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Miradas críticas al desprecio, la discriminación y al modelo de desarrollo y acumulación del MAS frente a Santa Cruz

Aquí un resumen de los editoriales de El Deber, Los Tiempos y del artículo de opinión de Carlos Hugo Molina.

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El Deber – Santa Cruz, ¿en el seno del fascismo?

Las polémicas afirmaciones de Luis Arce de valorar en el Plan 3.000 de Santa Cruz la resistencia a la derecha en el seno del fascismo son analizadas por el editorial de El Deber de este martes precisando su origen en el Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini de principios del siglo 20, su ideología que privilegia la guerra, la violencia, el militarismo y el populismo; y el significado establecido en la Real Academia de la lengua Española “como un movimiento político y social de carácter totalitario y antidemocrático que se caracterizaba por el corporativismo y la exaltación nacionalista”.

El Deber recuerda que llamar a alguien de “fascista” es para descalificar y hasta insultar. Pero, el uso de ese término despectivo en boca del presidente Luis Arce confirma el desprecio de su gobierno y de su antecesor masista que sienten por Santa Cruz “porque es una región que no lograron conquistar y que le provoca los mayores dolores de cabeza, como en los históricos 21 días de 2019 que forzaron la renuncia de Morales o el reciente paro de 9 días que consiguió la abrogación de una ley de la que Arce se aferraba con todo”.

El editorial del diario cruceño advierte que el haber elogiado a los violentos que intentaron romper el paro multisectorial en Santa Cruz, además de ser un reconocimiento de que la política del gobierno es enfrentar a bolivianos contra bolivianos, es una suerte de invitación lanzada por el Presidente para que la próxima vez salgan con “más ganas a sembrar violencia”. “Ya tenían la protección de la Policía; ahora cuentan también con la bendición oficial y pública del presidente”, finaliza El Deber.

Los Tiempos – Discriminación flagrante

Desde otra perspectiva, el periódico cochabambino cuestiona la presencia y el discurso de Luis Arce en Santa Cruz, el pasado fin de semana, porque mientras en el Plan 3.000 acusaba a “la derecha” de ejercer discriminación y racismo en contra de los más humildes, “en la misma ciudad decenas de indígenas de las tierras bajas esperan desde hace 54 días la atención del Gobierno para plantear sus demandas acerca del respeto a sus territorios y a su cultura”.

34 de los 36 pueblos indígenas también piden la abrogación y derogación de normas que permiten el tráfico de tierras, reclaman una nueva Ley Agraria y la creación de nuevas Tierras Comunitarias de Origen para los pueblos indígenas ancestrales, pero el gobierno desdeña sus reclamos. “Eso es discriminación. Una discriminación flagrante, real, muy distinta a la evocada por el partido gobernante cuando se trata de fustigar cualquier cuestionamiento a sus intereses político-ideológicos”, afirma el editorial de Los Tiempos.

Precisa que no es la primera vez que el gobierno discrimina a los pueblos indígenas de tierras bajas y tampoco es la primera ocasión en que se utiliza la discriminación desde el poder con fines de victimización. “Es esa actitud, sumada al rechazo de la búsqueda de concertaciones, la que origina el descontento en sectores que, como los que protagonizaron las movilizaciones recientes, ha instalado en el país un ambiente de incertidumbre e intranquilidad que está lejos de tener pretensiones golpistas”, concluye Los Tiempos.

Carlos Hugo Molina – La confrontación del MAS con Santa Cruz

Obviar el sano debate ideológico y persistir en una sola verdad manteniéndola tozudamente deja de ser una virtud cuando su sostenimiento choca con la realidad. Carlos Hugo Molina, analista y articulista en varios medios del país se ocupa de la supuesta divergencia entre el MAS y Santa Cruz desde la perspectiva económica, concretamente desde el modelo de desarrollo y de acumulación de riqueza que, en el caso de los gobiernos del MAS, está basado únicamente en la inversión pública, mientras que el cruceño representa “el único modelo de acumulación estatal, masivo y efectivo y de donde adquiere su fortaleza”.

“Estoy tratando de encontrar la razón de la confrontación de lo originario indígena campesino, es decir el MAS y ahora, el Gobierno boliviano, contra esta construcción simbólica llamada Santa Cruz”, confiesa Molina y hace énfasis en que “Santa Cruz se encuentra reelaborando una narrativa que supera definitivamente una pretensión racial inexistente, y que al resignificar lo intercultural no solo con relación a la otra parte de Bolivia sino del mundo con el que se relaciona comercialmente (…), se hace receptora de lo boliviano, del mestizaje, del desarrollo inclusivo, de la inteligencia, de la revolución nacional”.

“Mientras más cerca esté Santa Cruz de esta construcción, más cerca estará de esa otra Bolivia de todos, y dejará atrás, sonriente, a la Bolivia de una parte que se cree dueña de los territorios y trata de imponer por la fuerza banderas y valores que desconocen claves mundiales que no se mueven con el entusiasmo de un decreto supremo”, afirma el analista y concluye que la nueva narrativa que construye desde Santa Cruz es la comprensión del nuevo escenario nacional y las condiciones del nuevo debate.


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