OpiniónSociedad

Bolígrafo azul jovencita

Percy Añez Castedo

Humanista. Msc en administración de empresas

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Vivimos en el país de las exigencias absurdas. Para una infinidad de procesos se nos piden cosas que podrían gestionarse de maneras más sencillas o prácticas. Si nos cuestionamos la razón de la existencia de estos requisitos, muchas veces llegamos a la triste conclusión de que “así se hizo siempre” o “mucha gente vive de eso”. 

Sin ánimo de expandir un clima pesimista y de queja, voy a contar una triste anécdota que viví hace unos días. 

Una estudiante que realizaba prácticas laborales me pidió que le llene un formulario necesario para su asignatura. Con gusto procedí a ayudarla con un bolígrafo de color negro. Algo recordaba yo acerca de la afinidad de ciertas instituciones y sus trámites para que las firmas y declaraciones vayan en color azul, así que por si acaso le consulté si no había problema con que el formulario vaya con color negro. La respuesta fue clara: ‘‘no hay problema, no decía nada al respecto del color del bolígrafo en las instrucciones”. 

El hecho es que a la media hora recibo una llamada de la estudiante, quien me dice con mucha vergüenza y molestia, que voy a tener que volver a hacer el formulario. Resulta que cuando llegó a entregarlo se lo rechazaron porque era de color negro. Asimismo, le indicaron que algunas partes no tenía letra bien clara. Ante estas dos observaciones hubo dos consultas: ¿Por qué no permiten el llenado en computadora? Y ¿por qué no decía nada al respecto del color del bolígrafo en las instrucciones? Como muchas cosas de este país, ambas no tuvieron respuestas y la estudiante tuvo que manejar otra media hora para lograr hacer un nuevo formulario y luego volver a ir a la universidad para hacer la entrega.

Ante un evento tan molesto, pero lamentablemente tan común a nuestra rutina, quiero compartir con ustedes varias preguntas: ¿Cuántos trámites y procesos sinsentido tenemos que realizar en Bolivia? ¿Qué intereses o taras mentales nos impiden modernizarlos, mejorarlos o eliminarlos? ¿Estamos condenados a ser un país con ciudadanos e instituciones que se bloquean y se trancan unos a otros? ¿Estamos dispuestos a vivir asumiendo costos ocultos, elevados e innecesarios en nuestras transacciones diarias? ¿Quiénes se benefician de tanta ineficiencia?

Este tema no es sencillo de abordar porque no existen razones únicas para explicar el fenómeno, de hecho, implica muchos aspectos variados: corrupción institucionalizada, atraso en la digitalización de procesos, cultura amante de las fotocopias y el papel innecesario, etc. 

A modo de abrir el debate quiero limitar estas líneas a lanzar una lista que se me ocurre de trámites absurdos y complejizados de forma exagerada y abusiva, que consumen horas, recursos y paciencia de los ciudadanos:

  1. Certificado de estado civil o soltería 
  2. Fichas médicas de cajas de salud
  3. Certificados de antecedentes 
  4. Renovación de carnet de conducir
  5. Renovación del carnet de identidad 
  6. Registro a clases (universidades públicas y privadas)
  7. Inscripción a universidades
  8. Trámites Fundempresa
  9. Inscripción en colegios públicos
  10. Certificado de “vivencia”

Sería injusto decir que no ha habido mejoras en algunos de los trámites que cito más arriba, sin embargo, caben aún muchísimas mejoras y simplificaciones para bienestar de las personas, su tiempo, su economía y su salud (seguimos en pandemia, no deberíamos estar apiñados en cuartos sin ventilación). 

Si las mejoras no vienen por parte de los dueños de los procesos y las instituciones que los promueven, como ciudadanos estamos obligados a arrancar los cambios con propuestas y sin dar tregua a lo ilógico y sinsentido. Somos un país suficientemente pobre como para aguantar el dilapidar recursos tan valiosos como tiempo y dinero. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Percy Añez Castedo

Humanista. Msc en administración de empresas

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