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Arce democrático versus Arce autoritario: la esperanza sucumbe ante la arbitrariedad

El Presidente generó expectativa con su mensaje del miércoles en la noche porque parecía que había dejado de lado el encono político. Pero ese mismo día mostró que está más inclinado a la arbitrariedad con un hecho que atenta contra la institucionalidad democrática del país.

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En un mismo día, el último de junio, el gobierno de Luis Arce mostró dos rostros  totalmente opuestos desde el ejercicio del poder que, por su puesto, crearon confusión en quienes interpretan señales políticas que salen de las esferas gubernamentales, pero sobre todo confirman que el mandatario parece inclinarse por la imposición antes que por el diálogo.

Los hechos que mostraron a un Arce democrático y a un Arce autoritario son, por un lado, el mensaje presidencial en el que anunció la llegada de 8 millones de dosis en estos meses, por lo que decidió abrir la vacunación anticovid a todos los rangos de edad, y, por el otro, la remoción denunciada de ilegal de vocales electorales departamentales en seis regiones sin que haya nada irregular en contra de esas ex autoridades.

Medios de comunicación y líderes de opinión relievaron que el Presidente se haya olvidado, en su discurso nocturno del miércoles, ver el país con retrovisor y más bien haya dado lo que se consideró como el primer paso hacia el reclamado reencuentro entre bolivianos.

Un editorial del periódico Página Siete, generalmente crítico con los gobiernos del MAS, destacó la actitud diferente que mostró Arce en su alocución grabada hace dos días en la que no mencionó en ningún momento a su predecesora y al siempre señalado gobierno “de facto”. Ponderó que se haya enfocado en dar solución a una de las grandes necesidades de este tiempo: garantizar la inmunización de la población vacunable del país.

Después del anuncio presidencial, miles de jóvenes mayores de 18 años se volcaron a los centros de vacunación en todo el país con rostros entusiastas y con mensajes de agradecimiento al Jefe de Estado por pensar en la protección de la mayoría de los bolivianos ante la tercera ola del coronavirus y, más preocupante, ante la inminente llegada de una cuarta ola empujada por la peligrosa variante Delta que ya se instaló en países vecinos.

Pero ese mismo miércoles, se conoció que el Presidente había dispuesto la remoción de ocho de nueve vocales electorales que representan al Órgano Ejecutivo en los tribunales de los departamentos del país y, lo peor, seis de esos cambios, en Tarija, Beni, Pando, Oruro, Potosí y Santa Cruz, se ejecutaron de manera ilegal porque no fueron sometidos a ningún proceso disciplinario o judicial, ni presentaron renuncia a sus cargos. En síntesis, una arbitrariedad.

Los que sí renunciaron a las vocalías electorales departamentales fueron quienes ejercían la representación del Presidente en Chuquisaca y Cochabamba, poco después de que Salvador Romero dimitiera a la Presidencia del Tribunal Supremo Electoral. En el caso de La Paz, se decidió mantener al representante del Ejecutivo por su afinidad política con el MAS.

Arce, el democrático, perdió una oportunidad para encaminar un estilo diferente de conducir al país estableciendo mecanismos de diálogo con los sectores que no votaron por él ni por el MAS en las elecciones del año pasado, cuando la cuarta ola del coronavirus y la reactivación económica demandarán que el país se encuentre unido. Quién venció por esta vez es el Arce autoritario.


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