Escucha la noticia
El 18 de septiembre concluyen los 90 días de la declaración del Estado de excepción y el nivel de agitación política existente en torno a la fecha resulta preocupante.
Sin que hubiera concluido el primer año de ejercicio constitucional del mandato, y estrenando la figura de la segunda vuelta, insisto que tenemos un gobierno cuya fecha de conclusión debe ser el 8 de noviembre del 2030. Esta premisa recuerda, también, que cualquier solución distinta fuera de la Constitución no será aceptada, ni dentro ni fuera.
Sería irresponsable desconocer las “propuestas” que se están discutiendo en torno al acortamiento del mandato y tampoco nos haríamos un favor ignorar las razones que justifican las protestas.
La desproporción entre el volumen de la crisis y los recursos estatales para dar respuestas inmediatas, fueron obvios. La cantidad de promesas y necesidades no se condolía con una caja negra del Estado, cuya magnitud a ciencia cierta resultó descomunal, y, sin embargo, era el objeto del deseo electoral.
Si a ello le sumamos la falta de experticia de los gobernantes y la lista larga de desencuentros, incomodidades y molestias sobrevinientes que se han producido, la ecuación se perfecciona negativamente. Se repite que este no es el gobierno que esperábamos, la totalidad de las medidas adoptadas no han sido las oportunas y las consecuencias de un ejercicio de gestión débil y con señales de corrupción, completan el escenario.
Frente a esa realidad toca apelar a la riqueza acumulada por la democracia que ha mantenido el Estado de erecho aprobando leyes interpretativas para superar las pruebas.
La elección de dos presidentes constitucionales interinos, el reconocimiento como válidas de las elecciones del 1980 y el posicionamiento en 1982 del Congreso que se abría formado, la disminución del periodo de Hernán Siles con la habilitación del vicepresidente Jaime Paz como candidato a la Presidencia sin que hubiera pasado un periodo.
El llamado “triple empate” con el enroque del candidato a la vicepresidencia Luis Ossio Sanjinéz para ejercerla a plenitud. La sucesión presidencial por renuncia del titular con Bánzer y Goni, y el agotamiento de las opciones de sucesión con la elección de Eduardo Rodriguez. Sin duda, ha existido creatividad e ingenio.
Y en materia de pactos, acuerdos, alianzas, la experiencia es exactamente igual de creativa con las combinaciones partidarias de las más contradictorias y festivas y que no vale la pena enumerar porque habría que pasar lista a todas las fuerzas electorales.
El nexo entre la organización política y la solución en cada coyuntura se dio en torno a listados de medidas necesarias e imprescindibles que lograron superar la crisis del momento.
Antes que aparezcan aprendices de brujo proponiendo soluciones mesiánicas, se hace necesario reconocer con firmeza tres condiciones imprescindibles: existe un Presidente constitucional, hay un Parlamento en funciones, conformado por un espectro ideológico de más de 2/3 de los partidos del “centro democrático”. Y hay un malestar creciente de la sociedad que exige orden para trabajar. La construcción de un acuerdo nacional debe ser la prueba que permita combinar estas premisas.
Presidente, todavía existe tiempo útil y usted tiene la responsabilidad y la iniciativa.



