fomento de la agricultura, las manufacturas, las artes y las actividades productivas.

En cuanto a la vinculación internacional, Santa Cruz planteaba abrir y facilitar el comercio con Portugal, potencia limítrofe cuyo territorio corresponde actualmente a Brasil, y establecer una comunicación terrestre con el Paraguay. Desde entonces, el pueblo cruceño ya entendía la importancia de la vinculación con el Atlántico como una vía fundamental para integrarse a la economía mundial.

Por su parte, el Memorándum de 1904, presentado después de casi ochenta años de vida republicana, planteaba esencialmente vincular a Santa Cruz con Bolivia y con el mundo mediante la construcción de ferrocarriles que unieran al Oriente boliviano con el resto del país y con las naciones del Atlántico. Para ello, proponía aprovechar las vías fluviales que conectan el territorio nacional con las cuencas amazónica y del Plata, en particular los ríos Paraguay y Pilcomayo.

Desde entonces, los autores del Memorándum planteaban que Bolivia no debía ser concebida como un país exclusivamente minero. La nación debía comprenderse a partir de sus diferentes zonas geográficas, sus grandes y diversas potencialidades y la necesidad de contar con distintas salidas al exterior.

De manera constante, los autores del Memorándum afirmaban que los intereses del Oriente y del noreste de Bolivia no estaban en pugna con los del Occidente, sino que debían ser armónicos y solidarios. Destacaban, además, el inmenso potencial productivo del Oriente, ámbito en el que también incluían a Chuquisaca y Tarija.

Reafirmaban que un ferrocarril para el Oriente produciría bienestar general para toda la República y dejaban claro que no pedían que se llevara el progreso a esta región, sino que este llegaría paulatinamente gracias al esfuerzo propio.

Como se puede observar, las luchas por las regalías en los años cincuenta del siglo XX, por la descentralización durante la segunda mitad de ese siglo y por la autonomía, expresada en los cabildos de las primeras décadas del siglo XXI, han mantenido una constante: la aspiración a construir una sociedad de personas libres y a asumir el progreso como causa común que guía el camino hacia una mayor prosperidad.

Santa Cruz ha encontrado su propia vía para el desarrollo en el llamado modelo cruceño. Cada uno de los demás departamentos debe debatir y forjar la suya en función de sus propias realidades y potencialidades. Solo así se logrará el verdadero progreso de una Bolivia tan diversa y diferente en su interior.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Oscar Ortiz Antelo

Ha sido senador y ministro de Estado.

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