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Justicia

Óscar del Brutto explica que allí donde no hay justicia, se vuelve casi imposible la cooperación.

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Por Oscar del Brutto1

Unos científicos decidieron poner a prueba el sentido de justicia de los monos capuchinos a través de un experimento.

En el experimento hay dos monos. Un científico le pide al primero que realice una tarea sencilla. Tiene que coger una piedra y devolverla. El mono lo hace bien y, como recompensa, recibe un pepino. El mono agarra el pepino y se lo come feliz. Luego, el científico le pide al segundo mono lo mismo. El segundo mono devuelve la piedra y, como recompensa, recibe una uva, que es una fruta que los monos capuchinos valoran mucho más que el pepino. Ahora el científico regresa donde el primer mono y le vuelve a pedir que realice la misma tarea. El primer mono lo hace y recibe como recompensa, otra vez, un pepino. Pero en esta ocasión el primer mono no se lo come. Le tira el pepino al científico y empieza a gritar y agitarse. El primer mono ha notado que algo anda mal. Si realizó el mismo trabajo que su compañero, es inaceptable que reciba un pepino mientras al otro le dan una uva. La indignación le lleva a rechazar su pepino solo para dejar claro que no está de acuerdo, que no es justo.

Compartimos con los monos capuchinos más cosas de las que nos gustaría admitir. Y una de esas cosas es el sentido de justicia. De hecho, uno podría argumentar que el sentido de justicia tiene raíces evolutivas en nuestra especie. Si en la sabana africana un Homo sapiens salía a cazar mientras su vecino se queda holgazaneando, ¿debía compartir lo que cazaba? ¿Y hubiera sido aceptable que el holgazán le quite por la fuerza lo que tanto esfuerzo le costó conseguir? ¿Hubiera sido correcto que sus hijos se vayan a dormir con hambre mientras los de su vecino se empachaban con la comida que él consiguió? Nuestra especie no hubiera sobrevivido si la respuesta a estas preguntas hubiese sido afirmativa.

El sentido de justicia tiene una explicación económica. Nosotros vivimos en sociedades en donde es necesaria la cooperación. Cooperamos intercambiando bienes y servicios a diario. Y el sentido de justicia está atado a la cooperación. Si, en su trabajo, usted tiene un colega que no hace nada mientras usted se rompe el lomo, y resulta que los dos ganan lo mismo, al poco tiempo usted se va a llenar de indignación y se va a dar cuenta de que es una buena idea dejar de trabajar tan duro. La cooperación solo es posible en donde hay justicia. Por eso la justicia es de extrema importancia para nuestra sobrevivencia como especie.

A usted le ha pasado lo mismo que al mono capuchino y a mí con las noticias de los últimos días. Que una fiscal valiente se haya jugado la vida para demostrar un entramado de corrupción de unos delincuentes que se rifaron el dinero del Estado, para que uno de esos delincuentes salga libre invocando cualquier pamplina jurídica es inaceptable e indignante. Nos manda el mensaje a nosotros y a las nuevas generaciones de que vivimos en un lugar en donde todo vale, y en el que la única opción parece ser aplaudir a los pillos.

Sin un sistema judicial que brinde seguridad jurídica y sin políticos comprometidos con la justicia, no hay plan económico que funcione y no hay futuro posible.

1obtuvo su Máster en Derecho de la Universidad de Pennsylvania y es profesor de Derecho Corporativo en la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (Guayaquil, Ecuador). 

Este artículo fue publicado originalmente en elcato.org el 26 de abril de 2022

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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