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Bitcoin frente a los bienes inmuebles como vehículo de ahorro

Un incremento significativo de la oferta con una caída fuerte de la demanda lleva inevitablemente a una caída de los precios, de tal modo que cuando los españoles quieran acudir a sus ahorros los verán muy mermados

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Por Álvaro D. María1

Para garantizar nuestro poder adquisitivo en periodos largos de tiempo tendemos a buscar vehículos de ahorro que tengan una serie de cualidades concretas: que tengan una inflación baja, que sea costoso de crear o descubrir, que tenga poco deterioro, que sea transportable, fungibles, con bajos costes de custodia y mantenimiento, difícil de manipular y con riesgos regulatorios bajos.

El oro ha cumplido muy bien a lo largo de la historia este papel. Las acciones y la deuda pública también han servido a este propósito, al igual que el arte y otros coleccionables, pero en países como España el vehículo de ahorro principal son los bienes inmuebles. El 83 % de los españoles es propietario de una vivienda, y esto puede ser problemático dado el contexto actual. Voy a tratar de explicar, sin tratar de detallar todo, por qué Bitcoin es superior cualitativamente a los bienes inmuebles como vehículo de ahorro.

Tal y como trato de explicar en La filosofía de Bitcoin, está diseñado específicamente para preservar valor en periodos largos de tiempo, superiores a 3-4 años, y durante su corta vida ha mostrado ser superior al resto de sus alternativas para este fin, gracias a sus propiedades objetivas, no meramente a un carácter especulativo o de consenso.

¿Cuáles son estas propiedades? Bitcoin es un activo real —un bien presente—, y por ello sin riesgo de contrapartida. Es escaso, con una oferta fija conocida de antemano, y no dependiente de terceros. Es muy divisible, con una liquidez espacial muy elevada —un mercado 24/7, 365 días al año y universal—, fácil de almacenar, barato de custodiar, sin apenas costes de mantenimiento, con riesgos regulatorios bajos. También es fungible, casi imposible de manipular, fácil de verificar, no se deteriora con el tiempo (los bitcoins no envejecen —ventajas del ciberesparcio—) y resistente a la censura. Si se realizan los procedimientos adecuados, permite mantener niveles altos de privacidad. Asimismo, es fácil de transportar, sin riesgo de redenominación, difícil de confiscar, con costes de envío bajos y, algo muy importante vista la guerra de Ucrania, te permite salir por patas con tu patrimonio en tu cabeza en caso de conflicto.

Seguro que me dejo unas cuantas, pero ya podemos empezar a ver que tiene una serie de cualidades únicas, y no replicables, que convierten a Bitcoin en una alternativa al resto de opciones que hemos tenido históricamente como reserva de valor en periodos largos de tiempo.

Si comparamos los bienes inmuebles con estas propiedades de Bitcoin, nos encontramos con un activo cuya oferta y demanda dependen principalmente de las condiciones de financiación, lo que es uno de los problemas que abordaré más adelante. No es un bien divisible, por lo que en caso de que necesites recurrir a tus ahorros tendrás que liquidar el bien íntegro, no puedes acceder a una fracción de tus ahorros. Su liquidez deja bastante que desear, especialmente fuera de las ciudades globales, y tiene unos trámites burocráticos elevados. Tiene unos costes significativos de mantenimiento —reparaciones y reformas—, de custodia y vigilancia, y cotidianos —comunidad, recogida de basuras, etc.—.

Además, tiene unos costes de transmisión enormes: ITP, IVA de obra nueva, notaría, plusvalía municipal, plusvalía fiscal, más lo que se le ocurra a los políticos de turno. Por si fuera poco, se encuentra en registros públicos, por lo que la privacidad es nula y su resistencia a la censura igual. Su seguridad jurídica deja mucho que desear viendo los problemas de okupas e inquilinos morosos. Al tenerlo un gran número de ciudadanos y ser inmóvil es el blanco perfecto para ser objeto de mayores impuestos. Por ser un bien fijo no se puede transportar y en caso de tener que huir de tu país ya puedes despedirte.

He pretendido analizar algunas de sus cualidades como vehículo de ahorro sin tener en cuenta el contexto actual del sector, pero si reflexionamos sobre él, caeremos rápido en la cuenta de que los bienes inmuebles pueden sufrir una caída de precios muy significativa, especialmente las viviendas fuera de las ciudades globales.

El precio de cualquier bien económico viene determinado por su oferta y por su demanda. En el contexto actual de inflación tan elevada, los ciudadanos cada vez van a tener más problemas para llegar a final de mes, por lo que tendrán que recurrir a sus ahorros para hacer frente a los gastos, y el ahorro principal de los españoles es la vivienda y otros bienes inmuebles. Por ello, cabe imaginar que la oferta crecerá significativamente, pero ¿y su demanda? Como comentaba anteriormente, la demanda de bienes inmuebles está muy relacionada con la facilidad de acceso a financiación, por lo que en el contexto de los últimos años los que tenían intención y capacidad de compra lo han hecho por unas condiciones extraordinarias para ello.

Así que, por un lado, tenemos que gran parte de los potenciales compradores de vivienda ya lo han hecho. Por otro lado, ante la inevitable subida de tipos de interés, vamos a ver un endurecimiento de las condiciones de financiación, en un contexto de recesión económica e inflación —stagflation—, lo que sumado a la escasez de jóvenes por la demografía española, la precariedad laboral y las subidas de impuestos que se están preparando, crea un contexto realmente preocupante sobre la expectativa de los precios de los bienes inmuebles fuera de las ciudades globales.

Un incremento significativo de la oferta con una caída fuerte de la demanda lleva inevitablemente a una caída de los precios, de tal modo que cuando los españoles quieran acudir a sus ahorros los verán muy mermados. Y es en este contexto donde igual puede ser interesante saltar del barco antes de que se hunda y pasarse al bote salvavidas de Bitcoin.

1es graduado en Derecho y Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y ha realizado un Máster en Auditoría y Contabilidad Superior por el Consejo General de Economistas. Ha trabajado como auditor de cuentas y es autor de «La filosofía de Bitcoin».

Este artículo fue publicado originalmente en panampost.com el 17 de abril de 2022.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo

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