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Ministro vs. Realidad

Casto Martín Montero Kuscevic

Profesor de Economía, Jiaotong-Liverpool University

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Pareciera que los ministros que acompañan al presidente Arce se han puesto de acuerdo para ver quién habla más tonterías, igual y en una de esas sorprenden a su jefe y lo superan. Ahora le tocó el turno -sí, estos señores toman turnos- al ministro de Desarrollo Productivo Néstor Huanca.

Resulta que la invasión rusa a Ucrania no solamente ha aumentado el precio del trigo sino también su volatilidad, esto debido a que entre Rusia y Ucrania producen aproximadamente el 25% de las exportaciones mundiales de trigo, por lo que se teme un desabastecimiento por el corte en la cadena de suministros.

Por supuesto que Bolivia no es la excepción y también se verá afectada, ya que el aumento del precio internacional significa que Bolivia tendrá que pagar más por el trigo que importa. Recordemos que Bolivia no produce todo el trigo que consume, y si queremos seguir importando tendremos que pagarlo a mayor precio que antes y competir con los otros demandantes de trigo a nivel mundial en un momento en el cual la oferta rusa y ucraniana se ha visto paralizada. 

Pero no hay de qué preocuparse. El ministro Huanca ha salido a garantizar el abastecimiento de pan luego de haberse juntado con los “verdaderos” dirigentes de los panificadores. ¿En serio piensa el ministro que un anuncio es suficiente para garantizar el pan? ¿entiende el ministro que hay que competir con otros países por la harina que importamos? ¿Cree que el hambre espera y esto es cuestión de buena voluntad? El golpe de realidad debió haber sido duro, porque no pasaron más de tres días desde su anuncio y los panificadores paceños ya decidieron dejar de producir pan de batalla.

La única forma que el gobierno garantice la provisión de harina en el corto plazo es que compre más cara de otros lados y la venda a menor precio a los panaderos. En ese caso, el precio barato del pan no sería más que una quimera. Seguiremos pagando el mismo precio por el pan, pero por otro lado nuestros impuestos pagarán el incremento del precio de la harina (asumiendo que el gobierno la pueda importar). Puede ser que esta operación por parte del gobierno de comprar harina a precios más altos no la sintamos en nuestros bolsillos, pero lo cierto es que tendría consecuencias aumentando el ya agigantado déficit fiscal, así que tarde o temprano habrá que pagar la factura.

Ahora bien, muy probablemente a alguien se le habrá cruzado por la cabeza que algún emprendedor del sector privado podría comprar harina de otros lados (lógicamente más cara) para poder producir pan (obviamente más caro). Pero no, eso no es una opción, porque vender harina más “cara” podría fácilmente interpretarse como especulación (palabra satanizada por el discurso político para enmascarar sus errores) y como las sandeces nunca vienen solas, el viceministro Jorge Silva también hizo su aporte amenazando con hasta 10 años de cárcel y procesos de legitimación de ganancias ilícitas contra los productores que estén especulando… O sea, para los funcionarios del gobierno es mejor que no haya harina (ni pan) a que ésta suba de precio. Si hubiesen entendido hace 15 años las ventajas del libre mercado y la propiedad privada no estuvieran corriendo desesperados a apagar incendios… Pero la realidad golpea fuerte.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Casto Martín Montero Kuscevic

Profesor de Economía, Jiaotong-Liverpool University

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