DeFrente

José Francisco Lagos: “Los chilenos se dan cuenta que la solución a sus problemas no está en cambiar la Constitución”

JoséFrancisco Lagos Garrido analizó la coyuntura política de Chile y los desafíos de la situación actual del proceso constituyente, que se ha puesto en marcha para reemplazar la Constitución vigente desde 1980.

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Lagos es abogado por la Pontificia Universidad Católica de Chile y magíster en estudios políticos por la Universidad de los Andes. Es director ejecutivo del Instituto Res Publica.

“El proceso ha resultado ser muy interesante. La idea constitucional parte de la crisis social que hubo en el 2019 y la respuesta de la política fue: cambiemos la Constitución, que tiene una carga histórica importante. Nos embarcamos en un proceso escandalosamente fallido, una farra política, donde la izquierda tenía mayoría completa, pudo hacer y deshacer con la regla de la hoja en blanco, era borrón y cuenta nueva desde cero. La izquierda pudo escribir lo que quiso al punto que los chilenos se vieron afectados, con ideas que tienen poco arraigo en Chile, como la plurinacionalidad, el sistema de justicia paralelo y la estatización de las principales áreas productivas del país. Una suma que hizo que ese proceso fracasara con un rechazo histórico”, recordó.

El politólogo también señaló el rol que cumplió “el voto obligatorio para todas las personas. Eso hizo que la participación pasara al 87% y que moviera completamente la aguja, incluso en zonas populares, donde más ganó el rechazo. Esto fue un terremoto para el proyecto político de los sectores más duros de la izquierda, del Frente Amplio. Se les cae su ideario político y les quedan tres años más para gobernar”.

“Después se llega a un segundo acuerdo, esta vez un proceso más institucional, con expertos designados por los partidos que están en el Congreso, que está empatado políticamente. Los expertos son mitad y mitad. El Partido Republicano de José Antonio Kast saca más de 2/5 del Consejo Constitucional y la suma de derecha y centroderecha es más de 2/3, necesarios para escribir el texto constitucional”, indicó.

Lagos dijo que en este giro influyeron “factores sociales, como una situación económica bastante frágil por la incertidumbre que genera un proceso constitucional; cómo se administró la pandemia, al principio bien y después bastante mal; los retiros de fondos previsionales; y el voto obligatorio, que incorporó a personas que antes no participaban. Los partidos se vieron obligados a hablarle no sólo a sus nichos institucionalizados sino a todo el país y el gobierno se vio muy disminuido. Quedó atrapado en su agenda del proyecto fallido de Constitución”.

“El actual proceso es tan institucional que no llama la atención de los medios. En la Convención todos los días pasaba algo pintoresco. Esta vez hay amistad cívica, van con corbata y cantan el himno nacional, hay respeto por el que piensa distinto. Se dio un proceso de escucha ciudadana, por una plataforma digital. Los expertos presentaron un borrador, un acuerdo donde la gran mayoría de las normas fue aprobada de forma unánime. Es una base razonable, aunque con cosas abiertas en las que no se pusieron de acuerdo, para que el Consejo Constitucional las dirima. Acaban de presentarse las enmiendas y ahora empieza el proceso de fondo, de qué normas van a quedar para presentarle el proyecto en diciembre a los chilenos”, detalló.

El director ejecutivo de Res Publica consideró que el dilema está en “definir si queremos una nueva Constitución a toda costa o una mejor que la actual. Si no se aprueba este proyecto sigue la Constitución vigente, hasta el propio presidente Boric ha dicho que ya no habrá otro proyecto constituyente. Las personas se dan cuenta que en la Constitución no está la respuesta a los problemas diarios. Lo paradójico es que quienes ganaron la elección, el Partido Republicano por ejemplo, se había opuesto a la existencia misma de un proyecto constituyente. Están en la paradoja de si van a influir lo suficiente para que ésta sea una Constitución que llamen a aprobar, o si llamarán a rechazarla y que sigamos con la Constitución vigente”.

“La gente dejó de confiar en cambiar la Constitución como solución a los problemas económicos y sociales del día a día, fue una salida de los políticos a la crisis institucional del 2019. El propio Boric en gira internacional dijo que los últimos treinta años han sido buenos para Chile, donde hemos crecido, establecido una democracia más o menos sólida y nos hemos abierto al mundo. Eso fue gracias a la Constitución. Hay una contradicción que es vital para la izquierda, porque pudo hacer lo que quiso y los chilenos le dijeron que no”, subrayó.

De cara al plebiscito de diciembre, dijo que influirá “si van a competir dos textos, el nuevo y el actual, o si va a entrar en el juego la aprobación del gobierno. Es un poco impredecible decir qué es lo que va a pasar. Pero las fichas de los chilenos para resolver sus problemas no están en el Consejo Constitucional”.

“Hay un gran problema con los proyectos que ganan el gobierno, pero con una minoría pequeña en el Congreso y con ideas ejes que no son mayoritarias. Es mayoritaria la oposición a algo, pero no el proyecto que ellos quieren construir. Además, el gobierno ha tenido problemas importantes de gestión y crisis de posible corrupción, que han hecho que su imagen pública decaiga. La oposición está muy bien posicionada pero no en cuanto a qué se quiere construir. La política está muy opositora a cosas pero muy poco proactiva respecto a qué quiere promover. En redes sociales eso se fomenta muchísimo”, opinó.

Lagos acotó que “en el mercado predomina la inmediatez, pero en la democracia tenemos la obligación de ponernos de acuerdo y hacer cosas que no nos gustan. Las personas ya no se mueven por idearios sino por causas concretas, que pueden llegar a ser contradictorias. Los partidos sólo tienen un auge cuando establecen qué no quieren. Pero no deben renunciar a intentarlo, a modificar la opinión pública en vez de ser meros intérpretes. Los liderazgos no son simples voceros, con el afán de ser populares en un nicho. Conversando con Lech Walesa, le pregunté cómo trabajó frente a la incomprensión de sus propios seguidores. Respondió que lo eligieron líder y no vocero. Por por eso la democracia es representativa y no simplemente mayoritaria”.


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