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Bolivia y el desafío de transformar su economía – Boris Branisa

La crisis económica que atraviesa Bolivia requiere medidas urgentes de estabilización, pero el desafío central del país debe estar puesto en recuperar su capacidad de crecimiento y construir nuevas capacidades productivas.

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La crisis económica que atraviesa Bolivia requiere medidas urgentes de estabilización, pero el desafío central del país debe estar puesto en recuperar su capacidad de crecimiento y construir nuevas capacidades productivas. Boris Branisa, economista, científico de datos y director de la Escuela de la Productividad y la Competitividad de la Universidad Católica Boliviana en La Paz, sostiene que no basta con resolver el déficit fiscal o recuperar la estabilidad macroeconómica, sino que es necesario enfrentar el problema estructural de una economía que lleva años creciendo por debajo de su potencial.

Bolivia enfrenta una nueva década perdida

Boris Branisa advierte que Bolivia podría estar atravesando una segunda década perdida en términos de crecimiento económico. Explicó que, de acuerdo con datos del Banco Mundial ajustados para permitir comparaciones internacionales y temporales, el PIB per cápita boliviano se ubica alrededor de los 11.000 dólares internacionales constantes de 2011, mientras que el promedio de América Latina y el Caribe supera los 20.000 dólares. Esto significa que Bolivia representa aproximadamente el 54% del PIB per cápita regional y apenas un tercio del nivel registrado por Chile.

El bajo crecimiento también tiene consecuencias sociales

Boris Branisa señaló que la falta de crecimiento no puede analizarse únicamente desde las cifras económicas, porque tiene consecuencias directas sobre las condiciones de vida de la población. Como ejemplo, explicó que la esperanza de vida de un niño que nace actualmente en Bolivia ronda los 69 años, mientras que el promedio de América Latina y el Caribe alcanza aproximadamente los 76 años. Para el economista, estas diferencias muestran que detrás de los indicadores macroeconómicos existen problemas profundos de productividad, generación de riqueza y oportunidades.

Estabilización y crecimiento deben avanzar al mismo tiempo

Boris Branisa considera que Bolivia necesita avanzar en la reducción del déficit fiscal y recuperar la estabilidad macroeconómica, pero cuestiona la idea de esperar a solucionar completamente la crisis para recién comenzar a pensar en el crecimiento. A su criterio, ambas tareas deben desarrollarse simultáneamente. La experiencia internacional demuestra que no existe una receta única para alcanzar el crecimiento y que cada país debe encontrar su propio camino, aunque aprovechando las lecciones que han dejado otras economías.

La informalidad es una de las grandes barreras

Boris Branisa identifica a la informalidad como una de las principales restricciones estructurales para el crecimiento boliviano. Explicó que el problema no se limita a la recaudación tributaria o al empleo informal, sino que también está relacionado con el tamaño reducido de las unidades productivas. Una empresa pequeña e informal tiene mayores dificultades para acceder a capital, tecnología, capacitación y financiamiento, lo que limita su capacidad de producir a mayor escala y competir internacionalmente.

Educación, tecnología y capital son determinantes

Boris Branisa considera que Bolivia también enfrenta importantes limitaciones en materia de capacitación, educación, infraestructura, tecnología y acceso al capital. Desde su experiencia en la educación superior, remarcó que la formación de capital humano será fundamental para aumentar la productividad de los trabajadores. A esto se suma la necesidad de contar con infraestructura física y digital adecuada, así como con una regulación que favorezca la competencia y permita que las empresas puedan crecer.

La lección del gas: consumir más no significa producir más

Boris Branisa sostuvo que el ciclo del gas permitió incrementar el consumo y mejorar determinadas condiciones de vida, pero no generó una transformación equivalente de la capacidad productiva del país. Bolivia recibió miles de millones de dólares durante el auge de los hidrocarburos, pero no logró desarrollar suficientes sectores productivos capaces de sostener el crecimiento una vez que disminuyeron los ingresos provenientes del gas. Para el economista, esta experiencia debe servir como una lección para evitar repetir el mismo patrón con futuros recursos naturales.

Pasar de la renta de los recursos al desarrollo de capacidades

Boris Branisa plantea que Bolivia debe pasar de una economía basada principalmente en la generación de renta a otra capaz de desarrollar capacidades productivas. Citando las ideas del economista Ricardo Hausmann, explicó que los países y sus empresas deben explorar qué actividades pueden desarrollar con mayor éxito, tomando en cuenta las capacidades que ya poseen. El desafío consiste en identificar sectores con potencial y avanzar progresivamente hacia actividades de mayor complejidad, en lugar de intentar saltos productivos demasiado grandes.

Agroindustria y minería todavía tienen un enorme potencial

Boris Branisa considera que antes de abandonar los sectores tradicionales, Bolivia debe aprovechar mucho mejor las oportunidades que todavía existen en la agroindustria y la minería. Comparó la productividad y el valor de las exportaciones bolivianas con las de países vecinos como Brasil, Perú y Chile, y señaló que existen diferencias importantes. A su criterio, Bolivia puede aprender de las experiencias de estos países y adaptar formas de producción y organización que sean compatibles con sus propias características.

Turismo requiere estabilidad y previsibilidad

Boris Branisa también identifica al turismo como un sector con capacidad para generar importantes ingresos para el país. Estimó que Bolivia podría incrementar considerablemente los recursos provenientes de esta actividad, pero advirtió que para ello se necesita paz social, infraestructura y previsibilidad. Los bloqueos, los problemas de combustible y las dificultades para trasladarse entre regiones afectan directamente la posibilidad de desarrollar una industria turística competitiva y sostenible.

La transición energética puede ser una oportunidad

Boris Branisa sostiene que Bolivia posee un potencial energético mucho mayor del que actualmente aprovecha. El país cuenta con posibilidades de generación solar, eólica e hidroeléctrica que podrían convertirse en una ventaja estratégica frente al proceso mundial de transición energética. En particular, destacó las oportunidades existentes en el altiplano para desarrollar energía solar y utilizarla en actividades que requieren grandes cantidades de electricidad, como centros de datos y determinadas industrias digitales.

Energía, minería y descarbonización pueden abrir nuevos mercados

Boris Branisa explicó que la transición energética mundial también incrementará la demanda de minerales necesarios para la descarbonización, entre ellos el cobre y otros recursos que Bolivia posee en diferentes regiones. A su criterio, el país podría aprovechar simultáneamente sus recursos naturales y su potencial energético para incorporarse a nuevas cadenas productivas. Sin embargo, advirtió que esto requiere capacidad empresarial, educación, inversión, infraestructura y una adecuada coordinación entre el sector público y privado.

El litio representa una advertencia

Boris Branisa considera que la experiencia del litio es una muestra de las oportunidades que Bolivia puede perder cuando no actúa con suficiente rapidez. Recordó que el potencial del recurso era conocido desde hace décadas y que, pese a las importantes inversiones realizadas por el Estado, los resultados productivos han sido limitados en relación con los recursos destinados. Para el economista, el caso demuestra que disponer de un recurso natural no garantiza automáticamente desarrollo económico.

Un Estado más eficiente, no necesariamente más pequeño

Boris Branisa plantea que la discusión sobre el tamaño del Estado debe ser reemplazada por una discusión sobre su eficiencia. A su juicio, Bolivia no necesariamente necesita un Estado más pequeño, sino uno que se concentre en aquellas funciones que el mercado no puede resolver adecuadamente. Entre ellas mencionó la administración de justicia, una regulación que promueva la competencia, la construcción de infraestructura física y digital, la estabilidad macroeconómica y la protección social de quienes puedan quedar rezagados durante los procesos de transformación económica.

No existe una sola economía boliviana

Boris Branisa destacó que Bolivia no debe ser analizada como si tuviera una única estructura productiva. Las diferencias geográficas, culturales, poblacionales, empresariales y económicas entre departamentos hacen necesario pensar en estrategias diferenciadas. Santa Cruz, Beni, Tarija, Potosí y las demás regiones tienen capacidades y oportunidades distintas, por lo que el Estado debe trabajar con los actores privados de cada territorio para identificar qué actividades pueden desarrollarse con mayores posibilidades de éxito.

Diversificar es la principal lección del ciclo del gas

Boris Branisa considera que Bolivia debe abandonar la idea de que un único producto puede convertirse en la solución de todos los problemas económicos. El estaño, el gas y más recientemente el litio han sido vistos en distintos momentos como recursos capaces de transformar por sí solos la economía nacional. Sin embargo, las variaciones de precios internacionales, los cambios tecnológicos y la falta de nuevas inversiones pueden convertir esas apuestas en riesgos. Por ello, el país necesita diversificar y desarrollar múltiples sectores de manera simultánea.

La inteligencia artificial puede aumentar la productividad

Boris Branisa considera que la inteligencia artificial representa una oportunidad especialmente importante para una economía como la boliviana, caracterizada por numerosas pequeñas unidades productivas con poco capital y tecnología. Herramientas de inteligencia artificial relativamente accesibles pueden permitir que profesionales, emprendedores y pequeñas empresas mejoren su productividad, automaticen determinadas tareas y tengan acceso a capacidades que anteriormente estaban reservadas a organizaciones de mayor tamaño.

El riesgo de ampliar la brecha tecnológica

Boris Branisa también advierte que la inteligencia artificial puede generar un efecto contrario si no se garantiza un acceso amplio a tecnología, educación y conectividad. Las empresas y trabajadores que tengan conocimientos, infraestructura y capacidad para utilizar estas herramientas podrán aumentar considerablemente su productividad, mientras que los sectores informales con menor acceso a internet, capacitación y datos podrían quedar todavía más rezagados. El desafío, por tanto, consiste en democratizar las oportunidades que ofrece la tecnología.

La «cointeligencia» como modelo para aprovechar la IA

Boris Branisa explicó que desde la Escuela de la Productividad y la Competitividad trabajan con el concepto de «cointeligencia», entendido como la combinación entre inteligencia humana e inteligencia artificial. La idea no consiste en delegar completamente las decisiones en las herramientas tecnológicas, sino en utilizarlas bajo la conducción de las personas. De esta manera, la inteligencia artificial puede potenciar las capacidades humanas sin reemplazar el criterio, la responsabilidad ética ni la capacidad de aprendizaje.

La educación debe preparar para trabajar con inteligencia artificial

Boris Branisa señaló que la cointeligencia también tiene una aplicación directa en la educación. Uno de los riesgos es que los estudiantes utilicen la inteligencia artificial para evitar procesos de aprendizaje, elaborar trabajos o resolver problemas sin desarrollar previamente las capacidades necesarias para evaluar los resultados. Por ello, considera fundamental que las nuevas generaciones aprendan a utilizar estas herramientas de manera responsable, verificando la información y manteniendo siempre el control humano sobre las decisiones.

Confianza entre Estado, empresas y sociedad

Boris Branisa sostuvo finalmente que uno de los grandes desafíos para la transformación económica de Bolivia será reconstruir la confianza entre el Estado, las empresas y la sociedad. La recuperación no puede limitarse a resolver la coyuntura actual, sino que debe abrir una discusión sobre demografía, productividad, tecnología, educación, inversión y desarrollo regional. Para el economista, Bolivia necesita aprovechar sus recursos naturales y humanos, pero también construir las capacidades que permitan sostener el crecimiento durante las próximas décadas.


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