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Ecos de Qananchiri en Argentina

Emilio Martinez

Escritor y analista político

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El peronismo perdió las recientes elecciones legislativas de Argentina por 8 puntos porcentuales a nivel nacional y se quedó sin quórum propio en el Senado por primera vez desde 1983. Sin embargo, festeja el haber perdido en su bastión histórico de la provincia de Buenos Aires por 1,3%, al punto que la candidata derrotada de esa fuerza, Victoria Tolosa Paz, alega que se trató de un empate y que “perdieron ganando”.

Estos tristes sofismas nos hacen recordar a otros, esgrimidos en Bolivia cuando el Movimiento Al Socialismo perdió el referéndum reeleccionista en febrero de 2016 y el entonces vicepresidente, Álvaro García Linera, dijo que el resultado fue un “empate técnico” (el NO obtuvo 51,3% y el SÍ 48,7%).

A Qananchiri (“el que ilumina” en aymara, su nombre de guerra en el terrorista EGTK) se lo vio recientemente junto al presidente Alberto Fernández en la presentación de un libro y el mandatario argentino señaló que sentía “sana envidia” de Evo Morales por semejante compañero.

El ex vice boliviano ha continuado radicando en Argentina tras el retorno de su partido al poder, dedicado a actividades académicas, quizás por la fuerte resistencia que genera su figura al interior del masismo. Pero a juzgar por los dichos de Tolosa Paz, sus ideas, o al menos sus particulares interpretaciones de la matemática electoral, parecen estar haciendo escuela en el país vecino.

García Linera fue, desde el Grupo Comuna y desde el gobierno, el principal exponente del marxismo étnico, suerte de versión latinoamericana de la teoría crítica de la raza que hoy infecta a muchas universidades estadounidenses. Y no sería extraño que su prédica desde ámbitos académicos argentinos tenga vasos comunicantes con la praxis cada vez más violenta del activismo mapuche.

Mientras tanto, en Bolivia, el relevo en el discurso indigenista radical parece estarlo tomando el actual vicepresidente, David Choquehuanca, quien hasta hace poco manejaba un mensaje teóricamente conciliador, sin asidero en la práctica.

En frase de tono típicamente lineresco, Choquehuanca acaba de advertir con “la ira del inca” si la ciudadanía no deja de protestar contra las leyes elaboradas sin consenso, movilizaciones que de manera automática son identificadas con desestabilización y “golpismo”.

Lo cierto es que el etnomarxismo, con su visión dialéctica de la historia, es un componente clave de la cosmovisión que impide buscar acuerdos nacionales amplios en Bolivia, que vayan más allá del simple “incorporar al vencido” que alguna vez propuso Qananchiri.

El cambio de matriz ideológica fundamental en el país vendrá de la mano del capitalismo popular, para cuya comprensión recomiendo los trabajos esclarecedores de Hernando de Soto y Enrique Ghersi.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Emilio Martinez

Escritor y analista político

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