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Llegamos al turismo como resultado de una investigación que ofreciera cualidades para generar cohesión social, condición humana elemental para integrar una sociedad organizada, diversa y tolerante.
Si nuestra ubicación geográfica en el mundo estuviera definida por una zona de terremotos, volcanes, tsunamis, sequías extremas, tornados, huracanes, inundaciones frecuentes, hubiéramos desarrollado nuestra relación humana partiendo del dolor, la tragedia y la resiliencia. En situaciones de esa naturaleza, existe un mandato imperioso para ponerse de acuerdo frente al riesgo de mayores daños, obligando a las personas a actuar en consecuencia. Sin embargo, nada de eso nos agobia ni altera nuestro sueño.
Buscamos alternativas, investigando el proceso desde el desarrollo y lo productivo. La diversidad de climas, tierras y oportunidades existentes en el territorio, obliga a reconocer especificidades que no se expresan de la misma manera a la hora de la producción. Siendo parte de la agricultura, las claves culturales para producir quinua son distintas de los saberes que se necesitan para cosechar soya. Así sucesivamente en minería, manejo del bosque, humedales, pampas inundables, producción avícola… cada una de ellas, si bien son genéricas en la categoría, son específicas en la especie, siendo el ejemplo más patético la relación diversa con el árbol, en el altiplano y en la amazonía.
En lo humano la situación es similar, agudizada por posiciones de intolerancia ideológicas, regionalistas y racistas. Una diversidad que debiera enriquecer las condiciones de complementariedad, son llevadas al absurdo con debates confrontacionales. El provocado por María Galindo con el tipoy, en una situación que debió ser parte de un análisis y una anécdota, terminó siendo llevado a situaciones incomprensibles, el mismo día, paradoja magistral, que el Artemis II descubría el lado oscuro de la luna.
Entonces, la pregunta era lógica, ¿qué actividad humana que no sea la del dolor y la tragedia, puede acercar a los diversos, a las diferencias geográficas, a los modos productivos, al chulo, sombrero, gorra, calatrava, boina, cachucha, birrete, junto al chuño, el pipián, el rostro asado, la sopa de maní, el café, el chocolate, el singani, la patasca o el fricasé, con la chobena, el violín chiquitano, el erque, el yaraví, el sarao, el tinku, la cueca, la cullawada, el pujllay, todo, de manera armoniosa y amable? ¿Qué actividad humana consciente agrupa la mayor cantidad de actores que deben concertar acciones y territorios? ¿Qué acción obliga a la coordinación, el desarrollo de autoestima colectiva, tolerancia con el distinto, y con tránsito expedito? Mientras las preguntas aumentaban, el turismo se precisaba cada vez más nítido, el turismo…
Estas condiciones no dependen de la existencia o supresión de un ministerio. Ni siquiera de exigir que se cumpla lo que se prometió en las elecciones. No tiene que ver con que la burocracia en todos sus niveles, sea consciente de esta realidad. Ahora está relacionada si los bolivianos nos damos cuenta que lo dicho puede ayudar, con respeto, a reencontrarnos. Así de sencillo. El turismo es un instrumento, somos nosotros los que debemos hacer uso de él. Lo comprobaremos el día que no haya más bloqueos, antes, nó.
*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


