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Parar la proliferación del odio atendiendo a consecuencias realistas, por Gonzalo Rojas

Gonzalo Rojas Ortuste

Politólogo, Profesor de postgrado.

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La apuesta para oficializar el relato del “golpe” del gobierno del MAS como rasgo principal del ánimo de este periodo tomó fuerza luego de las elecciones departamentales y municipales. Fue como la confesión implícita de que la pura disputa electoral en los marcos de la democracia convencional no iba a ser suficiente para los indisimulados propósitos del oficialismo de perpetuarse como tales.

El gesto más evidente de lo dicho arriba fue la captura de la Sra. Jeanine Añez con presencia de las más altas autoridades del sector, ministro de gobierno y Cdte. general de la policía. Es cierto, que poco antes se escuchó la dura crítica de quien fuera uno de los hombres fuertes del régimen de Morales Ayma, precisamente a las autoridades del sector mencionadas.

Desde entonces no pararon, ya no hay ni asomo de consejo de “notables” para reformar la justicia ni campo para las cada vez más esporádicas prédicas de reconciliación del vice Choquehuanca. Se conoce que está en curso una ley contra la corrupción que introduce varios de los artículos del código de procesamiento penal que la movilización ciudadana derrotó a finales del 2017. Así como el mensaje inaugural de su periodo presidencial fue “todo es culpa de Añez y su gobierno de facto” y lo que debía ser solemne acto patrio el 6 de agosto fue “odiamos a los que no son masistas, ya lo verán”. Y lo estamos viendo…

Por supuesto no son solo poses, pese a que ahora disponemos de la respuesta -consistente con el Estado de Derecho- a la consulta hecha a la Corte IDH de que no hay cosa tal del “derecho humano a la reelección“ y que el informe del GIEI identifica la causa del inicio del conflicto social y político del 2019 en el desconocimiento de los resultados vinculantes del 21F del 2016, los operadores de justicia masista insisten en enjuiciar solo a los opositores sin debido proceso, mientras que paralizan o liberan de pena y culpa a los de su bando, sin importar la gravedad de los delitos por los que se acusa.

En un escenario así ¿qué puede esperarse? Desde luego aumento de la tensión social y política. Nadie en el MAS debe dudar de ello. Seguramente confían, con los instrumentos de Estado policial que se están desplegando, y la tan acostumbrada ignorancia de las garantías de la ley, que toda protesta será acallada, cuando no aplastada. En esta apuesta, se minimiza las capacidades de la oposición formal, que está aprendiendo a actuar en común ante la gravedad de la embestida masista. Representan al menos al 45% de la ciudadanía, y ésta proporción no es “eliminable”. Menos cuando tienen consciencia y memoria de que una enorme movilización ciudadana contra el fraude y el prorroguismo puso en fuga a los aspirantes a tiranuelos.

La potencia intrínseca de la democracia está en esa fórmula de “decisión de mayorías con respeto a las minorías”, en la autorizada voz del Prof. Giovanni Sartori. No es como piensa el vice, “sometimiento a las minorías”. Lo dijo de pasada, argumentado sobre la superioridad moral de una visión comunitarista, que por lo demás está fuera del núcleo duro de la propuesta fáctica masista que –todo parece indicar- es de partido único y el pluralismo es un adorno para referencia variopinta de pueblos y culturas bajo hegemonía aymara y negocio extractivista con amparo estatal.

Este mes estamos recordando uno de los golpes –este sí, de verdad- que marcó la segunda mitad del siglo XX boliviano. Con la vigencia de la democracia, todo lo débil que se quiera, pero claramente diferente de un gobierno autoritario, el Gral. Banzer pudo ser presidente constitucional a la vuelta del siglo (yo nunca voté por él). También fuimos el primer país de la región que encarceló a un dictador militar vía juicio de responsabilidades. No son resultados menores, supone consistencia en el reconocimiento del otro, que son sólidos porque son recíprocos.

La otra opción, la que hemos delineado aquí interpretando sin forzar los signos ominosos del oficialismo, es el suicidio colectivo; es la opción cainita que en una sociedad con tradición de rebeldía y movilización tendrán costos político, social, económico y humanitario de muy altos. Hay ejemplos cercanos en la región, y para nada son rutas seductoras.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Gonzalo Rojas Ortuste

Politólogo, Profesor de postgrado.

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