OpiniónInternacional

La infiltración marxista en EEUU escala un nuevo nivel en el cine

Hace varios años que desde el máximo referente del supuesto mundo libre se emana, para el mercado local y para el mundo, un mensaje colectivista que está en las antípodas de sus principios fundacionales.

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Por Marcelo Duclos1

Recientemente, las declaraciones televisivas de la disidente norcoreana Yeonmi Park encendieron varias alarmas en los Estados Unidos. La joven activista, que estudió en la prestigiosa Universidad de Columbia, advirtió que los profesores norteamericanos le daban el mismo mensaje a sus alumnos que ella ya había escuchado en las aulas de Corea del Norte: que la raíz de los problemas sociales está vinculada al capitalismo. Aunque las caras de los conductores de Fox News eran de indignación y sorpresa, lo cierto es que el fenómeno que describía Park ya había sido anticipado por otros desertores: los soviéticos de la década del setenta. Desde entonces, no es ninguna novedad el “bombardeo” ideológico que ha caído sobre el gigante del norte. A lo sumo, lo único que puede ser noticia es el éxito indiscutible de aquella larga y paciente estrategia de la infiltración marxista.

El extravío que viene dejando en evidencia Estados Unidos, y que se manifiesta ya en ciudades prácticamente fantasmas, con delincuencia, saqueos y alta dependencia del asistencialismo gubernamental, hasta tuvo advertencias de bibliografía en castellano. Alberto Benegas Lynch (h), con la pena de ser uno de los intelectuales admiradores del proceso liberal fundacional estadounidense, escribió hace años “Estados Unidos contra Estados Unidos”, detallando los riesgos sobre el eventual y peligroso cambio de rumbo en materia política y moral del que alguna vez fue el máximo referente del mundo libre.

Sin embargo, en la actualidad el proceso de retroceso y la perversión de las instituciones exitosas ya se ha consolidado. Además del contenido que reciben los estudiantes que serán los dirigentes de mañana, la industria cinematográfica ya se dedica a complementar el programa de difusión anticapitalista para el público masivo.

Cuando se estrenó la primera versión de Avatar en 2009, salí del cine indignado. Me pareció, más allá de los asombrosos efectos especiales (productos de una industria competitiva y capitalista), que el film se trataba de un panfleto comunista. Con el correr de los años, pero sin volverla a ver, llegué a la conclusión que pude haber exagerado con la interpretación. Mi sensación podría haber sido producto de la visión de un joven idealista, en el momento del más rebelde del despertar político ideológico. Dicho sea de paso, por aquellos días la perspectiva libertaria estaba muy a contramano del sentir de la juventud argentina, a diferencia del boom actual. Ante aquel contexto adverso y hostil, podía haber sido posible alguna exageración.

Con esa duda a cuestas nada mejor que una secuela para ver en la madurez de los cuarenta, y corroborar si aquella interpretación juvenil era acertada o un prejuicio ideológico ante una película del montón. Finalmente, era peor de lo que recordaba o pude interpretar en su momento. Avatar 2, que ya recaudó miles de millones de dólares en todo el mundo, es un sofisticado virus colectivista, que infecta la mente de los más jóvenes ante el mayor desapercibimiento de los adultos.

Cabe destacar que, en nombre de la defensa de los valores que estas producciones proponen subliminalmente subvertir, nadie puede solicitar ningún tipo de censura o prohibición. Como ya demostró el fascismo en el mundo en la primera mitad del siglo XX (e incluso los Estados Unidos y varios países después), la “represión del comunismo” es un sinsentido contradictorio. Además, sería absolutamente hipócrita combatir el autoritarismo con otro autoritarismo bien intencionado. El debate tiene que ser abierto y de cara a la sociedad, aunque parezca un camino más largo y hasta dispar, por los recursos coactivos con los que cuenta el adversario.

Repasemos algunos aspectos concretos de ambas películas, en pos de la seriedad del argumento. Ante el avance reciente de una derecha reaccionaria, que encuentra “infiltración marxista” en una marcha del orgullo gay, hay que ser específicos y claros para referirse a estas cuestiones complejas.

¿Qué es Pandora, el planeta donde viven los protagonistas de Avatar? A grandes rasgos, se trata de un hermoso “jauja” extraterrestre. Es decir, una tierra de abundancia, donde no hay mercado ni dinero y los recursos brotan de los árboles, el suelo y los mares. Como si esto fuera poco, todo pareciera indicar que viven en una temperatura primaveral, todos los días del año –que no sabemos cuántos son-. Las chozas parecen absolutamente confortables, lo mismo que el pasto que caminan sin calzado. Se trata de un paraíso sin ninguna escasez, mezclado con el mito del buen salvaje. Esto hasta permite idealizar aún más en las mentes progresistas los procesos de los pueblos originarios que lidiaron con los conquistadores.

Como era de esperar, los habitantes de la utopía con la que empatiza el público desprevenido tienen que lidiar con seres humanos que llegan para destruir y lastimar en pos de la codicia. En esta segunda parte, los invasores cazan salvajemente a una especie de adorables enormes ballenas inteligentes, para extraerles un codiciado fluido por el que se pagan millones de dólares en la Tierra. Es decir, el dinero irrumpe como el corruptor que parece ser el padre de todos los males.

Resumiendo, de un lado está la paz, la armonía y la abundancia imaginaria y del otro la codicia y la destrucción del mundo “capitalista” conocido. Lo cierto es que, el dinero denostado (que no es más que una herramienta), se creó para facilitar los intercambios, justamente porque la utopía de Pandora y Avatar no existe. Cuando la humanidad salía de las cavernas, las cosas se arreglaban a los garrotazos violentamente. El intercambio pacífico y luego el mal llamado “vil metal” fueron herramientas de paz y civilización extraordinarias, pero nadie en la sala del cine parecía dispuesto a esos debates, ni siquiera a hacer relación alguna.

Mediante la tecnología y los asombrosos efectos especiales, la película transmite en su extensa duración la bondad utópica versus las miserias que se conocen del plano real. Aunque parezca increíble, el populismo político saca ventaja en todo el mundo de todas estas falsas dicotomías que subyacen en las mentes de un electorado fuertemente adoctrinado en diversos ámbitos.

Lamentablemente, en muchos países del mundo seguimos pagando muy caro volcarnos por las opciones que se muestran como ideales, que cuestionan las miserias existentes de la realidad. Esta búsqueda infantil de la utopía, lo único que logró es profundizar y agudizar todos los problemas.


1Nació en Buenos Aires en 1981, estudió periodismo en Taller Escuela Agencia y realizó la maestría de Ciencias Políticas y Economía en Eseade. Es columnista de opinión invitado de Perfil, Infobae y músico.

*Este artículo fue publicado en panampost.com el 27 de febrero de 2023

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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