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Suspensión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU

La suspensión obliga a reflexionar sobre la presencia de dictaduras en este organismo y a plantear su reforma. ¿Era necesaria una guerra para tomar medidas? ¿No se habían producido suficientes alertas para saber que Putin era una amenaza?

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Por: Brian Schapira1

La resolución 60/251 del año 2006 de la Asamblea General de la ONU estableció la creación, lineamientos de funcionamiento, requisitos de elección para ser miembro y los motivos por los cuales un país miembro puede ser suspendido del Consejo de Derechos Humanos.

Este Consejo, un órgano subsidiario de la Asamblea General, está compuesto por 47 países y se integra según cupos que corresponden a cada uno de los cinco grupos regionales en los que está dividida la ONU. Los países que lo integran son elegidos mediante votación secreta por el pleno de la Asamblea. La membresía en dicho órgano es por tres años con posibilidad de una reelección y se renueva todos los años por tercios.

Conforme la referida resolución 60/251, «al elegir a los miembros del Consejo, los Estados miembros deberán tener en cuenta la contribución de los candidatos a la promoción y protección de los derechos humanos». Asimismo, los países miembros del Consejo «deberán aplicar las normas más estrictas en la promoción y protección de los derechos humanos».

En cuanto a la suspensión de un país de su seno, la resolución establece que «la Asamblea General, por mayoría de dos tercios de los miembros presentes y votantes, podrá suspender los derechos inherentes a formar parte del Consejo de todo miembro de este que cometa violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos».

La suspensión

El pasado 6 de abril, la Asamblea General de la ONU, en aplicación de este párrafo, decidió suspender a la Federación Rusa del Consejo de Derechos Humanos «por la actual crisis humanitaria y de derechos humanos en Ucrania, en particular por los informes de violaciones y abusos de los derechos humanos y de vulneraciones del derecho internacional humanitario por parte de la Federación de Rusia, incluidas las violaciones y los abusos graves y sistemáticos de los derechos humanos».

Anteriormente, se dio un único caso de suspensión de un miembro del Consejo. Se trató de Libia en el año 2011.

Rusia fue elegida en 2020 para ocupar un lugar en el Consejo por el período 2021-2023, logrando 158 votos de la Asamblea General sobre los 193 que la componen. Esto ocurrió a pesar de su régimen autocrático y de las graves situaciones de violaciones a los derechos humanos que eran conocidas por la comunidad internacional y que habían sido señaladas por los diversos mecanismos de protección de derechos humanos dependientes del Consejo (sus relatorías y grupos de trabajo compuestos por expertos independientes, su examen periódico universal, en el que todos los países cada cuatro años revisan la situación de cada país), así como por la alta comisionada para los Derechos Humanos, y por los distintos comités de expertos que evalúan el cumplimiento de los principales tratados de derechos humanos.

Anteriormente, Rusia había sido electa para ocupar una banca por tres años en el Consejo en los años 2006 (logró 137 votos), 2009 (logró 146 votos), y 2013 (logró 176 votos). Solo en el año 2016 su candidatura fracasó por apenas dos votos, y las dos bancas que estaban en juego para la región de Europa Oriental quedaron en manos de Hungría y Croacia.

Antecedentes

Apenas previo a que fuera electo en 2020, CADAL publicó un informe que daba cuenta de estos gravísimos cuestionamientos del propio sistema de ONU y de sus cómplices votaciones en el seno del Consejo al oponerse a resoluciones sobre graves violaciones en países también gobernados por autócratas o dictadores como Siria, Burundi, Belarús, Irán, República Popular Democrática de Corea, Sri Lanka o Sudán.

La Federación de Rusia estuvo presidida por Vladimir Putin desde 1999 hasta la actualidad, con un único período en que el propio Putín se encargó de colocar a un delfín suyo, Dimitri Medvedev en la presidencia, entre 2008 y 2012, reservándose incluso para sí el cargo de primer ministro. Cabe preguntarse cómo es posible que un régimen como el de Putin haya logrado en tantas oportunidades y con tantos votos ocupar un lugar en este organismo.

Está claro que se trata de decisiones que se toman en ámbitos compuestos por países y debe asumirse de acuerdo al realismo que prima en las relaciones internacionales que el tema de los derechos humanos, lamentablemente, no es el más relevante. Allí se imponen decisiones tomadas con base en complejos intereses geopolíticos, estratégicos, económicos, etc. Sin embargo, cabe especular —dada la gran cantidad de votos logrados en las varias elecciones referidas— que entre quienes votaron en favor de que Rusia integre el Consejo hubo muchas democracias que pretenden tener una agenda responsable en materia de derechos humanos. Es deseable y exigible que, al tomar estas decisiones, las democracias tengan un compromiso y responsabilidad real y concreta al respecto.

Otros ejemplos

¿Fue necesario que se llegara a la actual situación tan extrema de una guerra brutal por parte de Rusia para suspenderla del Consejo? ¿Cómo es que fue elegida? ¿Acaso no ha habido suficientes alertas para saber que Putin era una amenaza? Persecución, encarcelamiento, tortura y hasta envenenamiento y asesinatos de opositores; elecciones maniatadas; absoluta imposibilidad de ejercicio de la libertad de prensa; represión a los derechos a la manifestación pacífica y de asociación; persecución de artistas, entre otras tantas violaciones a los derechos humanos eran conocidas por la comunidad internacional. Sin embargo, Rusia fue electa para el Consejo.

Similares cuestionamientos se realizan en cuanto a la presencia de otras dictaduras en el Consejo. Por nuestra región, actualmente integran el organismo las dictaduras de Venezuela y Cuba que, por supuesto, han votado en contra de la suspensión de Rusia. También lo integran países como Bolivia, Brasil y México, cuyos gobiernos populistas —no importa si de derecha o de izquierda— vergonzosamente no han apoyado la suspensión de Rusia. En el caso de Bolivia, directamente ha votado en contra, mientras que México y Brasil se han abstenido.

Esto lleva una vez más a plantear la necesidad de reformar la resolución 60/125. Son muchas las organizaciones de la sociedad civil que —en mérito a estas contradicciones de presencia de gobiernos autocráticos y con cuestionamientos de graves y sistemáticas violaciones de derechos humanos— plantean que deben cambiarse ciertas reglas de juego.

Algunas de las cuestiones que se plantean son, por ejemplo, que para una mayor transparencia las votaciones para el Consejo de Derechos Humanos deben ser públicas y no por voto secreto. Así, sobre todo en los países democráticos, los gobiernos deberán rendir cuentas, explicar y hasta poner en el debate público su decisión de por quién votar y por quién no para integrar el Consejo.

Reformas posibles

Asimismo, se plantea que un país que pretenda integrar el Consejo debe adherir a tener un estatus de invitación abierta a los denominados procedimientos especiales (las relatorías sobre diversas temáticas o relatorías especiales por situación en algún país, y los grupos de trabajo). Este estatus de invitación abierta significa que, si un relator o grupo de trabajo solicita una visita al país para analizar la situación respecto de los temas de su mandato, dicho país debe aceptarla. Ni Rusia, ni Cuba, por ejemplo, han adherido a este estatus y han ocupado largamente bancas en el Consejo.

Otra reforma deseable es que, para integrar el organismo, el país deba ser parte de los nueve tratados de derechos humanos que poseen los comités de supervisión de su cumplimiento y aceptar los sistemas de casos individuales ante estos (de modo de que cualquier ciudadano pueda llevar el caso a esa instancia supranacional, una vez agotados los recursos judiciales internos).

Queda mucho por discutir y evaluar, y los países democráticos deben liderar estos debates. La dramática situación desatada por el criminal Putin en Ucrania representa una oportunidad. Hubiera sido demasiado grosero y deslegitimador de un sistema ya cuestionado que Rusia continuara en el Consejo de Derechos Humanos. No obstante, hay situaciones en el mundo, si se quiere, de «menor» gravedad que tamañas masacres, pero de gravísima seriedad, que merecen considerarse a la hora de votar integrantes del Consejo y a la hora de revisar su estructura institucional y las exigencias que deban cumplirse para integrarlo.

1Abogado (Universidad de Buenos Aires), máster en Derecho Internacional y Comparado (Southern Methodist University, Dallas, Texas) y un posgrado en Derecho del Petróleo y Gas (Universidad de Buenos Aires). Director de Relaciones Institucionales de CADAL. Subsecretario de Protección y Enlace Internacional en Derechos Humanos de Argentina (2015-2019).

Este artículo fue publicado originalmente en dialogopolitico.org el 25 de abril de 2022.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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