OpiniónPolítica

La conspiración académica: cómo Clacso desestabiliza a Bolivia

Es probable que Clacso niegue estas acusaciones y se presente como una red plural y académica. No importa: lo que está en juego es preservar la autonomía académica frente a toda instrumentalización:

Loreto Correa Vera

Doctora en Historia de las Relaciones Internacionales. Analista y consultora.

Escucha la noticia

Para quienes no lo conocen, Clacso es una red continental que agrupa a más de 800 centros de investigación y universidades en América Latina. Con redes en toda la región, Europa, Asia y Africa, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) publicó el 19 de mayo de 2026 una carta en la que “El Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) se solidariza con el pueblo de Bolivia que se está manifestando en las calles defendiendo la vida digna”. Leída in extenso, esta nota no es un gesto académico neutral, sino una pieza clave.

¿Qué es Clacso hoy?

En las últimas dos décadas, Clacso ha experimentado un profundo proceso de ideologización y que polariza el pensamiento en ciencias sociales. Aunque se presente como un espacio académico, en la práctica funciona como una plataforma política que amplifica narrativas dialécticas.

Su rol de análisis de la realidad, se ha tornado hacia la defensa de causas con fuerte componente ideológico. Si solo fuera ese el problema, no estaríamos escribiendo esta columna.

Clacso se ha obsesionado con Estados Unidos, mientras presenta las acciones de los movimientos sociales y de la izquierda latinoamericana como defensas de los derechos humanos.

En este esquema, chinos, rusos e iraníes no serían catalogados como imperialistas, sino como supuestos liberadores de la región. En esta lucha ideológica, la militancia se convierte en un activo de la investigación, al punto de haber acuñado un concepto propio: la “investigación-acción”.

Como red académica internacional, Clacso se financia de manera mixta a través de cuotas anuales de los centros, ingresos por cursos virtuales y, principalmente, mediante convenios con organismos de cooperación internacional como Asdi (Suecia) e IDRC (Canadá), fundaciones políticas y filantrópicas (Ford, Friedrich Ebert, Rosa Luxemburgo, Oxfam) y organismos multilaterales de la ONU (Unesco, FAO).

Los balances contables detallados se manejan de forma interna y se exponen exclusivamente ante su Comité Directivo y sus asambleas generales. Con sede en Buenos Aires, Clacso coordina grupos de investigación, publicaciones, eventos, cursos y entrega becas a jóvenes en toda la región.

A través de estas fórmulas, ha incidido en la comunidad académica, la que muchas veces encuentra en esta red su única fuente de financiamiento. En ese proceso se instala el progresismo, la extrema izquierda y el anarquismo.

Clacso en Bolivia

Hace apenas unos días, el canciller Fernando Aramayo advirtió públicamente que detrás de las movilizaciones recientes en Bolivia existen ONG y fundaciones que estarían financiando acciones de desestabilización contra el gobierno de Rodrigo Paz. No erraba.

Su alusión era que “cualquier organismo, ONG o fundación que esté en el país y esté en acción desestabilizadora, quien esté financiando movimientos desestabilizadores, va a ser fiscalizado y tiene que responder también a nuestra norma”.

El Canciller acierta: la conspiración es ideológica y material: recursos externos canalizados a través de fundaciones y organizaciones internacionales que buscan erosionar la institucionalidad democrática boliviana.

El método, en este caso, penetra centros de investigación, facultades de ciencias sociales y humanidades. En Bolivia, la presencia de Clacso abarca hoy una docena de centros académicos y de investigación, que incluyen universidades públicas y privadas, centros independientes y organismos vinculados directamente al Estado.

Por algunos años participé en esta red, convencida de que se trataba de un espacio genuinamente académico. Compartí de buena fe con colegas de distintos países, creyendo que el objetivo era fortalecer la investigación y el intercambio científico.

Las últimas dos secretarías ejecutivas han permitido la instalación plena del marxismo en la región, usando activamente la academia como un instrumento de militancia ideológica y de intervención política.

Desde Bolivia, los protagonistas más visibles en Clacso hoy han sido dirigentes del MAS: Álvaro García Linera, Evo Morales, Luis Arce, Hugo Moldiz y Gabriela Montaño. García Linera participa constantemente en diplomados y publicaciones, y Clacso lo presenta como referente intelectual. Morales aparece en conversatorios y Arce en debates económicos.

La red no solo les da tribuna, también legitima el proyecto político mediante publicaciones: Mandato y contingencia idealiza el estilo de gobierno de Morales; Bolivia: Golpe de Estado y ajuste de cuentas describe su salida como un golpe cívico-militar-policial y lo muestra como héroe económico; La caída de Evo Morales interpreta la crisis de 2019 como reacción contrarrevolucionaria de élites urbanas.

Estas obras refuerzan la visión del MAS en el ámbito académico, omitiendo narco, corrupción y antagonismo racial.

Clacso se entrelaza además con el Foro de São Paulo y el ALBA, que reúnen al MAS, chavismo, castrismo y otras fuerzas, legitimando regímenes autoritarios y articulando discursos disruptivos contra democracias regulares. Un dato: Gustavo Petro fue el invitado estrella de la X Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales (#CLACSO2025), realizada en Bogotá del 9 al 12 de junio de 2025.

El resultado reciente es claro. La izquierda progresista y movimientos sociales que apoyan las protestas en Bolivia legitiman la idea de que el gobierno de Rodrigo Paz es represor e ilegítimo, transformando y distorsionando un conflicto interno en bandera ideológica regional. Esto erosiona la soberanía, debilita la institucionalidad y desestabiliza un gobierno elegido democráticamente.

Lo que debería ser reflexión científica se ha convertido en militancia ideológica. Los países con sistemas de investigación lo saben y tienen como hacer contraste. Sin embargo, la ausencia de un sistema científico integrado en Bolivia ha permitido que Clacso se instale en el corazón de la producción académica y entre de lleno en la arena política imperceptiblemente.

Es probable que Clacso niegue estas acusaciones y se presente como una red plural y académica. No importa: lo que está en juego es preservar la autonomía académica frente a toda instrumentalización política que erosione la legitimidad presidencial boliviana.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


Cuentanos si te gustó la nota

50% LikesVS
50% Dislikes

Loreto Correa Vera

Doctora en Historia de las Relaciones Internacionales. Analista y consultora.

Publicaciones relacionadas