OpiniónPolítica

Lo poco asusta, lo mucho amansa

Carlos Hugo Molina

Abogado con especialidad en Derecho Constitucional y Administrativo por la UNAM

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Las abuelas, en su sabiduría, tenían sentencias concluyentes que acompañaban cada circunstancia. El título de esta nota es propicio para lo que estamos viviendo esta última semana. De repente, es como si se hubieran abierto las puertas de lo imprevisto y el volumen de las noticias vomitivas excede nuestra capacidad de procesamiento, con los riesgos que ello conlleva.

​No se trata solamente por las noticias del ámbito gubernamental y las incertidumbres que genera el futuro de la política. El último conflicto de 52 días que empezó con un pedido desproporcionado e imposible de lograr en ese momento, la renuncia del presidente Rodrigo Paz, está siendo reposicionado y haríamos bien en reconocerlo.

Dejo claro que soy de quienes creen que no hay plan B y que el gobierno constitucional debe concluir el 8 de noviembre del 2030, debiendo hacerse todo lo que corresponda a la inteligencia democrática para que ello ocurra, mientras miro al presidente Paz.

​Reconociendo la dificultad que ello significa, se suman dos circunstancias en el campo de la sociedad que tienen el mismo volumen de conflictividad. A la normalización de la violencia, la informalidad y la ilegalidad que acompaña un atentado producido por sicarios, y el turbión de noticias que nos paraliza por la incontinencia verbal de la víctima/cómplice, hay que sumarle la liviandad inadmisible que acompaña la tolerancia, aceptación y encumbramiento social de una persona, simpática y sonriente, procesada por relaciones con el narcotráfico que de repente brilla gracias a las luces de las marquesinas.

​Por el volumen y seriedad de las situaciones, la violencia y la complacencia tolerante dejan de ser circunstancias anecdóticas.

​Los principios básicos de una sociedad, el tótem y el tabú, el Dios y la ley, no tendrían necesidad de ser demandados excepcionalmente, pues como sociedad tendríamos que haber reaccionado de inmediato en defensa de nosotros mismos poniendo límites radicales.

Respetando la presunción de inocencia y el debido proceso, existen condiciones de salvaguarda que la sociedad debe imponer si el sujeto activo no tiene la capacidad de discernir sobre el daño que está produciendo.

La censura social, la discriminación responsable de los medios de comunicación y una sana crítica de la opinión pública son instrumentos inmediatos que dejarán a los procedimientos legales, más lentos y no siempre eficaces, para que actúen. ¿Es mucho pedir a los que administran micrófonos, páginas y redes que controlen la inconsistencia de sus propios valores y no abran el camino a la apología del delito?

​Vuelvo a la política. El actual gobierno es el resultado complejo de una matemática electoral basado en la improvisación coyuntural, la ausencia de propuestas programáticas y la desaparición de los marcos de organización y disciplina que ofrecen los partidos políticos. Había un resultado indiscutible y era la radical derrota electoral del MAS y la victoria de una representación parlamentaria mayor a 2/3 que se decía contraria a Evo

Morales. ¿No será el momento de analizar lo recorrido antes que el destino nos alcance?

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Carlos Hugo Molina

Abogado con especialidad en Derecho Constitucional y Administrativo por la UNAM

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