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Pros y contras del tipo de cambio fijo

Juan Antonio Morales

Economista, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana

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En el venerable sistema cambiario de tipo de cambio fijo  la autoridad monetaria lo determina, y  compra y vende divisas para mantenerlo en el valor establecido. No implica que todas las transacciones de divisas pasen por el banco central sino aquellas que no pueden ser satisfechas por el mercado. Las tasas de mercado se alinean, a veces con pequeñas diferencias, a la tasa (o las tasas) del banco central.

Existen varias modalidades de tipo de cambio fijo. La más frecuente en esta parte del mundo  es la del tipo de cambio que se establece con relación al dólar de Estados Unidos y que puede reajustarse (devaluarse o revaluarse) cuando surgen desequilibrios permanentes y profundos de la Balanza de Pagos. Es el sistema de Bretton Woods de 1944.

Se tiene también la modalidad del tipo de cambio fijo duro dado por las cajas de conversión y por las uniones monetarias. La dolarización completa es una forma de tipo de cambio duro, en la que el dólar toma funciones de moneda local y la sustituye. 

Otra modalidad es la del tipo de cambio fijo reptante (“crawling peg”) en la que el tipo de cambio se ajusta en algunos centavos pero con alta frecuencia. El bolsín del BCB diseñado en el DS 21060 de agosto de 1985 comenzó como un sistema flexible administrado, con ventas de divisas por el BCB mediante subastas, pero evolucionó a los pocos meses hacia un tipo de cambio fijo reptante incompleto, incompleto en el sentido de que las variaciones cambiarias no eran preanunciadas. Con tipo de cambio fijo reptante se puede acomodar una inflación nacional más alta que la internacional, sin perder competitividad ni desatar movimientos especulativos. Este sistema le sirvió bien al país hasta la bonanza exportadora de principio de siglo. El bolsín era más apto para la venta de  divisas que para la compra  

A partir de noviembre de 2011 el BCB decidió congelar el tipo de cambio, con lo que se tiene una paridad fija de facto. El bolsín perdió sus dientes.

El principal y muy importante punto a favor del tipo de cambio fijo es que controla bien a la inflación. Los precios de los bienes transables en el comercio internacional se alinean con los precios internacionales. Como la inflación internacional es generalmente baja, la inflación interna de transables será también baja. La política monetaria (y fiscal) tiene entonces el limitado cometido de controlar a la inflación de bienes no transables en el comercio internacional, como son los servicios, la construcción y los márgenes de comercialización de los bienes transables. Además, el tipo de cambio fijo tiene la ventaja de su simplicidad y de su gran aceptación por el público. 

El mantenimiento de la paridad exige un buen nivel de reservas internacionales (RIN). Si ellas se agotan el país puede verse obligado a devaluar o a imponer controles cambiarios. El rol de las RIN es entonces crucial en un sistema de cambio fijo. Se agotarán las RIN si se sigue políticas fiscales y monetarias muy expansivas. 

Pero el tipo de cambio fijo tiene también vulnerabilidades. Si las diferencias entre la inflación nacional y la de sus socios comerciales por pequeñas que sean se acumulan, los sectores transables del país pierden competitividad. Peor aún, si los socios comerciales devalúan sus monedas. La sobrevaluación cambiaria, es decir que los precios en dólares del país sean más altos que los precios en dólares de los socios comerciales, puede ser muy destructiva del aparato productivo nacional. 

Con tipo de cambio fijo hay muy poco espacio para una política monetaria que atienda a las necesidades internas. Por otra parte, el tipo de cambio fijo es muy vulnerable a ataques especulativos. Si el público cree que el tipo de cambio no podrá mantenerse apostará contra él, cambiando su moneda nacional por extranjera, lo que terminará precipitando su caída.

Las salidas del tipo de cambio fijo, cuando éste ha durado mucho tiempo y la situación es insostenible, tienen altos costos económicos y políticos.  Demorar demasiado las decisiones agrava la situación. Hay que estar preparando el terreno para una eventual modificación del  actual sistema cambiario. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Juan Antonio Morales

Economista, profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana

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