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Cuando usted amable lector lea este mi ejercicio semanal de libertad de expresión, la Copa Mundial 2026 habrá entrado ya al baúl de los recuerdos; los qué para mi gusto irremediablemente futbolero, quedan valiosamente atesorados. Y es qué durante este más de un mes absolutamente gobernado por el fixture y sus oleadas, la humanidad ha disfrutado ya no solamente por la TV sino por las RRSS además de los partidos en vivo y en directo, de toda la “fauna y flora” o “folklore” futboleras.
Cierto es que no todos lo disfrutan con el mismo grado de intensidad, a muchos no les gusta o hasta podrían rechazarlo (alguien incluso decía que fuera el opio del pueblo, puro circo en vez de pan o la guerra simulada, etc) y tener profundas dudas de la integridad de la FIFA; pero aun así les habrá sido muy pero muy difícil abstraerse de toda la fiesta global que ha generado. Pese a que el mundo ha seguido funcionando, incluyendo el dolor del terremoto de Venezuela, los dislates del que sabemos, guerras, genocidios y otros temas imposibles de ignorar, incluyendo las indignas filas que por horas los ciudadanos bolivianos nos vemos obligados hacer cada semana, para algo tan simple como cargar combustible y hacer funcionar la economía del país, circular o lo que veamos por conveniente.
Y es que el fútbol y su máxima expresión como es la Copa Mundial cada 4 años no es solamente un simple espectáculo deportivo de los “mero meros” circunscrito al deporte rey. Ha superado todas esas expectativas con las que seguramente el siglo pasado inició y hoy, en un mundo absolutamente globalizado (aplica luces y sombras) se ha convertido en una de las mejores expresiones y exhibiciones de esa cultura global, qué -para mi gusto, como ciudadano del mundo- le da aún mayor llajuita a ese bello deporte.
Y si no, díganme si no disfrutamos del barco noruego y sus remeros, de los escoceses hinchando con sus kilts (faldas tradicionales) tocando sus espectaculares gaitas, las vuvuzelas sudafricanas, las olas mexicanas, las batucadas brasileñas, el delirio de las barras gauchas incluyendo sus trapos y bombos y, así sucesivamente, todas esas expresiones locales amplificadas globalmente no solamente en las gradas de los bellísimos estadios, sino en sus “fan zones” organizadas en sus alrededores y hacia la aldea global transmitida y reproducida por todos los medios.
Cierto es también que no todo es disfrute y diversión. La FIFA no solamente ha globalizado su deporte, sino también lo ha explotado y exprimido hasta límites jamás antes vistos. Qué hoy sea una danza vertiginosa de millones de millones de dólares que produce o explota es innegable: ¿Sería lo que es hoy sin esa lógica? No lo sé, pero supongo que fuera muy difícil; pero al final del día, el fútbol hoy por hoy incluyendo a su máxima expresión como es la Copa Mundial pasando por los otros torneos regionales, etc; se ha convertido en una de las mayores, mejores y más disfrutables prácticas de la cultura universal.
Me dirán: ¿Y qué de la literatura, del cine, la música, la gastronomía o de otras artes? Por supuesto que jamás las ignoraría -además de también disfrutarlas, por supuesto- más sumando todos esos disfrutes que la humanidad desarrolla y perfecciona día que pasa, la cultura futbolera suma y multiplica, descontando también sus horribles expresiones de las que no está libre: racismo, violencia, etc.
Como Abogado (uno no puede pues con sus amores) escojo ampliar lo favorable y restringir lo odioso; así que me doy aquí el gustito de escribir y ofrecerles mi opinión futbolera. Somos ciudadanos del mundo y me declaro privilegiado de haber disfrutado una vez más de esa cultura futbolera que pese a todo, nos une más que separa y nos hace disfrutar de todo lo que nos ofrece. Es que: “El fútbol no es un juego, es magia”. David BECKHAM



