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Sobre mestizos y mulas

Jorge Kafka

Politólogo

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Hace algunas semanas el diputado de Comunidad Ciudadana (CC) José Manuel Ormachea planteó incluir la casilla de identificación “mestizo” en la boleta censal, considerando que según el censo de 2012 el 58% de la población dijo no pertenecer a algún pueblo indígena. Frente a dicha propuesta, el exvicemininistro de descolonización, Félix Cárdenas, señaló que “…mestizo es como cuando cruza un caballo con un burro. No sale ni burro ni caballo, sale mula. Es igual mestizo es sinónimo de mula (sic)”.

Esta analogía de cariz despectivo, a pesar de su carga emocional, no aclara porque se asocia al mestizo con una mula, animal híbrido caracterizado por ser estéril. Más aún, en el diccionario español se dice mula a una persona de corto entendimiento y muy tozuda. Si este fuera el caso, tratando de entender al exviceministro, se podría interpretar que el “mestizo” sería una persona estéril, de corto entendimiento y muy tozuda. 

Otra forma de ver el simbolismo de la “mula” se encuentra en la Biblia, pues ahí se describe que el buey y la mula participan del nacimiento de Jesús en un pobre pesebre. Para la tradición judeo-cristiana ambos animales se crían en granjas, son amaestrados y muy dóciles, trabajadores y esforzados, situación que lleva a considerarlos como a los “mansos”, a los humildes, quienes heredarán la tierra. 

Como si fuera poco, estos dos animales, como símbolos primitivos, serían también los emblemas de las antiguas sociedades, que finalmente se unen. Por un lado, el buey representaría a los pueblos sedentarios y agrícolas; mientras que la mula sería la expresión de los ganaderos y nómadas. Su encuentro expresa, por tanto, la unidad entre diferentes formas de vida.

La declaración del exviceministro si bien no se identifica con esta última interpretación, nos muestra la preocupación del bloque indigenista del Movimiento Al Socialismo, por decir lo menos, de que se estructure a partir de “lo mestizo”, un nuevo eje conceptual que articule la identidad nacional de lo boliviano, en sustitución del eje indígena originario campesino.

La negación de la identidad mestiza se arrastra desde la gestión presidencial de Evo Morales, quien rechazó, en igual forma que en la actualidad, la incorporación del concepto mestizo en la boleta censal. Con ello se evidencia una suerte de institucionalización en el Estado Plurinacional del desconocimiento de una parte de la población boliviana que no se identifica como indígena.

Este dato no es de menor importancia pues más de la mitad de la población boliviana no se reconoce como indígena y se le niega la posibilidad de ser incluida en el seno del Estado. Empero, lo que encubre esta decisión política no es solo un problema identitario, sino la posibilidad de interpelar al Estado Plurinacional y desmoronar su fundamento de legitimación asentado en la imagen colectiva del sujeto indígena.

El riesgo de reconocer un Estado Plurinacional sin soporte mayoritario indígena debilitaría, por tanto, aún más la narrativa del liderazgo indígena y abriría el camino a un nuevo proyecto político de poder, asentado en un sujeto histórico fundacional que tiene el potencial de reorganizar la sociedad y el Estado a partir de la unidad.

El mestizo, por tanto, es un principio identitario de nuevo tipo, portador de una visión más amplia que la constreñida mirada indígena. El mestizo no resulta de una composición entre lo blanco y lo indígena, sino que, es una nueva realidad hecha de mundos diferentes: no es la combinación de diferentes culturas, sino que es el fruto de esas culturas expresadas al mismo tiempo. Eso le hace único en estos tiempos: es el nacimiento del mestizo cultural.

Este sujeto no reconocido es expresión de una concepción de “cultura abierta”, es decir, uno capaz de sentir una profunda empatía por los demás y de cuestionar sus propios supuestos, de conectarse de manera significativa con el mundo sin ensimismarse en su ombligo. El mestizo, por tanto, bien puede plantearse ser “bien mula”, es decir, humilde y expresión de unidad y esfuerzo.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Jorge Kafka

Politólogo

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