Opinión

Marcelo Ebrard, el ganador de la Cumbre

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No fue el presidente anfitrión de la Cumbre, tampoco los tres mandatarios conservadores de Latinoamérica que cuestionaron las tiranías populistas del Caribe, y menos el gobernante bravucón que llegó sorpresivamente a México para desafiar a sus pares a debatir cuando y donde quieran. No fue ninguno de ellos.

Marcelo Ebrard, canciller mexicano y conductor de la Secretaría Pro Témpore de la Celac, fue quien proyectó su imagen por encima de una treintena de presidentes de la región, organizando un foro al más alto nivel que reunió a 33 países después de cuatro años y sin la tutela de Estados Unidos y Canadá.

Como el discurso antimperialista ya no impacta en las nuevas generaciones latinoamericanas y caribeñas, como ocurrió en la segunda mitad del siglo pasado, eligió un antagonista a quien se le pudiera encasillar como el gran obstáculo para que la región hable de igual a igual con otros bloques de naciones del mundo.

Ebrard repitió que la Cumbre de la Celac sería “el adiós a la OEA”, y utilizó la polémica figura de Luis Almagro para dividir al bloque regional y reinar el día en que presidentes, primeros ministros y representantes estén sentados en el mismo salón, presencialmente, para atestiguar su liderazgo continental.

Colocó la fresa en la torta al finalizar la Cumbre mostrando dos videos cuyos protagonistas reconocieron implícitamente el valor que tiene ahora la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en el concierto planetario. El primer video fue del presidente de China Xi Jinping y el segundo del secretario de Organización de Naciones Unidas, António Guterres.

Atendió la preocupación de la corriente populista de nuestros países con la declaración oficial que exige el levantamiento del bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba, pero dejó claro que en la próxima reunión del G20 México y Argentina, integrantes del club de las grandes potencias, llevarán la voz de la Celac sobre el Cambio Climático, la reactivación económica mundial y la superación de la pandemia en condiciones homogéneas, entre otros temas globales.

Ebrard llegó a La Paz en julio de 2009, cuando celebró el Bicentenario del grito liberador de 1809, y le dijo al alcalde paceño de entonces Juan Del Granado que los paceños pusieron una vara muy alta a las otras ciudades latinoamericanas que cumplirían 200 años de liberación de la colonia española en tiempos posteriores.

En 2010, Ciudad de México superó la vara impuesta por La Paz en la celebración del Bicentenario y fue nombrado como el mejor alcalde del mundo en una encuesta realizada por la fundación londinense City Mayors. Ebrard mostró en La Paz su proyección política y ahora, sin duda, es el canciller con más peso específico en la región.

Andrés Manuel López Obrador, a quien le resultará casi imposible modificar la Constitución mexicana para impulsar un proceso de reelección, tendrá que ir pensando quien será su delfín al terminar su sexenio. Una clara opción es Ebrard, aunque también aparece como alternativa la jefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.

Morena, el partido de AMLO, elegirá a su postulante en un sistema de encuestas en todo el país y lo que ha hecho el Canciller en este tiempo es consolidar su imagen a nivel de todo su país. El actual jefe de las relaciones exteriores de México ha sembrado desde hace años y su siembra mayor ha sido la cumbre de la Celac. Queda claro que Marcelo Ebrard buscará cosechar en las elecciones presidenciales de 2024.


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