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Los números del caudillo

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A horas del inicio del Mundial 2026, este jueves 11 de junio, los periodistas y programas deportivos nacionales e internacionales mencionan a cada momento la frase: “Los números de…” para referirse al rendimiento de tal o cual estrella del fútbol global o al poderío de determinada selección que buscará alzar la Copa del Mundo en la final a disputarse el domingo 19 de julio. “Los números de…” dan cuenta de la cantidad de goles convertidos; el número de asistencias realizadas; los partidos ganados, perdidos o empatados; las jugadas de gol o cualquier otro aspecto que pueda convertirse en estadística.

En Bolivia, si bien queda el sabor amargo de no haber clasificado al Mundial por la vía del repechaje ante Irak, luego de haber vencido a Surinam, hay jugadores con números que invitan a ilusionarnos. Miguelito Terceros y su fenomenal actuación en la eliminatoria y actualmente en el Santos de Brasil. Ramiro Vaca y su valioso aporte a La Verde, al club Bolívar y ahora al Wydad de Marruecos. Moisés Paniagua, delantero tarijeño de 18 años que fue vital en los partidos del repechaje mundialista, también juega en el equipo marroquí y es pretendido por clubes europeos.

Pero, si de números se trata, en la política nacional, las acciones de los líderes y los partidos también pueden ser motivo de relevamientos estadístico, aunque en la mayoría de los casos no despiertan orgullo colectivo. Y como estamos con la fiebre de “los números de…”, un repaso a los de Evo Morales Ayma en el primer cuarto de siglo XXI para tener una idea de lo que hizo y está haciendo, siempre con el fin de contar con un retrato estadístico y tratar de proyectar el destino del caudillo.

40 días de bloqueos carreteros buscando el derrocamiento del presidente Rodrigo Paz (2025-2030) para abrirse forzadamente la puerta del retorno al poder es el dato más relevante de Morales en este largo momento.

40 días —el presente artículo de opinión terminó de ser redactado el martes 9 de junio— en los que condenó a millones de bolivianos al hambre, al terror y la desesperación solo por su irrefrenable codicia de poder y el pánico que lo invade cuando se imagina  estar frente a la justicia, sobre todo la estadounidense, por diversos delitos como el tráfico de drogas, protección y colusión con organizaciones narco, lavado de activos provenientes del crimen organizado, abusos sexuales y trata de menores, entre otros.

40 días con sus noches que provocaron 11 muertes, la mayoría porque no pudo llegar a un hospital para recibir atención médica de urgencia; pérdidas económicas devastadoras que no solo se cuentan en miles de millones de dólares, sino en personas echadas a la calle por negocios e industrias al borde de la quiebra; millones de alumnos de escuelas y colegios que siguen preguntándose por qué volvieron al modo cuarentena si no hay una nueva pandemia declarada a nivel mundial.

Se dice que el nefasto récord de bloqueos ordenados por Morales en lo que va del siglo XXI se registró entre septiembre y octubre de 2003, en la denominada “guerra del gas”, con 27 días de bloqueos que se saldaron con 68 muertos, 400 heridos y la renuncia y huida de Gonzalo Sánchez de Lozada, además del fin de la era neoliberal en Bolivia.

En el gobierno de Carlos Mesa aplicó 21 días de bloqueos que terminaron en la renuncia del sucesor de Goni el 9 de junio de 2005. Y en el régimen de su delfín electoral, Luis Arce, lo enfrentó con dos bloqueos en un mismo año, el 2024, cuando le disputaba la sigla del MAS y la posibilidad de ser nuevamente candidato a la presidencia. El primero duró 16 días y fue levantado por el carnaval de Oruro y el segundo, entre octubre y noviembre, llegó a 24 días, aunque perdió la sigla y le bloquearon la candidatura.

40 días de bloqueos en 2026, cuando ya concluyó el ciclo electoral boliviano de comicios generales y regionales, y existe un nuevo gobierno que acaba de cumplir siete meses este lunes 8 de junio y gobernantes recién elegidos en los niveles departamental y municipal, solo puede explicarse por el pavor que siente Morales ante la posibilidad de ser detenido y llevado ante la justicia. Es tal su desesperación que está dispuesto a incendiar la casa en la que vivimos 11 millones de bolivianos solo por salvar su pellejo, ni siquiera el de su entorno más próximo.

40 días de bloqueos ruines después de 20 años de populismo autoritario del MAS, 60 mil millones de dólares despilfarrados en la época de bonanza, 221 viajes internacionales realizados con recursos públicos en su régimen de 14 años, dos intentos antidemocráticos por eternizarse en el poder —desconocimiento del referéndum de 2016 y fraude electoral de 2019— y una cantidad incontable de abusos de poder, incluidos los perpetrados contra adolescentes. Los números del caudillo son verdaderamente atroces, aunque falta conocer un dato importante: ¿cuántos años de prisión deberá purgar por todo lo que hizo y le está haciendo al país?

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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