OpiniónEconomía

Lecciones de una crisis del pasado

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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El 26 de diciembre de 2010 el Gobierno subió los precios de los combustibles debido a los problemas del contrabando y el costo fiscal del subsidio.

En principio, la gente se asustó y empezó no solo a comprar gasolina y diésel, sino también comida. Y de repente circuló el rumor de que el tipo de cambio iba a bajar. Por extraño que parezca, la gente fue al banco a sacar sus bolivianos y comprar dólares. Haciendo una analogía, es incomprensible que la gente compre más autos cuando suponen que su precio va a bajar; debía ser al revés.

Gracias a ese susto, los teléfonos de quienes estábamos en el Banco Central no paraban de sonar y la respuesta fue unísona: “No pasa nada”.

En esas semanas, las reservas internacionales cayeron $us 150 millones y los depósitos bancarios $us 270. Las reservas volvieron rápidamente a su nivel previo, mientras que las captaciones de los bancos tardaron algo más en volver.

Viendo en perspectiva esa crisis, pude extraer algunas lecciones.

La primera es que se debe tomar en cuenta lo operativo.
Varias personas piensan que el Banco Central siempre tiene en sus bóvedas oro y dólares, algo que no es real. El oro lo tiene desde fines del siglo pasado invertido en buenas opciones y lugares seguros en el extranjero; y las divisas que tiene están usualmente en el exterior en inversiones de corto plazo, tal como debe ser. Por tanto, hay que tomar en cuenta que traer divisas desde el exterior requiere más de un día por la operativa que implica.

Esta precaución también se aplica a personas, empresas y todo tipo de instituciones.

La segunda es el poder de los rumores.

Ese año no existía ningún fundamento para que la gente se asuste respecto al tipo de cambio. Pero se activó la “rumorología” respectiva y una parte de la gente sacó sin sentido su dinero desde los bancos e incurrió en costos de ida y vuelta (ITF, comisiones, etc.).

Toda la economía conductual del caso se activó: i) cascadas informacionales (“si todos lo dicen seguramente es por algo”); ii) cascadas de conformidad (“prefiero no disentir y seguir la corriente”); iii) sesgo de cognición (“escuchar si es que eso apoya mis ideas); y, iv) alta polarización.

Un corolario es que las expectativas de la población deben manejarse con pinzas para evitar sucesos que no habrían ocurrido si es que los rumores no habrían circulado o “profecías autocumplidas”.

No obstante, eso genera un importante dilema en quienes estamos en la opinión pública. Compartir un análisis puede generar un efecto colateral adverso en caso de que sea falso, pero no hacerlo también implica ir en contra de lo correcto en caso de que sea verdadero.

Sea como fuere, estoy a favor de la libre expresión dentro del marco de la responsabilidad. Eso también aplica para las autoridades y líderes políticos porque deben marcar las señales y tomar acciones en función del país, no solo de intereses particulares.

La tercera es que es mejor lo correcto que lo popular.
A mi entender, la medida tenía el sustento técnico, pero no era políticamente viable tal como fue planteado. Se podría haber hecho una reforma que no afecte a toda la población y cuide los intereses de los pobres. Hoy con el sistema “B- Sisa” creo que es posible tener esa focalización para nivelar los precios.

La reversión de la medida el 31 de diciembre de ese año fue un error porque los precios de varios bienes y servicios aumentaron de todas formas y la inflación subió un punto porcentual por encima del mes previo. También fue incorrecta porque hoy el subsidio de los combustibles se ha convertido en una pesada carga fiscal (en torno a 4% del PIB) y en un drenaje de divisas, en especial en 2022 ($us 4 mil millones).

Estos días hemos tenido cierta inquietud al respecto. Creo que es hora de tomar medidas contundentes de corto plazo (vender o alquilar el oro) como de largo alcance (promover exportaciones e inversión extranjera; focalizar el subsidio de los combustibles y considerar un nuevo régimen cambiario).

Buenos mensajes junto con medidas contundentes.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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