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La paradoja de las energías renovables en Bolivia  

José Kreidler Guillaux

Ingeniero Petroquímico

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En días pasados se ha inaugurado una planta eólica en las inmediaciones de Warnes que se  incorporó a las otras centrales renovables (accionadas por vientos y/o solares) instaladas o en  curso de finalización del montaje industrial en Oruro y Potosí.  

Este proceso es muy bueno ya que está en consonancia con la política y tendencias mundiales a  reemplazar la generación de energía eléctrica basada en combustibles fósiles, grandes  contaminantes del medio ambiente, por otros medios mucho menos agresivos y renovables como  son el viento y el sol.  

Esto se da en un especial contexto nacional ya que las reservas y la producción de gas natural que  actualmente alimentan nuestras plantas termoeléctricas o están declinando o en problemas para  atender a una creciente demanda, según informaciones oficiales. Es más, siempre de acuerdo a  declaraciones oficiales, en los próximos años deberíamos estar generando el 70% de nuestra  energía eléctrica con energías renovables.  

El problema radica en que más de la mitad del parque generador actual es basado en la utilización  de gas natural y a un precio altamente subvencionado (U$ 1,10/MMBTU) si lo comparamos con  el precio actual de exportación (U$6,00/MMBTU). En números estadísticos la  energía eléctrica generada en el Sistema Interconectado Nacional (SIN) en 2019 fue del 61.7% a  partir de gas natural y 38.3% a partir de fuentes renovables (34% hidroeléctrica, 1.6% biomasa,  1.9% solar y 0.7% eólico). Estos porcentajes variarán sin duda un tanto en favor de las energías  renovables debido a la incorporación de las centrales eólicas y solares, pero no como para llegar  a dar la vuelta o revertir las ya citadas proporciones.  

Consideramos que es bueno y conveniente reemplazar el menguante gas natural por agua, viento  o sol, para cuidar el medio ambiente y preservar las reservas de gas, pero la potencia instalada  actual y a mediano plazo, no permitirá hacerlo masivamente y por lo tanto resulta prematuro  lanzar cifras muy optimistas a la capacidad que tendrá nuestro país para tener un sistema  energético con emisión de cantidades menores de contaminantes atmosféricos.  

Y por otra parte están las paradojas: es más conveniente exportar el gas natural vía los gasoductos  ya que, desde el punto de generación de divisas e ingresos para que YPFB y/o sus contratistas,  con mayores recursos monetarios, pueden éstas hacer más exploración y desarrollo de nuevas  reservas. Por otra parte, la incorporación de plantas de generación renovables significa la  paralización parcial o total de plantas térmicas existentes que deben tener su propia rentabilidad  ya que muchas de ellas han sido construidas con financiamiento interno o externo y deben honrar  sus compromisos crediticios. El peso final de esa cuenta será por lo tanto absorbido por el erario  nacional.  

Otra de las paradojas es que la exportación de energía eléctrica tiene una rentabilidad marginal  incluso con un combustible barato, lo cual a su vez repercutiría, si se diera, en menores ingresos  para YPFB y por lo tanto para el país. 

Como conclusión final es que es urgente y necesario contar con algo más que una Política  Energética clara y definida: una Doctrina Nacional que englobe a todo el ámbito energético ya  que en un futuro cercano va a terminar la crisis económica, seguiremos avanzando y seguirán  creciendo simultáneamente nuestras necesidades de energía. Sin ésta Doctrina, seguiremos a la  deriva sin poder mirar muy lejos en el horizonte económico.  

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo

 


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José Kreidler Guillaux

Ingeniero Petroquímico

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