Opinión

La idea del golpe de Estado como estrategia discursiva

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Para el gobierno nacional, cualquier escenario es útil para dejar sentada la idea de que lo acontecido en noviembre del 2019 fue un golpe de Estado. De hecho, algunos opositores, sean de partidos políticos, medios de comunicación, o ciudadanos del espacio llano, caen el en el juego de reaccionar inadecuadamente a dicha idea, constituida en una estrategia discursiva del MAS (gobierno, actores sociales y voceros) que apunta a degradar moralmente, neutralizar políticamente y categorizar como “pititas” -una insípida e intrascendente palabra que sólo busca satanizar-  a todos aquellos  actores sociales y políticos que participaron en  la lucha por la democracia en Bolivia durante 21 días; es más, a propósito, en el MAS confunden al variopinto movimiento ciudadano con el gobierno transitorio.

La recurrencia discursiva a la idea de golpe de Estado, ejercita un defecto de la comunidad de politólogos: el estiramiento teórico. Dicha recurrencia discursiva es una movida táctica para negar un hecho evidente: la cadena de renuncias por parte del oficialismo (MAS) y la necesidad urgente de llenar el vacío de poder (48 horas) con Jeanine Añez en su condición de senadora opositora. Es decir, recurrencia que se puede entender como un elemento constitutivo de una estrategia discursiva que pretende establecer una “verdad histórica” cual sirva de argumento para acometer atropellos autoritarios (incontinencia ante las normas institucionales) y negar la legitimidad de los actores opositores en el futuro mediato. Juego estratégico donde un marco ideológico pretende imponerse sobre la evidencia empírica para evitar las engorrosas refutaciones y críticas de los disidentes y disconformes.

Desde una perspectiva conceptual, “En su tratado filosófico sobre la naturaleza de la guerra, Carl von Clausewitz elaboró la definición, aún válida, de que la táctica es la teoría del uso de las fuerzas armadas en el combate y que la estrategia es la teoría del uso de los combates para el propósito de la guerra (…) plantea, entonces, que el objetivo de la estrategia no es la victoria, que es lo ostensible, sino la paz, que es lo oculto”.

En este sentido, las movidas tácticas son constitutivas de una estrategia discursiva. Veamos. Todas las convocatorias por parte del Ministerio Público para que diversos actores políticos y sociales declaren -de acuerdo al diario El Deber “La Fiscalía tiene previsto convocar a 32 personas de manera progresiva para que presten su declaración informativa”- son indicativas de las movidas tácticas para que el proceso político avance, de forma estratégica, en la dirección marcada por un marco ideológico que busca castigar política y judicialmente a quienes de alguna forma fueron participes en los acontecimientos políticos de octubre-noviembre del 2019. Así, lo que ostensiblemente pretende ser un acto de “justicia”, tiene como objetivo oculto inclinar la cancha para que los “enemigos no estorben en los cinco años de gestión”.

No fue golpe, fue rebelión. Así de simple. La democracia estaba en juego y los ciudadanos aprendieron -después de ver cómo y por qué burlaron su voto emitido en el 2016- que en el 2019 las circunstancias eran propicias para una insurgencia contra la democradura. La democradura se puede entender, de acuerdo a Pierre Rosanvallon (2020), como la justificación democrática de prácticas autoritarias: donde el triunfo del pueblo sobre sus enemigos inmorales, la desvitalización progresiva de las instituciones contramayoritarias, y la verdad contenida en el pueblo versus la mentira contenida por los opositores, son las lógicas políticas-ideológicas predominantes en el discurso político de los gobernantes. 

Con todo, el golpe de Estado como estrategia discursiva tiene sus límites: es un placebo que sirve para acorazar ideológicamente a determinados sectores populares, pero que pretende neutralizar políticamente a todo actor social o político comprometido con los 21 días de lucha democrática y dejar establecida una “verdad histórica” que sirva, en diferentes tiempos, como fundamento político-moral del MAS. Un proyecto político que, con toda legitimidad, está ávido por consolidar su hegemonía y el retorno de Evo Morales.

¿Tendrán alguna idea alternativa y creativa los opositores partidarios?, ¿cuál es la estrategia discursiva deconstructora del golpe de Estado?, ¿existen atisbos sobre emergencia de un nuevo proyecto político serio y responsable? Creo que, aún, no.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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