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Quemas, deforestación, tráfico de tierras, irresponsabilidad de la ABT: ¿Cuándo paramos la destrucción de la biodiversidad?

Los editoriales de El Deber y Página Siete analizan los eslabones del grave daño ambiental que se está produciendo en la zona amazónica del país y sólo es el comienzo de lo que puede ocurrir.

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El Deber

“El mal uso de la tierra”. Así titula el editorial de este lunes de El Deber que analiza, por un lado, la quema sin control de bosques en la amazonia boliviana y el lucrativo pero insensible negocio del tráfico de tierras desforestadas, por el otro, ambos como grave peligro para la biodiversidad del país y la región. “La deforestación ya comenzó a pasarnos la factura”, sentencia El Deber y explica que las quemas en la amazonia, formado por buena parte del territorio boliviano, están provocando que la región amazónica comience a emitir más CO2 del que absorbe. “Un reciente estudio es lapidario con el Amazonas. La selva en Brasil emitió cerca de un 20% más dióxido de carbono a la atmósfera que de lo absorbido en el período entre 2010-2019”.

“Quemar el bosque, quemar el tiempo, quemar la vida. Se viene alertando durante décadas, sin embargo, los intereses, pueden más que la razón y el bien común”, advierte El Deber y en tono crítico hace la siguiente contrastación: “Menos árboles, más incendios, menos agua, más cambios bruscos, menos vida animal y vegetal, más degradación de la tierra. ¿Dónde se entierran los discursos de nuestra Pachamama?, ¿en los bosques que se pierden o en los ríos que se secan? ¿En las aves que se fueron o en las plantas que no están?”.

Y conecta la desforestación provocada por lo incendios forestales, incluso en áreas protegidas, con el tráfico de tierras, uno de “los eslabones de la cadena de la destrucción también de la Amazonia boliviana. Esta secuencia comienza en la mala distribución de la tierra y continúa en el inexistente seguimiento y control de las mismas”. “Nos resistimos a que las próximas generaciones cuenten que hubo una vez una región que albergaba los bosques tropicales más grandes del planeta y que era un sumidero de carbono. Conocemos el destino de la fiebre del oro y anticipamos el camino que nos deparará la febrilidad por el mal uso que se le da a la tierra. Si no paramos ahora, ¿cuándo?”, concluye el editorial de El Deber.

Página Siete

El diario paceño ya abordó el tema de los incendios descontrolados en la zona chiquitana del pais en su editorial del sábado, en el que afirma que “los bosques están otra vez a merced de los incendios en el departamento de Santa Cruz, lo que muestra el grado de irresponsabilidad no sólo de los productores agropecuarios, sino de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierras, que amplió los permisos para las quemas controladas hasta finales de julio”. En los municipios cruceños de San Matías y Carmen Rivero Tórrez las quemas provocadas deliberadamente arrasaron con más de 10.500 hectáreas y hasta hoy no existen responsables de ese irreversible daño ambiental.

“Estos incendios demuestran que los que recurren al fuego para habilitar terrenos de cultivo y de pastoreo, pero sobre todo las autoridades que tienen a su cargo el control de estas actividades, no han aprendido nada de la dramática experiencia de 2019, cuando se quemaron seis  millones y medio de hectáreas en Bolivia, además de la irreparable pérdida de biodiversidad”, afirma Página Siete y sostiene que es menos comprensible la decisión de la ABT de ampliar las quemas porque los agropecuarios cruceños no realizaron ninguna solicitud en esa dirección.

“Los incendios forestales plantean, año tras año, una problemática estructural que tiene que ver con el modelo productivo depredador que, en vez de ser limitado, es alentado por las autoridades mediante leyes, decretos y resoluciones que amplían la frontera agrícola, permiten asentamientos de centenares de nuevas comunidades y  amplían la vigencia de las quemas controladas, entre otras medidas”, termina el editorial de Página Siete en clara alusión a los intereses de los sindicatos de interculturales que ocupan grandes extensiones de tierras desforestadas de manera intencional y con el aval de la Autoridad de Bosques y Tierras.

 


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