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Tomar los memes de producción

“Tomen la educación y la cultura, y el resto se dará por añadidura” - Antonio Gramsci

Adolfo Urquizo

Arquitecto / Leadership Associate en Students for Liberty

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En 1976 Richard Dawkins establece el término ‘meme’ para referirse a elementos de la cultura que tienen capacidad de reproducirse en la sociedad. Más específicamente, unidades de cultura con las características necesarias para su transmisión y reproducción entre individuos. Si bien él no se imaginaba siquiera que treinta años después su concepto tomaría formas tan autoevidentes, como la imagen de Piolín que manda una tía los lunes por la mañana, si tenía claro el valor de estos elementos para el desarrollo de la sociedad dado su potencial de transmitir información, que puede ser tanto beneficial como dañina para los miembros de la misma.

Esta concepción de la memética y el carácter evolutivo de las ideas cobra una enorme relevancia con el surgimiento del internet y sus plataformas abiertas durante los últimos 20 años. Si bien el concepto de ‘meme’ de Dawkins es aplicable a toda la historia de la humanidad en la que ha habido transmisión de información (cultura), su potencial se dispara al llegar la era de la hiperconectividad y las comunicaciones instantáneas. Las ideas ahora pueden transmitirse y evolucionar a velocidades nunca antes vistas. Se viralizan. 

Sin embargo, la fortaleza contemporánea de las ideas o elementos culturales no es sólo la de hacer a un gato famoso por un video, si no la de transformar la percepción que tienen del mundo los individuos en una sociedad, y hacerlo a la velocidad del internet. Uno de los primeros momentos en los que esto cobró notoriedad política fue durante el final de los 2010’ con el surgimiento de la idea de Donald Trump como presidente de los EEUU en el foro abierto 4chan. Su desarrollo durante la década posterior probaría la trascendencia de un sitio web aparentemente irrelevante, con su llegada a la casa blanca y la conformación de sus grupos de seguidores más adeptos, hasta el punto de ser el origen de las protestas e ingreso al capitolio de EEUU el 6 de enero pasado.

El potencial de estas plataformas para la dispersión y establecimiento de ciertas ideas políticas no es más que la herramienta perfecta para los seguidores de la teoría Gramsciana, que buscan el control de las masas a través de la educación y la cultura. Lo que en otras épocas requeriría un aparato estatal gigantesco de propaganda y adoctrinamiento, hoy está al alcance del control de estas ‘plazas abiertas’ de comunicación digital. La censura es el nuevo camino a la servidumbre. 

Twitter, al día de hoy, es el nuevo campo de experimentación memética. Es el foro donde la información a nivel mundial se disemina y establece, gracias a su audiencia cargada de periodistas, formadores de opinión y de élites políticas y académicas. Controlar Twitter es controlar la opinión pública. Este control es el verdadero valor al que se refiere Alwaleed bin Talal cuando rechaza venderle la plataforma a Elon Musk. Curiosamente, para los que les parece terrible que un magnate quiera hacerse dueño de la plataforma, bin Talal es príncipe de Arabia Saudita y es ya uno de los mayores acreedores de Twitter. Seguramente los saudíes tendrán las mejores intenciones para con la libertad de expresión y los derechos humanos.

Si bien controlar el tráfico de ideas puede parecer una tarea imposible en la actualidad, debemos entender que la dinámica de los sistemas complejos no se trata de panoramas estáticos controlables, si no de evolución permanente e impredecible. El tener la capacidad de interferir en esa evolución a través de censura y selección de actores es el valor que se explota hoy en día en las redes sociales.

Las plataformas digitales son demasiado importantes para ser reguladas por entidades opacas, ni siquiera cabe mencionar la intervención sombría del estado. Afortunadamente, las plataformas en sí mismas también evolucionan y hoy en día contamos con protocolos de información abierta, descentralizada y de código transparente que pueden ser la base nuestra siguiente ‘plaza pública’ digital. Queda aún por verse si será Musk o alguien más quien guiará la transición a un espacio de formación e intercambio de ideas lejos del alcance del autoritarismo. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo

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Adolfo Urquizo

Arquitecto / Leadership Associate en Students for Liberty

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