OpiniónPolítica

(Parte III) La Batalla de Bahía, un duelo a muerte y Gramsci contando la historia

Marcelo Añez Mayer

marczmay@gmail.com

Escucha la noticia

“Yo no sé si feliz o infelizmente me cupo intervenir en la segunda revolución separatista acreana, combatiendo a los rebeldes con la “Columna Porvenir”

Nicolás Suárez Callaú, Cachuela Esperanza, 1926.

 

“—No, divino Ulises —le repliqué—. La Historia no la hacen los héroes, la crean quienes la narran y lo dejan por escrito”

Juan Miguel de los Ríos, La tejedora de Odiseo.

Parte 3

 

Después de Bahía

A la Batalla de Bahía siguieron batallas menores, escaramuzas y tiroteos varios. La última y también la más importante por el efecto desmoralizador que tuvo para Bolivia fue la pérdida de Puerto Acre en enero de 1903. Que más que batalla fue un sitio que duró por más de 9 días hasta que finalmente el delegado presidencial, Lino Romero (tipo incompetente, arrogante y autoritario[1]), capituló y entregó el puerto a Plácido de Castro el 24 de enero de 1903.

El presidente Pando se hallaba en camino, había salido de La Paz el 26 de enero y recibió la noticia el 5 de febrero en Manuripi (no había WhatsApp). Pando tenía bajo su mando a la mitad del batallón 5to de línea con 150 hombres, y por otra ruta avanzaba el coronel Ismael Montes liderando el batallón 1ro conformado por 400 soldados. Entre las fuerzas de Pando y Montes, sumadas a los 114 hombres de la Columna Santa Cruz y los 250 con los que para entonces contaba la Columna Porvenir, las fuerzas totales de Bolivia en el Acre no llegaban a 1.000 combatientes.

Recordemos que en 1867, Brasil -en ese entonces imperio- sabedor del descontento de Melgarejo por los acuerdos al interior de la Triple Alianza que tocaban límites territoriales que Bolivia disputaba y de su simpatía con Paraguay, y sobre todo con el objetivo de mantener y garantizar la neutralidad boliviana, dio curso a un tratado limítrofe con Bolivia: el Tratado Muñoz-Netto, o Tratado de Ayacucho de marzo de 1867. En los 33 años siguientes esos límites nunca fueron cuestionados.

La idea del acuerdo con The Bolivian Syndicate[2] era, por supuesto, mejorar para Bolivia la recaudación de impuestos en la lejana zona gomera. Pero no sólo eso sino también, y sobre todo, impedir que Brasil se adueñe del Acre interponiendo para ello los intereses de dos grandes potencias[3] frente a los intereses brasileros, para protegerse así Bolivia del afán expansionista del poderoso vecino. Esto, para el ministro de negocios extranjeros de Brasil, el barón de Rio Branco, resultaba intolerable por considerarlo una “enajenación parcial de soberanía en favor de una compañía extranjera” sobre unos “territorios en disputa”. Lo que, por supuesto, era mentira. El tema de fondo era y fue siempre la riqueza de los gomales bolivianos en el Acre, que Brasil deseaba quitarle a Bolivia.

Fue entonces cuando, el mismo 24 de enero de 1903 de la caída de Puerto Acre, ya sin el disfraz de revoluciones secesionistas de por medio, Brasil mostró los dientes. El barón de Río Branco dio un ultimátum[4] a Bolivia y surgió de pronto el riesgo de entrar en un enfrentamiento directo con Brasil. Algo que el país no podía permitirse sin jugarse su propia existencia como nación independiente. El ultimátum de Río Branco venía en serio: seis buques de guerra movilizados y el desplazamiento y concentración de tropas brasileras en Corumbá le dieron la capacidad persuasiva necesaria para apurar un acuerdo inmediato de alto al fuego (por cuatro meses), al que se llamó modus vivendi.

La última semana de febrero de 1903 la situación del Acre lucía tan complicada para Bolivia que el gobierno intentó rescindir el contrato con The Bolivian Syndicate, pero Mr. Whitridge se opuso alegando que el plazo de 12 meses estipulado en el contrato no había vencido. Avelino Aramayo y Florian Zambrana, constructores principales del acuerdo con The Bolivian Syndicate, exigieron entonces la presencia del sindicato en el Acre esperanzados en que la toma de posesión del territorio por parte The Bolivian Syndicate hiciera en última instancia funcionar la estrategia de contener al Brasil. Ante tanta insistencia el sindicato accedió. Envió una comisión desde Londres al Acre presidida por un tal Mr. Lee, joven inepto y pusilánime (en palabras de Florian Zambrana[5]) que no consiguió ninguno de los objetivos. Ocho días antes de que venza el plazo -y pese a que el contrato prohibía expresamente la trasferencia o cesión a un gobierno o estado extranjero- The Bolivian Syndicate “vendió” acciones al gobierno brasilero por 114.000 libras esterlinas, evitando el Brasil con esta maniobra la desaparición del pretexto y neutralizando la estrategia boliviana. Los gringos de The Bolivian Syndicate dejaron a Bolivia desprotegida e hicieron tremendo negocio embolsillándose unos quince millones de dólares actuales sin haber puesto un peso, traicionando al país que los consideró como una opción seria y honorable.

Justo cuando se preparaba una gran ofensiva boliviana desde la barraca Puerto Rico, en abril de 1903, el general Pando marchaba en esos aprestos desde la barraca Trinidad hacia la barraca Palestina (cuartel general del ejército boliviano) cuando la lancha Braillard le dio alcance navegando el río Orton para entregarle un mensaje sumamente urgente e importante. El mensaje le dejaba saber que el 21 de marzo pasado se había pactado un cese inmediato de hostilidades entre Bolivia y Brasil, el modus vivendi. Cesaron de inmediato las operaciones militares. Por lo que el 11 de mayo de 1903 se licenció (disolvió) a la Columna Porvenir. Meses después, el 17 de noviembre de ese mismo año 1903, se firmó el tratado de Petrópolis que puso punto final al entuerto amazónico, cuyo resultado para Bolivia fue la pérdida[6] de 191.000 Km2. Un territorio más grande que Uruguay.

El Tratado de Petrópolis, al que también se llamó tratado “de permuta de territorios y otras compensaciones”, establecía que Bolivia recibiese como compensación dos millones de libras esterlinas para la construcción de ferrocarriles. Con ese dinero se construyeron los 366 Km del ferrocarril Madeira-Mamoré que va de Porto Velho a Guajará-Mirim (lado brasilero del Mamoré, frente a Guayaramerín). Construcción que costó la vida de al menos 6.000 trabajadores de veinte nacionalidades distintas, y unos 150 millones de dólares actuales, y que concluyó en 1912. Semejante pérdida de vidas humanas e inversión de dinero, en la práctica resultaron inútiles porque para entonces los precios de la goma estaban ya en caída libre y el negocio amazónico empezaba su agonía[7]. Se repitió lo de la quina, Inglaterra “importó” semillas y desarrolló plantaciones en sus colonias. Gracias a lo que hoy se conoce como “el acto de biopiratería más grande del siglo XIX y quizá de la historia”: el robo de 70.000 semillas de hevea brasiliensis del Brasil perpetrado por el botánico inglés Henry A Wickham en 1876, hizo posible que Inglaterra -principal mercado- produzca su propia goma en sus colonias  de Malasia, que resultó siendo de mejor calidad que la de la amazonia y más barata por estar la producción bastante más cerca de los mercados europeos. Por lo que de pronto, entre 1912 y 1913, la codiciada goma antes escasa se tornó abundante, y la sobreoferta derrumbó el precio en el mercado internacional. La belle epoque gomera llegó a su fin.

Un duelo a muerte por la verdad histórica

Se ha podido reconstruir la Batalla de Bahía con relativa precisión gracias a una conferencia dada en 1922 por el excombatiente, para entonces coronel, Federico Román[8]en la Sociedad de Beneméritos del Acre en La Paz,  publicada luego en la Revista Militar, titulada: “La acción de la Columna Porvenir en la campaña del Acre”. Pero la reconstrucción de la batalla fue posible no gracias a la conferencia en sí, sino a la reacción contraria que provocó esa conferencia.

Sucede que lo dicho en la conferencia indignó profundamente a algunas personas. Según el coronel Román, por ejemplo, Nicolás Suárez estuvo dispuesto a entregar Bahía a los brasileros si estos le devolvían las mercancías que allí se almacenaban. Y además, afirmó que Nicolás Suárez amenazó a las compañías 1ra y 2da de la propia Columna Porvenir con atacarlas con la 3ra y 4ta,  si las primeras dos no suspendían el fuego y se retiraban de la batalla. Por eso la conferencia generó un alboroto. Y además, también, porque en líneas generales Román sobredimensionaba su propio rol por encima y en desmedro del de los demás[9]. Mentiras y graves acusaciones que de no ser refutadas a tiempo habrían quedado grabadas en la historia dejando a Nicolás Suárez mal parado. Estigmatizado como un empresario ruin, cobarde y antipatriota.

Nicolás Suárez Roca

Entre los principales ofendidos por las afirmaciones de Román estuvo, naturalmente, Nicolás Suárez, y su hijo. Este último, Nicolás Suárez Roca[10], asumió como propósito personal establecer la verdad histórica para la posteridad, por lo que propuso a Román mediante carta abierta, publicada en febrero de 1923 en la Gaceta del Norte de Riberalta, acudir ambos ante un Tribunal de Honor. Román rechazó la propuesta.

Y además, cosa de no creer, desafió a un duelo a muerte a Nicolás Suárez hijo. Un recurso válido y legal en esos tiempos (cuya reinstauración habría que evaluar en estos tiempos en los que se agrede gratuitamente desde las redes sociales). Como establecía el protocolo de los duelos, ambos nombraron padrinos. Román designó a un Sr. Núñez del Prado y a un Sr. Velarde. Y por el lado de Nicolás Suárez hijo, se nombró a un Sr. Frerking y a un Sr. Leigue.

Luego de meses en que fueron y volvieron cartas, notas y actas entre los padrinos de Román y Suárez hijo, el duelo finalmente no se realizó. Se acordó entonces acudir a un Tribunal Supremo de Guerra, pero poco después surgió una nueva discrepancia entre las partes respecto al alcance y competencia de ese tribunal. Siete meses después de la carta abierta, en agosto de 1923, quedó claro que no habría duelo ni tribunal ni nada.

Lo que sí hubo fue un libro. Para poder dejar establecida la verdad histórica Nicolás Suárez hijo terca y acertadamente recurrió a todos los sobrevivientes de la Batalla de Bahía que quedaban en 1923 y les pidió su versión escrita de los hechos. Las reunió todas, incluyendo el testimonio de Nicolás Suárez Callaú, su padre, e hizo publicar todo eso en un bello y valiosísimo libro llamado “Anotaciones y documentos sobre la campaña del Alto Acre 1902-1903”, editado lujosamente en Barcelona y publicado por primera vez en 1928. Es llamativo que a pesar de esa amplia documentación, confiable y precisa, se haya escrito tan poco sobre la Batalla de Bahía.

 

Gramsci contando la historia

Antonio Gramsci, intelectual marxista italiano de mediados del siglo XX, sostenía que quien pretendiese la conquista del poder político debía primero conquistar el poder cultural. Es decir, antes que nada, empezar por preparar el terreno en la opinión pública moldeando sus valores culturales, sus creencias. Para lo que, por supuesto, es indispensable controlar toda manifestación cultural posible[11]. Entre ellas, claro, la historia. Esto puede lograrse, según Gramsci, mediante la acción concertada de intelectuales militantes (periodistas, profesores, actores, Etc.) que disimuladamente se agazapan en la sociedad para sembrar, machacar, validar entre sí, y para finalmente instalar en la ciudadanía las creencias que convienen al poder político que desea establecerse, o permanecer. Eso, en la jerga moderna, equivale a tener el control de la narrativa.

Cuando hoy uno menciona la Batalla de Bahía, asoma primero en la recordación el nombre de Bruno Racua. Declarado héroe nacional en 2003, con estatua en Cobija e Ixiamas, y al centro del billete de 50 Bs.. Mientras que la figura de Nicolás Suárez flota tenue en la memoria colectiva, acaso como un distante financiador de la Columna Porvenir. Cuando es un hecho probado que Nicolás Suárez no sólo financió la Columna Porvenir -la más temida por los enemigos-  sino que organizó y dirigió la defensa desde el campo de batalla. Y que fue además suya la idea de usar flechas incendiarias como último recurso. Que sin Nicolás Suárez la pérdida de territorio boliviano en el noroeste hubiera sido mucho mayor.

También, al fondo, relegado al olvido, poco o nada se sabe del primer comandante, Simón Moreno, de una capacidad organizativa impresionante. Y sobre todo de una valentía y firmeza que no merecen semejante injusticia. La verdad es que Bruno Racua ni siquiera es mencionado en las memorias de Nicolás Suárez. Tampoco en las del segundo comandante militar, Luis Moreira. Es más, el primer comandante militar de la Columna Porvenir, Simón Moreno, identifica al autor del flechazo incendiario como Juan de Dios Aguada. No como Bruno Racua[12].

A lo mejor es así porque Bruno Racua era indígena, de la tropa y nacido en Ixiamas, que está en La Paz. Mientras que Nicolás Suárez y Simón Moreno eran, potentado el primero y comandante militar el segundo. Ambos de Santa Cruz. Con lo que es posible que la omisión sea deliberada. Que se busque resaltar lo que conviene e invisibilizar lo que no, en un intento de reescribir la historia, falsearla, para glorificar una imagen útil a un determinado proyecto político de aspiración perpetua y hegemónica. Gramsci estaría orgulloso de sus discípulos.

Empire builder

Nicolás Suárez Callaú nació en Santa Cruz de la Sierra el 10 de septiembre de 1851, hijo de Rafael Suárez y Dolores Callaú, quienes concibieron un total de 8 hijos: 6 hombres y 2 mujeres: Francisco de Paula[13], Pedro[14], Gregorio[15], Rómulo[16], Antonio, Petrona, Lutgarda y Nicolás. La extensión de la familia y que ésta se haya dado modos para funcionar como un equipo de trabajo cubriendo tan vasto territorio, ayudó sin dudas a construir el imperio que la Casa Suárez llegó a ser.

Es casi seguro que Nicolás Suárez no haya concluido sus estudios primarios. Huérfano de padre poco antes de cumplir los 12 años, eventualmente partió hacia Trinidad para unirse a sus hermanos mayores que se hallaban ya inmersos en el negocio de la exportación de la “cascarilla” a Europa. La tal “cascarilla” no es otra cosa que la corteza del árbol de la quina, poseedor del alcaloide quinina, que se usaba y se usa desde tiempos prehispánicos para curar la malaria o paludismo. Cuando tenía alrededor de 20 años se estableció en Reyes. Como a todos los demás hombres de empresa de esa parte de la amazonia, el colapso del negocio de la cascarilla en 1870 lo obligó a reinventarse. En marzo de 1882, con 30 años, empezó a establecerse en Cachuela Esperanza: que fue puerto, centro de operaciones, mini trasbordo ferroviario y su lugar en el mundo. Para entonces era ya un reconocido comerciante y batelonero (trasportista fluvial) que tenía fama de metódico, de pocas palabras y determinado a explorar en soledad territorios desconocidos en ese entonces.

Nicolás Suárez Callaú

Su fortuna la construyó paso a paso. Con mucho trabajo y tenacidad, con aversión por el lujo y la ostentación, sin vicios, con paciencia y suerte.  En los primeros años intuyó acertadamente que el boom de la goma -como antes el de la cascarilla- no duraría para siempre. Que en algún momento un país poderoso arrebataría el negocio, o surgiría una competencia en forma de plantaciones más cercanas a los mercados (lo que terminó sucediendo).  Por eso en su elección de business model priorizó la rentabilidad y no los ingresos masivos por venta de goma. No se ató a grandes inversiones y deudas. Se enfocó más bien en el rápido y gran retorno que podrían darle el comercio y el transporte, para lo cual estaba especialmente dotado como gran conocedor que era de la red fluvial amazónica y de sus cachuelas y peligros. En los primeros tiempos fue eso: un comerciante y batelonero, oficios que le procuraban grandes ganancias con mínimas inversiones. Trasportaba goma de industriales bolivianos y brasileros desde el profundo noroeste boliviano hasta Manaos o Belem do Pará, y al regreso traía mercancías europeas que se vendían en el doble o triple del costo original (base material del sistema de enganche). Su repentina gran fortuna y liquidez eventualmente le permitieron dar el paso siguiente y convertirse en “habilitador”, en financista. O, dicho en otras palabras; en prestamista de industriales gomeros.

Hasta 1895 no poseía Nicolás Suárez estradas gomeras importantes. Fue a partir de entonces que empezó a hacerse de concesiones, tierras, barracas y ganado, al punto de haber llegado en su apogeo, en 1912, a ser propietario de 8 millones de hectáreas de terreno, 18 mil estradas gomeras, 500 mil cabezas de ganado y 6 lanchas a vapor. Una fortuna estimada aproximadamente en 600 millones de USD en valores actuales. Bien dice Valerie Fifer[17] de Nicolás Suárez cuando afirma que alcanzó la inigualable distinción de convertirse en el único emprendedor de talla internacional que haya surgido del oriente boliviano.

La trágica y temprana muerte en 1897 de Antonio Vaca Diez (con quien se trataba de “primo”) lo encontró no sólo como su principal acreedor, sino también como su albacea. Por gestiones y maniobras harto complejas, y para disgusto de la viuda (su comadre), los activos de  The Orton Rubber Bolivia Co. Ltd., fundada por Vaca Diez en Londres, pasaron a propiedad de Nicolás Suárez. Sucedió más o menos lo mismo con los bienes de Augusto Roca, incluyendo otra viuda contrariada. Lo mismo con los bienes de su hermano Francisco de Paula (fallecido meses antes que Antonio Vaca Diez), y los de todos los demás hermanos, a los que sobrevivió y heredó.

A través de testimonios y documentos se pueden reconstruir algunos rasgos de su personalidad. Tenía el invaluable talento de juzgar acertadamente la esencia de las personas y los acontecimientos, era un tipo perseverante y de pocas palabras, probablemente rencoroso, trabajador incansable, sin vicios, implacable bajo ciertas circunstancias, económico en el gasto personal y generoso con su prole, siempre sencillo y ajeno a frivolidades. Le tocó o supo estar en el momento y lugar correcto, con la edad y la salud adecuadas. Permaneció casi todo el tiempo en el corazón de su negocio, Cachuela Esperanza, y no, como otros prósperos cruceños capitanes de la industria gomera que con las primeras libras esterlinas se mandaron cambiar a Londres o Buenos Aires a vivir y malgastar a todo trapo. Como buen patriarca y caudillo, no podía imaginar un tiempo sin él a la cabeza de su imperio; prestó poca o ninguna importancia a prever la sucesión de su liderazgo.

Nicolás Suárez engendró un primer hijo con una señora de nombre Isabel Bejarano, luego se emparejó con Constanza Roca, fallecida a los 20 o 22 años, después con su cuñada: Albertina Roca (hermana de Constanza), y finalmente se casó con Judith Arias (única mujer con la que se unió legalmente) cuando ella tendría unos 16 años. La conoció por haber llegado Judith muy joven junto a su familia desde Portachuelo hasta esos parajes en calidad de “enganchada” (es decir; semi-esclava por deudas), razón por la cual no siempre fue bien tratada por la élite gomera femenina. Con sus distintas parejas Nicolás Suárez Callaú tuvo un total de 8 hijos[18].

El suizo Ernst Leutenegger, empleado de la Casa Suárez que con el tiempo ascendería a yerno por casamiento con Esperanza Suárez, cuarta hija de su patrón, cuenta un encuentro en Riberalta en 1907 con el rey de la goma. Dice Leutenegger: “Un señor de estatura mediana, enjuto, con una nariz estilo Abdul Hamid y un enorme bigote blanco proverbialmente conocido. Nadie hubiera presumido que tras el hombre vestido con un sencillo traje de lino y modales informales y amables se encontraba el poderoso rey de la goma. Nos invitó a tomar asiento y se sentó frente a nosotros. Pensativo retorció su bigote y nos preguntó cuál era nuestro deseo”.

José Aguirre Achá[19], llegado de los andes al amazonas en 1900 como inspector fiscal en la delegación de Lucio Pérez Velasco, dice de Nicolás Suárez: “El verdadero director de este contingente militar improvisado (la Columna Porvenir) o, mejor dicho, su creador y sostenedor infatigable, fue el acaudalado y poderoso industrial don Nicolás Suárez, a quien se debe casi totalmente la resistencia opuesta a los invasores en este sector del Acre”.

También el presidente José Manuel Pando, en junio de 1903, reconoció y agradeció la patriótica labor de Nicolás Suárez, su cooperación en acciones administrativas y militares en “una escala digna de ser tomada en cuenta por los poderes del estado”.

Cecil Beaton[20] -pese al sesgo sentimental por su tía Jessie- calificaba a Nicolás Suárez como vengativo, sin dejar de reconocer que fue siempre un hombre tenaz y de coraje.

El apoyo económico prestado por la Casa Suárez en el sostenimiento de la Columna Porvenir, y otras cuestiones relativas a las campañas militares en el Acre fue registrado minuciosamente por los administradores; se le llamó “cuenta guerra”. Además se evidenció un perjuicio para la Casa Suárez de 70.000 libras esterlinas, monto bien superior a diez millones de dólares americanos de hoy. Ni la cuenta guerra ni los perjuicios fueron pagados por el estado boliviano.

De Nicolás Suárez se dice, como se dice también de Eduardo Abaroa, que ambos eran prósperos empresarios que no hacían otra cosa que defender sus propiedades. Lo que es cierto. Como también es cierto que esas propiedades eran al mismo tiempo territorio boliviano. Y que ellos, pudiendo -como tantos otros- haber huido ante el peligro, o peor: negociado con el enemigo, eligieron quedarse y pelear. Abaroa murió en la lucha, sin rendirse. Nicolás Suárez ganó la batalla y recuperó territorio nacional.

Nicolás Suárez murió en Cachuela Esperanza un 10 de enero de 1940, tenía 88 años. Con agudeza, el historiador Jose Luis Roca[21] observó que a diferencia de la riqueza minera que edificó ciudades, construyó ferrocarriles y caminos y dio poder político a las élites andinas de la plata, primero, y a las élites del estaño después, la belle epoque gomera no dejó más que recuerdos.  Leyenda oriental de un pasado de selva, lujos, aventuras y crueldad.  Y sin embargo la épica de la goma, encarnada mejor que nadie en Nicolás Suárez, dejó algo igual de importante, o incluso tal vez más: la afirmación de la identidad del cruceño como gente que sabe valerse por sí misma, que no espera que las cosas caigan del cielo, o que se las regale el estado. Hombres y mujeres de temple que se dan modos para adueñarse de su destino. Vocación de libertad e independencia, demostrada una y otra vez a lo largo de la historia.

 

Fin


[1] En palabras del coronel Benjamin Azcui, autor del libro “Resumen Histórico de las Campañas del Acre”, publicado en 1925. Opinión compartida por el Dr. Florian Zambrana, autor del libro “El Acre”, publicado en 1904.

[2] La idea era buena. “El gobierno ha encontrado un medio eficaz, no sólo de ocupar y defender esos territorios, sino de convertirlos en un centro de riqueza y prosperidad, en una fuente importantísima de riqueza, que ha de inundar gradualmente todo el resto del país, mediante el establecimiento de vías férreas y líneas de navegación. El gran movimiento de inmigración de capitales y de energía industrial que se inicia ha de marcar indudablemente el principio de una nueva era de progreso para la república” dice en 1901 Avelino Aramayo, Ministro de Bolivia en Londres.

[3] Refiriéndose a The Bolivian Syndicate, el embajador de USA en Inglaterra de la época, Mr. Choate, decía que no era posible formar otro más poderoso en el mundo.

[4] “El señor Pando, presidente de Bolivia, se propone marchar contra los súbditos brasileros del Acre. El presidente del Brasil ha decidido concentrar tropas en los estados limítrofes de Amazonas y Matto Grosso”.

[5] “El Acre”, Florian Zambrana, publicado por primera vez en 1904.

[6] Pérdida a la que habría que sumar una anterior, más grande. La de los 251.000 Km2 cedidos por Melgarejo al Brasil mediante el tratado Muñoz-Netto de 1867.

[7] Con el dinero de la compensación también se conformó la Comisión Mixta que se encargó de la construcción de la línea férrea entre Santa Cruz de la Sierra y Corumbá, proyecto cuyos trabajos iniciaron en 1938 y concluyeron en 1953 con el arribo de la primera locomotora a Santa Cruz de la Sierra procedente de Corumbá.

[8] Paceño, nacido en 1875. Llegó al noroeste boliviano en 1898 como sargento integrante de la “Comisión Nacional del Aquiry (Acre) y Purús”. Disuelta la Comisión, Román se quedó en el Acre dispuesto a aprovechar los altos precios de la goma en esos momentos, ya convertido en emprendedor civil. Se volvió siringuero, machadinho. Es decir un esforzado y humilde picador de goma en estradas ajenas, bajo la autoridad de un patrón.

[9] En lo que se refiere a la Batalla de Bahía, el coronel Benjamín Azcui en su libro repite las mentiras de Federico Román.

[10] Primer hijo de Nicolás Suárez Callaú, fruto de su unión con su primera esposa Constanza Roca, fallecida a los 20 o 22 años cuando naufragó su batelón en una de las cachuelas del Madera.

[11] Todo arte es propaganda, escribió George Orwell.

[12] En este punto coinciden tanto el escritor Carlos A. Tiburcio, autor del libro “La Columna Porvenir”, como la investigadora María del Pilar Gamarra, autora del libro “Barraca gomera y dominio amazónico, el conflicto del Acre 1899-1903” (entre otros varios libros de historia vinculados a la amazonía boliviana). La única versión de Bruno Racua como autor del flechazo incendiario que el autor de este escrito ha podido encontrar es la mencionada en el libro “Biografía de Nicolás Suárez Callaú del escritor José Luis Durán, citando una entrevista a Nicolás Suárez posterior a la Batalla de Bahía y que supuestamente se encuentra en los archivos de la Casa Suárez. En cualquier caso, acertar en el lanzamiento de una flecha no se equipara, no puede equipararse, a la organización, financiación, conducción en el frente de la Columna Porvenir, ni con la creación de la idea de la flecha incendiaria y el registro de los hecho histórcios en la edición de un libro como “Anotaciones y Documentos sobre la Campaña del Alto Acre”.

[13] Cascarillero convertido en pionero de la goma, afincado en Londres desde 1877 en donde murió de muerte súbita en 1896.

[14] También pionero de la quina, luego gomero y padre de Pedro Suárez Sarabia, marido de Jessi Sisson, inspiradora del libro My Bolivian Aunt del célebre Cecil Beaton.

[15] Asesinado por los caripunas en 1873. Al respecto hay varias versiones, todas coinciden en que Gregorio Suárez yendo o viniendo de Cachuela Esperanza trató de hacer amistad con indios caripunas y se le ocurrió competir al tiro al blanco con ellos, él con revolver y ellos con arco y flecha, cuando de pronto un caripuna giró repentinamente y disparó a Gregorio Suárez hiriéndolo de muerte. No todos los indígenas de la zona tomaron la misma actitud frente al negocio de la goma. Los baures, movimas, tacanas y chacobos, por ejemplo, participaron de una u otra manera en el negocio. Mientras que los caripunas y guarayos nada quisieron tener que ver con los patrones y siringueros, y fueron hostiles a todos quienes invadieron sus territorios.

[16] Precursor de la ganadería en el Beni. Tipo frío y déspota, odiado por mucha gente, asesinado en su casa de Loma Suárez, a 12 Km de Trinidad, en 1908.

[17] “A History of the Bolivian Rubber Boom and the Rise of the House of Suarez”, Valerie Fifer.

[18] Esta faceta personal es tratada con detalle en el libro “Biografía de Nicolás Suárez Callaú”, del escritor José Luis Durán Mendoza, que como encargado del archivo de la Casa Suárez tuvo acceso a valiosos documentos de la época.

[19] El militar y escritor José Aguirre Achá era hijo de Nataniel Aguirre, compuso la canción “En las playas del Beni”. En 1899, fue ayudante de campo del general José Manuel Pando en la mal llamada “Guerra Federal”. Es autor del libro “De los andes al amazonas. Recuerdos de la campaña del Acre”, editado por primera vez en 1902.

[20] “My Bolivian Aunt”, Cecil Beaton, Great Britain, 1971.

[21] “Economía y sociedad en el oriente boliviano”, José Luis Roca, 2001.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


Cuentanos si te gustó la nota

100% LikesVS
0% Dislikes

Marcelo Añez Mayer

marczmay@gmail.com

Publicaciones relacionadas

Abrir chat
¿Quieres unirte al grupo de Whatsapp?
Hola 👋
Te invitamos a unirte a nuestro grupo de Whatsapp