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El verdadero examen de la educación

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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Hace siete años escribí en este espacio sobre la necesidad de medir la calidad de la educación boliviana. En aquella oportunidad señalé que participar en evaluaciones internacionales era un paso indispensable, pero apenas la punta del iceberg. Hoy tenemos una buena noticia: Bolivia comienza esta semana a aplicar el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE), coordinado por la UNESCO.

Más de 16 mil estudiantes de tercero y sexto de primaria serán evaluados en lectura, escritura, matemáticas y ciencias. Los resultados, previstos para 2027, permitirán conocer mejor nuestra situación educativa. Celebro esta decisión, pero quisiera plantear una pregunta más importante: ¿qué haremos después de conocer los resultados, los cuales ya podemos anticipar?

Los antecedentes preocupan. En el diagnóstico educativo de 2017, aproximadamente nueve de cada diez estudiantes de sexto de primaria se encontraban en los dos niveles inferiores de desempeño en matemáticas. En lectura, la proporción era cercana a ocho de cada diez. Estos resultados no describen necesariamente la situación actual, pero justifican evaluarnos nuevamente.

Como profesor universitario, he manifestado varias veces mi preocupación por las dificultades de comprensión lectora, expresión escrita y razonamiento que observo en numerosos estudiantes. No es una crítica a los jóvenes, sino una inquietud sobre las oportunidades educativas que les hemos proporcionado.

El desafío es todavía mayor por la inteligencia artificial (IA). Esta tecnología puede redactar textos, realizar cálculos y procesar información, pero utilizarla no equivale a comprender sus resultados. Un estudiante con dificultades de lectura o razonamiento tendrá problemas para evaluar críticamente las respuestas de una máquina. Lejos de volver innecesarias las competencias fundamentales, la revolución tecnológica hace más urgente desarrollarlas.

Aquí aparece una paradoja. Podemos realizar una evaluación impecable, publicar sus resultados y continuar enseñando de la misma manera. Habremos aprendido sobre nuestra educación, pero no necesariamente conseguiremos que nuestros estudiantes aprendan más.

Entonces, ¿qué podemos hacer concretamente?

Primero, que las autoridades educativas publiquen los resultados del ERCE oportunamente, incluyendo diferencias territoriales y socioeconómicas cuando la muestra permita estimarlas. Además, que establezcan una evaluación nacional periódica para seguir los avances sin esperar otra prueba internacional.

Segundo, identificar las competencias más rezagadas y concentrar inicialmente los esfuerzos en lectura y matemáticas. Los trabajos de los premios Nobel Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer muestran que enseñar según el nivel real de aprendizaje, mediante tutorías y grupos de refuerzo, puede generar mejoras importantes.

Tercero, implementar durante un año escolar programas piloto en unidades educativas seleccionadas de distintos departamentos, con diagnósticos iniciales, capacitación docente, tutorías semanales y evaluaciones de progreso. La IA podría apoyar la preparación de materiales personalizados, sin sustituir al maestro.

Cuarto, comparar rigurosamente los resultados con establecimientos similares que todavía no reciban la intervención. Si los estudiantes mejoran efectivamente sus competencias, ampliar progresivamente el programa. Si no funciona, corregirlo o abandonarlo.

Finalmente, asignar responsables, presupuesto, metas verificables y publicar anualmente los avances. No necesitamos necesariamente otra institución ni una reforma curricular completa. Necesitamos que las existentes aprendan a mejorar los resultados y sostengan las intervenciones efectivas más allá de los cambios políticos.

Los estudiantes rendirán su examen estos días. El verdadero examen será para nuestras instituciones cuando reciban los resultados. Ojalá esta vez no nos conformemos con conocer nuestras calificaciones como fue con la evaluación anterior, sino que aprendamos a mejorarlas.

La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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