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Argentina y la trampa populista

Oscar Ortiz Antelo

Ha sido senador y ministro de estado.

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La primera vuelta de las elecciones argentinas ha producido una nueva sorpresa en el proceso electoral que culminará con la segunda vuelta el próximo 19 de noviembre. La victoria de Sergio Massa, actual ministro de economía de un gobierno kirchnerista que ha multiplicado las tasas de inflación y de devaluación, se explica en gran parte por la penetración del populismo en la cultura y en la mentalidad de amplios sectores de la sociedad argentina después de más de 80 años de peronismo.

No es un dato menor que quienes más sufren las consecuencias de estas erradas políticas económicas y sociales, terminen votando por quienes causan un constante deterioro de sus ingresos y de los aspectos más esenciales de su calidad de vida. Tampoco es casualidad que más de veinte millones de argentinos reciban los llamados “planes”, en Bolivia les diríamos bonos, de los cuales viven alrededor de la mitad de la población, por lo que el peronismo kirchnerista ha agitado eficientemente el temor a que cualquier gobierno distinto elimine estas trasferencias estatales que vuelven dependientes a amplios sectores de la población y los convierte en electorados cautivos.

No obstante, se cree generalmente que cuando las crisis llegan a los bolsillos de la gente, y especialmente afectan a los sectores de menores ingresos, estos buscarían un cambio. No siempre es así y Argentina es la muestra de ello. Una parte importante de la población, entre un 30% y un 40% generalmente, siguen estos proyectos políticos hasta en las peores crisis, reflejadas no solo en el encarecimiento de los productos de consumo básico sino también por su escasez.

Incluso estos sectores ciudadanos se vuelven impermeables a los mayores escándalos de corrupción que demuestran cómo se enriquecen sus líderes con los programas de lucha contra la pobreza y cómo derrochan los recursos que ganan en nombre de los más pobres. El caso de Martín Insarraulde es paradigmático. Siendo jefe de Gabinete del Gobernador de la Provincia Buenos Aires y uno de los operadores de mayor confianza de Cristina y Máximo Kirchner, pocos días antes de la elección se descubrió que andaba de vacaciones con su pareja alquilando un barco en el Mediterráneo que costaba USD. 10.000 dólares el día y que había regalado a su acompañante joyas, relojes y carteras por otras varias decenas de miles de dólares. Su jefe no fue afectado por la votación y ganó fácilmente la reelección.

Paradójicamente Argentina es un país rico que vive en una crisis permanente. A diferencia de muchos otros países latinoamericanos, como Bolivia, que vivimos de los ingresos generados por la extracción de algún recurso natural, la Argentina tiene un sector exportador de alimentos que es líder a nivel mundial en productividad, una industria reconocida por su calidad, un sector de emprendedores tecnológicos, startups, que se destaca en los mercados internacionales y que se han expandido competitivamente por la región latinoamericana. Todos estos sectores han salido adelante a pesar de las barreras del populismo estatista, al que terminan sosteniendo con las altas tasas tributarias que les imponen.

Por ese extraordinario capital humano y capacidad emprendedora el país ha sobrevivido a ochenta años del populismo estatista. Sin embargo, cuánto sufrimiento se podría haber ahorrado el pueblo argentino si se librara de la fascinación con la cual el modelo populista lo entrampa y empobrece.

Es verdad, la culpa la tienen también quienes discrepando de este modelo no logran construir una verdadera alternativa, con un proyecto y una clara visión de país basados en los principios que sustentan un verdadero estado de derecho y una economía basada en la producción y el emprendimiento que puede desarrollarse para generar oportunidades de bienestar y prosperidad para un pueblo con tanto potencial, que, cien años atrás, ya supo estar entre las naciones más desarrolladas del planeta.

Seguramente, habrá muchas respuestas de corto plazo para explicar la victoria del candidato Massa en la primera vuelta y muchas de ellas pasaran por los errores cometidos por las candidaturas de la oposición. Sin embargo, en mi opinión, cualquier cambio sostenible y duradero en el largo plazo que permita a la nación argentina superar la declinación constante que sufre desde hace varias décadas pasa por liberar a su gente del asistencialismo clientelar que la somete, generando las condiciones para liberar su potencial productivo y emprendedor. Esto solo se logrará mediante una larga batalla por las ideas que prevalecen en su cultura, un desafío similar al que debemos afrontar muchas otras naciones latinoamericanas.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Ha sido senador y ministro de estado.

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