Ucrania, Venezuela, Brasil
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A diferencia de América Latina, donde Estados Unidos inició una necesaria política de “desalojo” de potencias extrarregionales autoritarias, la administración trumpista parece decidida a permitir que el despotismo ruso aumente su influencia sobre el Este europeo.
No pueden leerse de otra forma las presiones ejercidas sobre el gobierno de Zelensky, el verdadero héroe de Occidente, a quien se pretende obligar a entregar los últimos bastiones del Donbás que Putin no pudo conquistar a sangre y fuego. Mientras los halcones del ala reaganista del Partido Republicano exigen la aplicación de sanciones más duras contra el Kremlin, el presidente naranja parece más cómodo haciendo negocios con la oligarquía rusa, que estaría tomando de modelo.
Esto podría ser un error político de importancia, de cara a las elecciones legislativas de medio término que ya se acercan en los Estados Unidos, donde más del 60% del electorado expresa su apoyo a Ucrania frente al zarpazo de Moscú.
En Venezuela, la captura de Nicolás Maduro apuntó más al realineamiento de la dictadura que a la democratización, quizás buscando un co-gobierno de la “boliburguesía” (otra vez el modelo oligárquico ruso) y los negocios petroleros con empresarios elegidos a dedo por Trump.
Más allá de ese diseño meramente plutocrático, habrá que confiar en que el secretario de Estado sí tenga cierta ruta hacia la democratización. En todo caso, el audaz retorno de María Corina Machado a Venezuela, el domingo pasado, implica que ya no podrá ser dejada de lado en las negociaciones políticas, donde el régimen de “Los Rodríguez” (Delcy y su hermano Jorge, auténtico Maquiavelo del nuevo orden) procura postergar lo más posible los comicios presidenciales.
El panorama internacional se completa con el fracaso del bolsonarismo en Brasil, en gran medida por efecto del giro “hiperpopulista” dado por Lula en las últimas semanas, en las que multiplicó medidas demagógicas y prebendalistas, desde la reducción de la semana laboral hasta el pago anticipado y aumentado de la “Bolsa Familia”.
Se aduce también la extensión de la jornada de votación como factor clave, pero lo cierto es que fue pedida por ambos frentes electorales. Más importante puede ser, en el fondo, el error de haber sustituido a Tarcísio de Freitas, un moderado de centroderecha que pintaba para candidato presidencial, por Bolsonaro hijo. El clan se impuso sobre una visión republicana que podría haber llegado a un electorado más amplio.
Una cuarta presidencia de Lula tendrá dos grandes condicionantes: su minoría en el Congreso y un monitoreo internacional riguroso (Escudo de las Américas mediante) que alertará sobre cualquier tolerancia hacia el narcotráfico.
*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo



