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Evo Morales y la persistencia del caos

Loreto Correa Vera

Doctora en Historia de las Relaciones Internacionales. Analista y consultora.

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El quiebre boliviano

La crisis boliviana ha alcanzado un punto de quiebre. Lo que ayer se vivió en La Paz —autos incendiados, comercios saqueados, oficinas destruidas, policías y civiles heridos— no es protesta legítima, sino un intento deliberado de desestabilización. Los bloqueos en seis departamentos, que ya llevan 19 días, han paralizado comercio, turismo y abastecimiento de alimentos. Este escenario responde a la estrategia de Evo Morales y sus partidarios del MAS: sitiar al gobierno de Rodrigo Paz Pereira y forzar su renuncia.

El guion del autoritarismo

En Bolivia ha Caído (enero 2023) advertimos que el país estaba atrapado en una espiral de debilitamiento institucional, pérdida de confianza y confrontación permanente. Hoy esa advertencia se confirma: Morales, desde la clandestinidad, ha convertido la protesta en instrumento de violencia y chantaje, alimentado por financiamiento oscuro y ligado al crimen organizado. No son demandas sociales legítimas, sino un proyecto político para reinstalar un liderazgo personalista y autoritario.

El narcoestado que quiere Morales

Difícilmente puede hablarse de un gobierno inoperante cuando en realidad han sido seis meses de un gobierno asediado por fuerzas antidemocráticas, boicoteado por delincuentes desde YPFB y maltratado por actores que buscan una guerra civil. Rodrigo Paz no encontró un Estado tranca ni una cloaca: encontró un narcoestado liderado por un caudillo que ha debilitado las instituciones y que debe responder por sus responsabilidades judiciales.

Chile observa

Morales representa un liderazgo tóxico y antidemocrático. Ha quebrado el Estado de derecho, hipotecado la institucionalidad con una Constitución aprobada en un cuartel y ahora pretende arrastrar al país a una nueva etapa de confrontación destructiva. Desde Santiago observamos con preocupación su accionar, pero también con confianza en la vocación democrática del pueblo boliviano, que no reconocerá ni validará una rebelión violenta y destructiva.

La salida democrática

Bolivia enfrenta problemas estructurales acumulados durante años: caída de la producción gasífera, pérdida de reservas internacionales, deterioro de la seguridad jurídica. Nada de esto lo inventaron los actuales gobernantes, sí un socialismo del siglo XXI ignorante y agotado. La salida no está en la destrucción mutua ni en el retorno de un caudillo incapaz de construir instituciones sólidas. La salida está en fortalecer la democracia, consolidar un gobierno que, pese a sus dificultades, busca negociar de buena fe y abrir corredores humanitarios.

Arresto inevitable

Chile, junto a otros países, respalda al gobierno de Rodrigo Paz. Sépalo, señor Morales: ningún intento de reinstalarse mediante la violencia será reconocido. La región necesita liderazgos democráticos, no caudillos que se alimentan del caos. La única salida responsable es que usted responda ante la justicia.

Nadie en América Latina ni en el mundo va a reconocer un nuevo gobierno suyo. ¿Desde dónde piensa gobernar? ¿Acaso desde el Palacio Quemado, como si se pudiera mover su cetro desde el Chapare a la capital de Bolivia? ¿O finalmente lo que pretende es instalarse en Washington a acompañar a Nicolás Maduro? ¿Cree realmente que alguien más allá de sus custodios del Chapare se uniría a su proyecto autoritario? La advertencia es clara: si insiste en mantener este proceso desestabilizador, terminará más aislado, sin respaldo y vulnerable.


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Loreto Correa Vera

Doctora en Historia de las Relaciones Internacionales. Analista y consultora.

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