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Pan para hoy, hambre para mañana…

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Hace poco leí una interesante nota titulada “La dictadura del PIB: 4 razones por las que el crecimiento económico de un país no es sinónimo de éxito” (Cecilia Barría, BBC News Mundo, 31.01.2023), sentencia con la que todos los economistas deberíamos estar de acuerdo, siendo que una medida cuantitativa nunca superará a otra de carácter cualitativo, a la hora de valorar el progreso humano en cuanto a la mejora de la calidad de vida y el bienestar de las personas.

Con relación al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), conviene reiterar algo que nunca me cansaré de repetir -no hay peor mentira que un promedio- como lo he demostrado tantas veces con ejemplos (“con chuis”, como dirían los paceños); un promedio no refleja lo que pasa con la mayoría de la gente en cuanto a tenencia de dinero, posesión de bienes o acceso a servicios.

Es cierto que para comparar la situación económica de un país con otros el indicador más utilizado es el portento del PIB y su tasa de expansión, lo que no necesariamente significa que toda la población esté mejor que antes, cuando sube, o que esté peor, cuando baja; en realidad, dependerá no solo de que la producción de bienes y servicios aumente cuantitativamente comparada a una gestión anterior, sino, de que haya una mejor distribución del ingreso, un mayor acceso a la educación y a la salud, a los servicios básicos como agua potable y energía eléctrica; asimismo, que la esperanza de vida haya subido y, algo muy importante ahora que se escucha hablar tanto de “dignidad”: que haya empleos decentes, de tal forma que los ingresos dependan del esfuerzo remunerado, normalmente, del Jefe de Hogar.

Hago este prólogo para poner “paños fríos” a las comparaciones que siempre resultan odiosas, especialmente cuando se las hace indebidamente contra un año que tuvo un mal resultado o contra una gestión cuando las condiciones objetivas para el desarrollo eran muy distintas. Sobre el particular, recuerdo que el expresidente del Banco Central de Bolivia, Lic. Armando Méndez Morales, siempre recomendaba no comparar peras con manzanas, como picarescamente se suele hacer, p. ej., cada vez que se quiere destacar el mayor crecimiento actual comparándolo al resultado del año de la pandemia del COVID, como si se tratara de una gestión normal, un error tan craso como el comparar la situación actual contra el mejor año de la bonanza del macrociclo de precios altos vividos hasta hace 10 años atrás.

Dicho esto, veamos cómo es que el artículo de BBC News Mundo abordó didácticamente el tema. En primer lugar, dijo que “el problema no es el PIB en sí mismo (…) sino el poder supremo que se le ha dado para reflejar el éxito o el fracaso de un país”, de ahí que se deba poner fin a “la dictadura del PIB” o, como dice el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, al “fetichismo del PIB” (sic), argumentando que, pese a haber “más trabajo, mejores ingresos y más riqueza, las desigualdades entre las élites y el resto de la población se han hecho más profundas en las últimas décadas”. A continuación, una paráfrasis de los 4 mitos enunciados por BBC News Mundo:

Mito 1: “Las economías con el PIB más alto son mejores que el resto”: Las economías más ricas suelen crecer menos que las demás porque están en otra fase de desarrollo y no porque les vaya mal. Este año Venezuela será el país con el mayor crecimiento de América Latina, con 6,5%, según el FMI. ¿Es realmente Venezuela la más exitosa economía de Latinoamérica por el aumento de su PIB?

Mito 2: “El PIB solo mide actividades legales”. Lamentablemente, el PIB no distingue las actividades legales de las ilícitas. Así, el tráfico de drogas, de armas o de personas, impacta en el crecimiento económico. Las organizaciones criminales generan empleos, aumentan el consumo, crean grandes cadenas de producción, distribución y venta que directa o indirectamente aportan al PIB.

Mito 3: “El aumento del PIB es sinónimo de un mayor bienestar para toda la población”. La expansión del PIB no es sinónimo de bienestar, desarrollo o éxito. Para ello está el Índice de Gini para ver la distribución del ingreso y el Índice de Desarrollo Humano que mide la esperanza de vida, alfabetización, educación, etc., mientras que el PIB per cápita es apenas un promedio que no dice mucho.

Mito 4: “El aumento del PIB no tiene efectos negativos”. El PIB habla de los autos construidos pero no de sus emisiones y su negativo impacto sobre el medio ambiente y la salud; así, un país con un alto crecimiento puede estar hipotecando su futuro. Frente a ello, la CEPAL plantea la idea de un crecimiento sostenible e inclusivo, apuntando a contrarrestar los efectos negativos “colaterales” del desarrollismo.

¿Importantes aportes sobre el PIB, verdad? Como colofón, cabría acotar la paradoja que se da en países que muestran un crecimiento de su PIB, pero deformado por la informalidad, la subocupación y un asistencialismo estatal que en verdad estruja el alma, sabiendo que esto puede significar “pan para hoy, hambre para mañana”.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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