OpiniónEconomía

Menos angustia, más método ante el conflicto

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

Escucha la noticia

Hace algunos años, al oír un audiolibro, me enteré de que agencias de inteligencia consultaban a un académico que aseguraba tener un método para anticipar resultados políticos con 90% de precisión. Su nombre es Bruce Bueno de Mesquita.

La afirmación parece exagerada. ¿Predecir la política? ¿No es acaso una actividad dominada por pasiones, ambiciones, traiciones, ideologías y accidentes? En parte sí. Pero precisamente por eso conviene analizarla con más método y menos sobresalto.

Los Bueno de Mesquita, Bruce padre y Ethan hijo, han dedicado parte de su obra a estudiar la política como una interacción entre actores, intereses, incentivos y restricciones. No porque las personas sean máquinas perfectas, sino porque usualmente responden a premios y castigos bastante concretos y similares.

En “El juego del predictor” (2009), Bruce Bueno de Mesquita plantea que el análisis político debe comenzar con preguntas simples, aunque difíciles de responder bien: ¿quiénes son los actores relevantes?, ¿qué quiere cada uno?, ¿cuánto poder tiene?, ¿cuánto le importa el resultado?, ¿cuánto puede ceder?

Este enfoque parece obvio, pero no lo es. En la discusión pública solemos preguntar quién tiene razón, quién miente o quién es más coherente. El método pregunta otra cosa: quién puede bloquear, quién puede negociar, quién puede sostener el costo del conflicto y quién tiene incentivos para radicalizarse.

Eso cambia la mirada. Una protesta, una elección, una ley o una crisis institucional no deberían analizarse sólo por sus discursos. También hay que ver qué gana y qué pierde cada actor si el conflicto continúa, si se resuelve o si escala.

En “La lógica de la supervivencia política”(2003), escrito con Alastair Smith, Randolph Siverson y James Morrow, aparece una idea central: todo líder depende de una coalición que lo sostiene. No necesita agradar a todos por igual. Necesita conservar el apoyo de quienes son esenciales para su permanencia.

De ahí surge una conclusión incómoda. Una decisión pública puede ser mala para el conjunto, pero buena para la supervivencia política. Esto ayuda a entender por qué a veces se impulsan acciones costosas, se postergan soluciones evidentes o se reparten beneficios a grupos específicos.

En “El manual del dictador” (2011), Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith explican algo parecido con mayor crudeza: no todos los apoyos valen igual. Hay muchos ciudadanos intercambiables, algunos influyentes y pocos esenciales. El poder real está en estos últimos.

Ethan Bueno de Mesquita lleva esta lógica al terreno de la política pública. En “Economía política para políticas públicas” (2016) recuerda que una política técnicamente correcta puede fracasar si no es políticamente viable. No basta saber qué medida sería mejor en un papel. Hay que saber quién la aprobará, quién la resistirá y quién pagará sus costos.

Su ejemplo del impuesto al carbono es ilustrativo. Una alternativa puede ser más eficiente desde la teoría económica, pero otra puede ser más viable si crea una coalición capaz de sostenerla. En política, la implementación también es parte del análisis.

Y en “Teoría y credibilidad” (2021), Ethan Bueno de Mesquita, Scott Ashworth y Christopher Berry insisten en algo crucial: la ciencia política avanza cuando la teoría y la evidencia conversan. Un modelo sirve para ordenar mecanismos; los datos sirven para ver si esos mecanismos aparecen en la realidad.

Por eso, frente a un conflicto como el que vivimos actualmente, no conviene quedarse sólo en la preocupación. Es mejor tomar lápiz y papel y construir un cuadro sencillo: actores, intereses, poder, intensidad, flexibilidad y señales observables.

Luego viene la parte más importante: formular una predicción que pueda fallar. Por ejemplo: si tal actor se suma, el conflicto escala; si tal actor negocia, se descomprime.

En tiempos de angustia y zozobra, convertir la ansiedad en método científico puede ser una forma modesta, pero necesaria, de lucidez y tranquilidad ciudadana.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


Cuentanos si te gustó la nota

50% LikesVS
50% Dislikes

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

Publicaciones relacionadas