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Si no se mide no se puede mejorar

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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Esta frase es atribuida al físico William Kelvin, más conocido como Lord Kelvin, que habría señalado lo siguiente: “”Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre.”

Permítanme aplicarla a una de las aspiraciones más relevantes: la erradicación de la pobreza. Es tan importante que ocupa el primer lugar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas a nivel mundial; y es también la primera en la Agenda del Bicentenario del país.

Empecemos con la definición de pobre. En la visión más general de la Real Academia de la Lengua, corresponde a “Necesitado, que no tiene lo necesario para vivir”.

Acá viene la primera complicación respecto a qué es lo necesario para vivir. Uno podría pensar por ejemplo en la cantidad de calorías que requiere una persona al menos para cubrir la necesidad alimenticia diaria.

En el caso boliviano aquellos hogares urbanos donde cada persona gana menos de Bs902 por mes se considera pobre. En efecto, según la Encuesta de Hogares 2021 16 mil personas de las 42 mil encuestadas eran pobres; es decir, el 38% de ese grupo.

Sin embargo, las estadísticas oficiales dicen que 36% e la población es pobre, un porcentaje menor al indicado. ¿Por qué esa diferencia? Se debe a que para el cálculo se usan “ponderadores” o factores de expansión. No todas las personas encuestadas pesan lo mismo. Unas equivalen a 40, otras a 4.600 y en promedio cada una representa a 280 personas.

Estos ponderadores vienen de las proyecciones de población que hace el INE, las cuales se basan principalmente en el Censo de 2012. Por el tiempo transcurrido entre desde ese censo y otros factores, el margen de error de la pobreza está en 650 mil personas, que podrían o no ser pobres. Obviamente una actualización censal contribuiría a mejorar la precisión, pero sobre todo a enfocar mejor los esfuerzos para la lucha contra esta carencia.

La pobreza no sólo se mide por el ingreso, sino por las condiciones de vida como la calidad de la vivienda, el acceso a la salud, a la educación, servicios de energía y saneamiento básico. A este conjunto de indicadores se le conoce como Necesidades Básicas Insatisfechas o NBI.

La estadística más actualizada nos dice que 45% de la población tenía esas carencias. Desafortunadamente, esa foto corresponde a 2012, porque esta medición se actualiza con el censo. Por tanto, mientras no tengamos esta operación estadística, no podremos tener una mirada más actualizada de la pobreza NBI en el país.

Lo propio sucede con otro indicador denominado de pobreza multidimensional, construido mediante la metodología desarrollada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa sobre la Pobreza y el Desarrollo Humano de Oxford (OPHI), con varias facetas que comprenden a la salud, educación y calidad de vida.

Nuevamente, la foto más certera se encuentra en 2012, aunque existen actualizaciones con otros indicadores, pero con fuerte énfasis en el anterior censo. El Atlas Municipal de Desarrollo Sostenible tiene una figura clara pero añeja por lo mencionado: la falta de un censo actual

Mi argumento es que necesitamos cuanto antes un censo, no sólo por cuestiones de mejorar la democracia representativa mediante la distribución de escaños y la asignación equitativa de recursos. La lucha contra la pobreza debe ser hecha con los instrumentos y mediciones adecuadas, no con una figura obsoleta que viene por un censo de hace 10 años.

De forma general intuimos qué departamentos han crecido poblacionalmente más que otros y todo lo que ello representa. Pero no podremos tener el mapa de las carencias de la población y dónde se concentra ésta de forma más exacta y actualizada sin la realización de un buen operativo censal.

Eso también se aplica a los criterios de asignación de inversión pública con fines sociales como hospitales, colegios y saneamiento básico.

Más allá de cualquier diferencia, el censo es crucial para medir y combatir la pobreza.


*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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