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Pacientes oncológicos en Bolivia, la realidad de luchar contra la enfermedad y un sistema de salud burocrático

Nicolle Jessica Arce Monje

Médico cirujano

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Las estadísticas han mostrado un aumento drástico de diferentes tipos de cáncer a nivel nacional, lamentablemente en la lucha que deben afrontar los pacientes, los acompaña la indiferencia de un país, que abandonó en gran medida el interés a dicha área.

El cáncer en Bolivia, se ha convertido en sinónimo de mortalidad, a diferencia de otros países que tienen mayor porcentaje de resolución por mayor accesibilidad a diagnósticos tempranos. La suma de falencias no trabajadas a pesar de la insistencia de familiares, organizaciones y fundaciones que apoyan a los centros oncológicos, obliga a muchos de los pacientes a buscar un tratamiento en el exterior o por otro lado, optan con menor esperanza por realizar el tratamiento en el territorio nacional. Es una triste realidad ver a estas personas ingresando ya resignadas desde la primera consulta y escuchar que sus primeras preguntas no sean referente a su salud, sino al gasto que van a realizar para iniciar la conducta indicada.

Convirtiendo el problema en números, a nivel nacional, para alrededor de 11 millones de habitantes, de los 9 departamentos en el país, solo 4 cuentan con centros oncológicos (Santa Cruz, La Paz, Cochabamba y Sucre) lamentablemente el Hospital Oncológico de Tarija, continua siendo un sueño para los pacientes, ya que es una infraestructura iniciada en el año 2016, con avance de apenas el 60% hasta este año, por las reiteradas paralizaciones que se presentaron. El centro de atención más moderno es el de la ciudad de Santa Cruz, este hospital atiende diariamente 150 consultas externas y las salas de espera están cotidianamente llenas, según los profesionales temen el colapso de los equipos que trabajan a tope por los convenios con el resto de los departamentos. En un foro denominado: ¨Una nueva mirada al cáncer¨ se dio a conocer datos alarmantes, como los casos de pacientes del Hospital de Clínicas de La Paz, que esperan hasta 8 meses para iniciar su ciclo de tratamiento debido a la falta de equipos y profesionales. Para una enfermedad que exige intervención y conducta a corto plazo, decirle a una persona que espere esa cantidad de tiempo, es un acto inhumano.

Recién culminado el mes en el que recordamos el día del niño, es importante mencionar su situación también, existen 3 centros con atención de oncología infantil en todo el país, (Santa Cruz, Cochabamba y La Paz) contando con 10 especialistas para atenderlos, considerando que anualmente aparecen alrededor de 300 niños con cáncer en Bolivia. ¿Realmente contamos con la cantidad de personal adecuada? Al ser una enfermedad sumamente cara se estima que tratar a un niño con cáncer cuesta 1,8 millones de bolivianos durante cinco años, es por ello que el 71 por ciento abandona el tratamiento; como resultado, tenemos la tasa de mortalidad más alta de la región, seguida de países como Perú y Guatemala, que a pesar de ocupar los siguientes puestos, su tasa de abandono es de 5-18%, una gran diferencia en comparación a nuestro país.

El Estado no cubre algunos exámenes importantes, en caso de hacerlo la burocracia toma el primer lugar, alejando las conductas a tomar, en una enfermedad donde cada minuto cuenta; la resonancia magnética, con un costo de 2mil a 6 mil bolivianos; la transfusión de sangre, que asciende a 800bs bolivianos si se realiza más de 3-4 unidades, diferentes laboratorios, intervención con radioterapia o cualquier otro tratamiento alternativo, el gasto puede llegar a alrededor de los 8 mil bolivianos. Por otro lado, si se pretende buscar el tratamiento cubierto por el seguro, los bolivianos cuentan apenas con 7 equipos para el tratamiento contra el cáncer, los cuales 3 tienen una tecnología de hace más de 50 años y son utilizados en el sistema público. Recientemente, El Deber dio a conocer que la Agencia Boliviana de Energía Nuclear (ABEN) envió dos aceleradores lineales de última tecnología al Centro de Medicina Nuclear y Radioterapia (CMNyR) de Santa Cruz que se prevé inaugurar en septiembre del presente año.

Hay un artículo muy importante a evaluar del Doctor Fernando Patiño, en el que habla de las contraindicaciones de la Ley del cáncer, aprobada el 2019, han pasado casi 3 años y el avance es prácticamente nulo. Dicha ley manda a brindar atención integral, oportuna y gratuita con énfasis en la prevención y detección precoz de la enfermedad, junto con la creación de un Registro Nacional de Cáncer, algo que debería existir sin necesidad de una ley. Tanto el registro como el énfasis en prevención no se llevaron a cabo; aquí vuelvo a mencionar la importancia de la implementación adecuada en los centros de salud de primer nivel, que son los lugares donde se recibe a los pacientes en sus primeras consultas, es importante priorizar y trabajar en la puerta de entrada de atención, ya que hay pacientes que vienen en estado grave desde el área rural, a quienes luego de  estabilizarlos, regresan a un lugar donde no hay alcantarillado, no hay energía, vuelven a la precariedad de sus recursos y la enfermedad toma en cuenta todo eso, causando mayor deterioro y recaída, estos factores imposibilitan un mejor cuidado fuera o incluso dentro de un hospital, por lo cual la gran mayoría de los casos llegan al fallecimiento, pese a que se hacen todos los esfuerzos posibles.

La Constitución Política del Estado, en su artículo 15.1, establece que toda persona tiene derecho a la vida, a la integridad física, psicológica y sexual. Menciona que nadie será, torturado, ni sufrirá tratos crueles, inhumanos, degradantes o humillantes, pero, muchos bolivianos son privados de un trato digno a lo largo de su enfermedad o en sus últimos años de vida.

Con un verdadero enfoque preventivo, un ejemplo, los casos de cáncer de cuello uterino estarían descendiendo en lugar de presentar el ascenso abismal que se ha visto estos últimos años una verdadera estrategia preventiva, incluiría educación sexual e implementación de la vacuna contra el virus del papiloma humano, explicando la importancia del mismo y las cepas que cubre, dando énfasis sobre las cepas cancerígenas. Crear una educación preventiva, nos ayudaría en la reducción de recursos en los casos actuales, por la disminución de la incidencia de los mismos, por ende estos recursos podrían utilizarse para cubrir los otros tipos de cáncer de menos incidencia pero que no dejan de ser una preocupación para muchas familias. Es importante entender este tema de manera integral, buscando un plan que implique salud, nutrición, educación y vivienda, el trabajo no es solo dentro del hospital, sino afuera del mismo, con los recursos necesarios para una atención y acompañamiento digno a estas personas.


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Nicolle Jessica Arce Monje

Médico cirujano

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