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Las 8 claves de Bitcoin

Gamal Serhan Jaldin

Experto en Gestión de Servicios Públicos, Políticas Públicas y Transformación Digital

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La crisis de confianza en los Estados, sus instituciones y sus gobiernos, sumado a que los estados han ido implementado más medidas que violan nuestra privacidad y establecen medidas de política monetaria que minan los ingresos y el patrimonio de los ciudadanos, han creado las condiciones para el surgimiento de Bitcoin en particular y las criptomonedas en general.

Bitcoin surge de las manos de Satoshi Nakamoto; quien ha permanecido anónimo, como respuesta a la crisis financiera global de 2008 que se desató debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos que estallo en octubre de 2007 y la intervención del Estado para salvar a las compañías en detrimento de los ahorros de las personas.

Bitcoin es una moneda como el dólar, el euro o el boliviano, solo que es digital y NO esta emitido por ningún gobierno o su Banco Central y por ende controlado tampoco, permitiendo realizar transacciones peer to peer (P2P, por sus siglas en inglés), es decir, sin la necesidad de un tercero que garantice la validez de la transacción.

Su funcionamiento se basa en la tecnología Blockchain (cadena de bloques), que permite almacenar una base de datos de todas las operaciones en la red de manera descentralizada casi imposible de hackear o falsificar, pues todos los miembros de la red tienen acceso a una especie de libro contable electrónico donde se registran cada una de estas operaciones.

El valor del Bitcoin, al no estar respaldado por ningún gobierno, lo determina el mercado abierto y la confianza de las personas que la utilizan como medio de intercambio. 

Todas las transacciones con Bitcoin pueden ser rastreadas, eliminando el anonimato, aunque permitiendo el uso de pseudónimos. Aunque se ha creado una especie de mito sobre el anonimato de su uso, en realidad es bastante difícil permanecer anónimo cuando uno realiza transacciones con Bitcoin.

Ahora sí, los usuarios de Bitcoin disfrutan de un nivel de privacidad mayor que los usuarios de servicios tradicionales de intercambio financiero, donde uno tiene que proporcionar información detallada personal a los intermediarios financieros y a los entes regulatorios gubernamentales y supragubernamentales, con el pretexto (valido o nó) de luchar contra el lavado de dinero o la legitimación de ganancias ilícitas.

El Bitcoin no pretende reemplazar a las monedas tradicionales, sino constituirse en una alternativa al sistema de pagos, que elimine la vulnerabilidad de las monedas tradicionales a las políticas monetarias de cada país, y disminuya sustancialmente los costos de transacción y la velocidad de estas. 

Otro “problema” que se ha identificado de su uso, es la dependencia del internet y el consumo de electricidad; sobre todo de los “mineros” que participan en la red. La verdad es que el mundo depende del internet y la electricidad. Cuantas veces nos hemos encontrado limitados porque “se cayo el sistema” para realizar desde una transacción pequeña o un trámite vital. Y si bien hay una demanda adicional de energía por parte de los mineros del Bitcoin, estos buscan países o regiones donde el costo de la energía haga rentable su operación, pero el mundo mismo esta buscando cada vez fuentes de energía más limpias y eficientes, así que no parece ser un problema en sí.

La posibilidad de un “fraude” y no tener a quien recurrir para su reclamo, ha hecho que algunos países pretendan regular su funcionamiento a través de regulaciones y en algunos casos imponiendo impuestos, pero debido a lo innovador de su funcionamiento ha sido difícil prever un marco legal y regulatorio.

Existen una docena de países en el mundo, que prohíben explícitamente el comercio con Bitcoin y otras criptomonedas, por tener economías controladoras de capital y de naturaleza centralizada. En el caso de Bolivia, el Banco Central emitió la Resolución de Directorio 144/2020 en la cual prohíbe a las entidades financieras procesar o vincular los instrumentos electrónicos de pago a operaciones de compra-venta de criptoactivos, a diferencia de países como El Salvador que adoptó el Bitcoin como moneda de curso legal.

Lo cierto es que el Bitcoin y las criptomonedas son una realidad, y han planteado la disputa entre libertad y control estatal sobre nuestros activos. ¿El verdadero valor del dinero ha regresado al soberano?

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Gamal Serhan Jaldin

Experto en Gestión de Servicios Públicos, Políticas Públicas y Transformación Digital

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