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Jóvenes en ciencia y las estadísticas

Cecilia González P.

Biotecnóloga - Divulgadora científica

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Pocas jóvenes mujeres toman la iniciativa de elegir una carrera en las áreas científicas. No haré mucho énfasis en las de ingeniería y tecnología en esta ocasión, debido a que ambas áreas tienen más apoyo en cuanto a programas de promoción, cursos gratuitos y hasta el interés de gobiernos municipales.

Pero las carreras de ciencias y matemáticas, sin contar la de medicina y enfermería en el campo de la salud, son las menos elegidas y buscadas. Uno de los factores que pesa mucho en esta elección son los exámenes de admisión, que evidente, son un poco más complejos y esto ya desalienta a muchos. No es un misterio, cada año, los jóvenes en Bolivia tienen una peor formación en las materias de matemáticas, química, física y biología.

Fuera de las ciudades, pocos varones se animan a postular a carreras en ciencia, y si hay fortuna, quizás 1 mujer se anime a postular a medicina, dejando de lado cualquier otra carrera en ciencia, por no tener información de alternativas y porque socialmente está aceptado de que un profesional en medicina “siempre tendrá trabajo”.

Podemos hasta el desgaste traer a la mesa las estadísticas de la UNESCO y  las pocas que hay en Bolivia para seguir con el discurso de “no hay igualdad de género” en cuanto a carreras científicas. Pero nunca leo propuestas serias o análisis de coyuntura sobre qué genera esta “desigualdad”.

Algunas veces se culpa a la Iglesia Católica de contribuir a esta disparidad. Al parecer nunca descubrieron los tratados de Santa Hildegarda de Bingen sobre medicina y farmacéutica natural. Desconocen a Laura Bassi, la primera profesora en física en una universidad europea, o a María Gaetana Agnesi que además de ser la primera profesora de matemáticas en la universidad de Bolonia, era políglota y autora de un libro de cálculo.

Gerty Radnitz Cori, fue la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1947. La monjita Miriam Stimson que tuvo mucho que ver con el descubrimiento del ADN y que a pesar de usar su hábito, este no le impedía que ella entrara en su laboratorio donde realizó trabajos con espectroscopia infrarroja.

Hasta el siglo 19, muchas mujeres optaron por otro rol, que hoy en día parece ser una aberración: el cuidado de la familia. Con la revolución industrial y los tiempos donde la mujer se ve forzada a salir a trabajar, además de que la educación básica se vuelve universal y obligatoria, las preferencias empiezan a cambiar.

En el área de formación académica, he descubierto los trabajos de varones y mujeres que siempre han logrado inspirarme. Destaco algunas mujeres fundamentales para mi disciplina: Brigitte Askonas, que desarrolló los primeros anticuerpos monoclonales; Janet Mertz, quien creó la primera pieza de ADN recombinante; Margarita Dayhoff es reconocida como la fundadora de la bioinformática.

Ellas dedicaron su tiempo a investigar. No andaban pendientes de estadísticas ni protestas de “desigualdad de género”. Claro que les costó posicionarse y hacer caso omiso a la cantidad de burlas que les habrán hecho en su tiempo algunos colegas. Pero es esta resiliencia la que llega inspirar.

No solo pesa el hecho que poco o nada se conoce de investigadoras bolivianas. También está el otro obstáculo, que desalienta a mujeres y varones por igual: la oferta laboral. Añada la mala formación escolar básica y falta considerar el contexto familiar y social que rodea a muchas jóvenes en Bolivia, para que podamos empezar a entender el por qué tan pocas jovencitas eligen una carrera en ciencia. Cuando se entienda los factores que desalientan a mujeres  y varones de escoger el campo científico en Bolivia, quizás podamos tener acciones reales.

El desarrollo científico en Bolivia, aún carece de inversión y la relación Universidad-Industria-Gobierno se debe generar y ser fortalecida. Se deben superar los obstáculos políticos y mejorar la malla curricular de la educación básica, para promover una mayor concentración de estudiantes en ciencias básicas y disciplinas relacionadas con la ciencia. Quizás entonces, las estadísticas empiecen a cambiar.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Cecilia González P.

Biotecnóloga - Divulgadora científica

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