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La inflación no es principalmente de oferta

Manuel Sánchez González sostiene que la agudización inflacionaria experimentada en muchos países, México incluido, refleja más un “choque de demanda” que de oferta.

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Por Manuel Sánchez González1

Por algún tiempo, numerosos analistas y responsables de política económica han sostenido que la ascendente y elevada inflación, observada con claridad en muchos países desde el segundo trimestre de 2021, ha tenido su origen principalmente en un ‘choque de oferta’.

Según esta tesis, el crecimiento anual del nivel general de los precios ha reflejado fundamentalmente las disrupciones en las cadenas globales de suministro, asociadas a las medidas contra el COVID-19.

Tales restricciones se han manifestado en la forma de escasez o retraso en la entrega de ciertos productos e insumos, que han limitado la capacidad de respuesta de los proveedores a las necesidades de bienes y servicios del consumidor.

Una implicación de este razonamiento es que la política monetaria no tiene nada que hacer para combatir la inflación. Al no poder subsanar las causas físicas de las restricciones, por ejemplo, los cierres intermitentes de plantas y puertos o la carencia de mano de obra para el transporte de carga en algunas localidades clave, se concluye que la política monetaria debe permanecer pasiva. En consecuencia, los que sostienen esta postura afirman que un apretamiento monetario solo empeoraría la situación económica sin beneficio en términos de menor inflación.

En diferente grado, esa visión ha sido adoptada por algunos importantes bancos centrales. En particular, hasta poco antes de finales del año pasado, el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo la hipótesis de que la inflación sería un fenómeno transitorio que desaparecería, por sí solo, a medida que se desvanecieran los ‘cuellos de botella’ derivados de las perturbaciones en las cadenas de suministro.

A pesar de su amplia difusión, la tesis descrita parece contradecir la teoría económica y los datos. Los libros de texto básicos enseñan que un choque de oferta tiene como resultado un aumento “de una vez por todas” en el nivel general de los precios y una disminución en la actividad económica.

Esta evolución no se ha observado en la práctica. Por una parte, los incrementos en el nivel general de los precios han sido prolongados, por lo que la inflación difícilmente puede considerarse un evento pasajero. Al parecer, la realidad hizo que finalmente el Fed abandonara esa interpretación.

Por otra parte, y esto resulta crucial, lejos de estar acompañado de una contracción económica, el agravamiento inflacionario ha ocurrido en medio de una sólida recuperación económica global, iniciada a mediados de 2020. Según el FMI, el PIB mundial de 2021 se ubicó 2,8 por ciento por encima del de 2019. Esta mejoría superó con creces la recesión del segundo trimestre de 2020, proveniente de las acciones para hacer frente al brote de la pandemia.

En la explicación de la inflación, el ‘elefante en el cuarto’ son las presiones de demanda, generadas por las políticas monetarias y fiscales extraordinariamente laxas, en especial de las naciones desarrolladas, las cuales han estado detrás de la recuperación económica mundial.

Como se sabe, cualquier inflación elevada y prolongada, tarde o temprano, refleja una expansión de la demanda agregada significativamente por arriba de la correspondiente a la oferta agregada. La situación actual no es la excepción.

Vale la pena hacer dos comentarios con relación al socorrido choque de oferta. Primero, en la medida que han ocurrido, las perturbaciones en las cadenas globales de suministro han amplificado el exceso de demanda sobre oferta, contribuyendo así a la inflación.

Segundo, las limitaciones de oferta medidas con diferentes indicadores, por ejemplo, el tiempo de espera para la entrega de productos y los inventarios de órdenes no satisfechas, han exhibido una trayectoria al alza, la cual ha coincidido con la recuperación económica mundial. En otras palabras, en buena medida, esas deficiencias no parecen haberse incrementado de forma autónoma, sino como secuela del aumento de la demanda agregada.

En el caso de México, si bien hasta el primer trimestre de 2022, el PIB siguió por debajo del de igual lapso de 2020, la moderada reanimación económica no ha estado exenta de presiones de demanda. Por ejemplo, durante 2021, el gasto privado avanzó 8,1 por ciento, 1,7 veces el dinamismo del PIB.

La agudización inflacionaria observada en muchos países, incluyendo México, refleja más un ‘choque’ de demanda que de oferta. La tarea de los bancos centrales es procurar atenuar el exceso de demanda, con una política monetaria restrictiva.

No obstante, en la mayoría de las jurisdicciones, la postura monetaria continúa siendo acomodaticia, en algunos casos acompañada de déficits fiscales altos. El rezago en el combate a la inflación podría hacer más penoso el ajuste necesario en el futuro.

1es exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (Fondo de Cultura Económica, 2006).

*Este artículo fue publicado originalmente en elcato.org el 14 de junio de 2022

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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