OpiniónEconomía

Una lección del último Nobel para Bolivia

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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A las 5:43 de la mañana del 12 de octubre desperté para seguir el anuncio del Premio Nobel de Economía 2026. Conozco la obra de los laureados Robert Hall y Michael Woodford. Siempre me llamó la atención el segundo porque es alguien formado también en Derecho y ha producido algunos de los análisis más profundos y técnicamente sofisticados de la macroeconomía moderna.

El premio reconoce contribuciones fundamentales a la teoría de la estabilización macroeconómica. La Academia sueca describe a Woodford como uno de los principales arquitectos del modelo ampliamente utilizado para analizar las políticas monetaria y fiscal.

Detrás de toda esa sofisticación existe una intuición sencilla: las grandes fluctuaciones económicas tienen costos. La inflación alta e inestable, el desempleo y las recesiones deterioran el bienestar y dificultan que una economía utilice adecuadamente sus recursos.

Woodford añadió algo especialmente importante: familias y empresas no toman decisiones mirando solamente el presente. También reaccionan a lo que esperan que harán mañana el Gobierno y el Banco Central. Por eso importan las reglas, la credibilidad y la consistencia de la política económica. Una economía estable no depende sólo de corregir el desequilibrio de hoy, sino de convencer de que no volveremos a recrearlo mañana.

Pero aquí aparece la paradoja boliviana. El punto de partida de Woodford todavía no es plenamente el nuestro. Su marco de análisis ayuda a pensar cómo administrar una economía que dispone de equilibrios e instituciones básicas y enfrenta distintos shocks. Ese no es el caso de Bolivia porque necesita primero reconstruir varios de esos equilibrios.

Durante años pudimos comprar tiempo. La estabilidad era visible con dólar fijo, combustibles subsidiados y desincentivos a la producción. Pero detrás se acumulaban altos déficits fiscales, emisión monetaria y pérdida de reservas. Pero llegó un momento en que postergar la corrección comienza a costar más que hacerla.

¿Significa esto que no existen alternativas? Claro que existen alternativas sobre cómo ajustar: cuánto, a qué velocidad, qué gasto preservar, qué medios utilizar y cómo proteger a la población vulnerable.

Es cada vez más difícil sostener que exista una alternativa para NO corregir. Las reservas son finitas, los déficits deben financiarse y el Banco Central puede crear bolivianos, pero no dólares, combustibles ni exportaciones.

Por eso considero que lo razonable ya no es discutir cómo seguir postergando el ajuste, sino cómo hacerlo de manera ordenada y protegiendo a quienes asumirán sus mayores costos.

El acuerdo con el FMI constituye una ruta concreta para hacerlo. No es solamente un préstamo: contiene lineamientos fiscales, monetarios, cambiarios, financieros y productivos.

Además, no es simplemente una recomendación externa. Las propias autoridades bolivianas presentaron un memorándum de políticas económicas. Además, el programa del Fondo fue autorizado legislativamente. En los hechos, se ha convertido en el programa macroeconómico más explícito, cuantificado y verificable del Estado para los próximos años. A falta de un plan de gobierno ahora es el marco económico del Estado boliviano.

Esto no garantiza su éxito. El propio programa reconoce costos de transición, riesgos sociales y financieros y la necesidad de proteger a los más vulnerables. Tampoco basta sólo con estabilizar. La inversión, la productividad y las exportaciones deberán convertir esa estabilidad en crecimiento porque sin éste podríamos replicar la actual y dolorosa crisis.

Quizá ésa sea la principal lección de Woodford para Bolivia. Primero necesitamos corregir los desequilibrios que acumulamos. Después debemos construir reglas e instituciones que permitan absorber futuros shocks sin volver a recurrir a las medidas equivocadas que nos trajeron acá.

La mejor estabilización no es solamente la que permite salir de una crisis, sino la que evita tener que volver a resolver otra crisis de esta naturaleza.

La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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