OpiniónEconomía

Al consumidor le cambiaron las reglas, las empresas o se adaptan o mueren

Carlos Hugo Barbery Alpire

Economista DAEN. Certified Pricing Professional (CPP).

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Durante años, muchas empresas bolivianas construyeron sus estrategias sobre supuestos que parecían inamovibles: precios relativamente estables, un tipo de cambio fijo, acceso previsible a divisas, costos controlables y una economía internacional que, pese a sus tensiones, permitía planificar con cierta normalidad.

También apostaron al up-trading, es decir, consumidores dispuestos a migrar hacia marcas premium, presentaciones de mayor valor y experiencias de consumo superiores. Hoy, esas certezas ya no pueden darse por sentadas.

El nuevo escenario económico exige revisar una premisa fundamental: no basta con vender lo mismo a un precio mayor; hay que volver a pensar qué valor puede ofrecerse a un consumidor cuya capacidad de compra está bajo presión.

Los compromisos asumidos por Bolivia en el marco del programa de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntan a corregir desequilibrios fiscales y externos, reconstruir reservas, flexibilizar el régimen cambiario y reducir los subsidios. Aunque estas medidas buscan recuperar la estabilidad y sentar las bases de un crecimiento sostenible, su implementación implica costos de transición para hogares y empresas. El encarecimiento de la energía, el transporte y los bienes importados presiona los precios, mientras la incertidumbre cambiaria dificulta anticipar costos de reposición y márgenes sostenibles.

Para las familias, esto significa que el ingreso disponible alcanza para menos y obliga a priorizar cada vez con mayor precisión. Para las empresas, significa que las decisiones de compra cambian, incluso cuando el cliente sigue necesitando el producto. La lealtad a una marca, la preferencia por una presentación premium o la disposición a pagar por conveniencia pueden ceder ante una necesidad más inmediata: hacer ‘que alcance la plata’.

En este contexto, el up-trading da paso al down-trading, o lo que equivale a elegir formatos más pequeños, marcas más económicas, promociones o productos esenciales. No se trata necesariamente de un consumidor menos exigente, sino de uno que evalúa con mayor rigor cada centavo que va a gastar. La propuesta de valor deberá demostrar que merece el precio que cobra.

La respuesta empresarial no puede limitarse a trasladar los mayores costos a los productos, si solo de eso tratara el ‘pricing’ ninguna empresa estaría en problemas, lo que necesitan es rediseñar sus portafolios con alternativas para distintos niveles de ingreso, ajustar tamaños y formatos, desarrollar opciones accesibles sin sacrificar calidad esencial y revisar sus canales de distribución, fortaleciendo la productividad, renegociar eficiencias en la cadena de suministro y comunicar con inteligencia las razones de sus decisiones de precio.

La planificación debe cambiar con la misma profundidad, pues un tipo de cambio fijo ya no es un supuesto incuestionable; la estabilidad de precios debe tratarse como una variable a monitorear, no como una garantía, en otras palabras, hay que estar con el pulso en el mercado y en el cliente, sabiendo que pueden divergir. Del mismo modo, la normalidad geopolítica internacional dejó de ser una base confiable: conflictos, restricciones comerciales, variaciones en los precios de materias primas y disrupciones logísticas pueden alterar costos y abastecimiento en cuestión de pocas semanas.

Por ello, las prospectivas empresariales deben incorporar escenarios alternativos, pruebas de sensibilidad y estrés, políticas de inventario flexibles y alertas tempranas sobre divisas, costos, demanda y márgenes. Planificar no significa adivinar el futuro, sino preparar respuestas antes de que los cambios obliguen a improvisar.

Bolivia atraviesa una transformación que no se resolverá únicamente desde la política económica, sino que requerirá de empresas capaces de interpretar al consumidor, innovar bajo restricciones y competir con propuestas pertinentes. En tiempos de incertidumbre, la ventaja no será necesariamente de quien tenga el precio más bajo, sino de quien comprenda mejor qué puede y qué necesita comprar su cliente, y tenerlo con antelación, será más que nunca un factor crítico ya no de éxito, sino de supervivencia.

La adaptabilidad dejó de ser una virtud complementaria. Es una condición para sostener la excelencia comercial, proteger la rentabilidad y construir confianza. Porque cuando cambia la realidad de un país, las empresas que sobreviven y crecen no son las que defienden sus antiguos supuestos, sino las que se atreven a rediseñar su oferta antes de que el mercado las obligue a hacerlo, pues la razón porque se llama ‘demanda’ es porque ‘manda’ y en consecuencia el mejor ejercicio más allá de los ‘dashboard’ es que cada integrante del equipo de trabajo tome decisiones pensando como si lo haría con su propio dinero.

La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo.


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Carlos Hugo Barbery Alpire

Economista DAEN. Certified Pricing Professional (CPP).

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