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Las derechas y el fascismo

Marco A. Del Río

Economista

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En 2006 Francis Fukuyama publicó su libro América en la Encrucijada. En este libro, Fukuyama que se autoidentifica ideológicamente como neoconservador, marca su ruptura con la política exterior de George W. Busch. Sin embargo, el libro tiene un carácter de denuncia pues describe como dentro del propio movimiento neoconservador muchos de sus miembros apoyaban, de forma obsecuente, la política exterior de Busch, con claras señales de fanatismo e incapacidad para ver la realidad.

Por otra parte, el año pasado, Anne Applebaum, periodista e historiadora que explicitamente se identifica como intelectual de derechas, publico su libro El Ocaso de la Democracia. La seducción del autoritarismo. En este libro, Applebaum denuncia el surgimiento, en el curso del siglo XXI, de corrientes políticas de extrema derecha, que en algunos casos se podría llamar de neofascistas. Dos ejemplos de ello serían el partido Ley y Justicia, en Polonia, y de Fidesz, el partido de Viktor Orbán, que gobierna Hungría desde hace más de diez años. También sería el caso de VOX en España, según Applebaum.

Estos dos libros tienen en común que sus autores, que auto identifican como intelectuales de derecha, denuncian a personas que también son de derecha, por la radicalización de sus posturas, sin dejar de serlo.

He anotado estos dos ejemplos para ilustrar que la vieja costumbre de la izquierda de etiquetar como “fascista” a toda la derecha es una muestra de pereza intelectual. Tenemos que ser conscientes que tanta en la derecha como en la izquierda se tiene una diversidad de posiciones. Asi, en la “izquierda” tenemos desde la socialdemocracia hasta el socialismo revolucionario, pero incluso en éste no son los mismo el troskismo, el stalinismo o el maoísmo. De forma semejante, en la “derecha” se suele incluir a los liberales clásicos, los conservadores, los neoconservadores, los fascistas, y habrá quien hable de los neoliberales. Esto en el plano de las ideas. En términos de regímenes, no esta de más señalar que pueden haber dictaduras o regímenes autoritarios tanto de derecha como de izquierda.

Por ejemplo, seria una muestra de anacronismo histórico afirmar que “el gobierno de Melgarejo fue fascista”, pues en el siglo XIX aun no existía el fascismo ni como ideología ni como régimen. Pero, me parece que también es un exceso sostener que los gobiernos de Barrientos, Banzer o García Mesa lo hayan sido. Cabe recordar que los siete años de gobierno del Gral. Banzer en los años setenta fue considerado un gobierno fascista por don Pablo Ramos Sánchez en su libro de 1980 Siete años de Economía Boliviana. Que los gobiernos de Banzer y García Mesa fueron dictaduras militares es obvio; que fueran dictaduras de derecha parece una idea razonable, pero para calificarlas de dictaduras fascistas habría que ver si poseyeron las principales características de un régimen fascista, esto es tener profundas semejanzas con los regímenes de Mussolini o Hitler. Y para empezar, por ejemplo, García Mesa no me parece que se pueda considerar un líder carismático. Una cincuentena de funcionarios públicos gritando “quédese General” en la plaza Murillo, no son evidencia del carisma político.

Umberto Eco proporciono un interesante listado de catorce puntos para definir o identificar a un partido político o a una ideología fascista. No es este lugar para tal enumeración, pero grosso modo se puede señalar que el fascismo como ideología y práctica política tiene dos características fundamentales: uno, un nacionalismo exacerbado que lleva al desprecio por otras nacionalidades, y que fácilmente puede derivar hacia el racismo; dos, el rechazo total de la democracia liberal y del Estado de Derecho. Esto se suele expresar en el desprecio a las formas de la democracia liberal y representativa, el desprecio por el “parlamentarismo”, y en el desplazamiento de la representación política formal por una representación carismática, donde se cree que la voluntad del “pueblo” se expresa por la boca y acción de un líder carismático y mesiánico. Instalado en el poder, el fascismo deriva rápidamente a la destrucción de la democracia representativa, y a la persecución de toda forma de disidencia y oposición política. Finalmente, dado que la vida del individuo sólo tiene valor en la medida en que es útil a la sociedad, los derechos y libertades individuales pierden sus garantías, y se desmorona la idea del Estado de Derecho. La violencia del Estado se instala en la sociedad, y a la violencia interna se suma el militarismo y la glorificación de la guerra.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Marco A. Del Río

Economista

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