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Mi religión: ser buena persona, por Roberto Ortiz

Roberto Ortiz Ortiz

Ingeniero comercial con experiencia en rubro financiero y de telecomunicaciones.

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Talibanes fanáticos tomaron Afganistán convirtiéndolo en un Estado teocrático totalmente dictatorial donde la más mínima desobediencia tiene como consecuencia castigos atroces como la lapidación pública, amputación de partes del cuerpo, azotes y en muchos casos la muerte. 

Es curioso ver como a lo largo de la historia las religiones se han convertido en ideologías políticas e ideologías políticas se han convertido en religiones; una conversión que siempre termina en dictaduras sangrientas que atentan contra la libertad y sueños de los ciudadanos que, cualquiera sea su religión, solo buscan felicidad, prosperidad y bienestar para los suyos. 

Las religiones no son el problema, el mundo es demasiado grande y diverso como para pensar que todos podríamos creer y alabar al mismo Dios, no obstante, La Biblia del cristianismo, El Corán del islamismo, el Canon Pali del budismo, las 4 Vedas del hinduismo, el Tao Te Ching del taoísmo, el Popol Vuh de los Mayas y hasta el ateísmo tienen un común denominador; enseñar a sus feligreses a ser buenas personas que respeten al prójimo para así alcanzar la felicidad y paz eterna en diferentes formas según su creencia. ¿Quiénes somos nosotros para decir que una de estas religiones es mala? 

El problema siempre han sido los fanáticos colectivistas y megalómanos que entienden o distorsionan cada uno de estos libros sagrados a su propio capricho, pretendiendo obligar a comunidades enteras a cumplir con sus creencias y así disque conseguir la salvación eterna. Desde la Iglesia Católica con su santa inquisición contra los herejes, Hitler con su antisemitismo contra los judíos y hasta la guerra eterna entre Chiitas y Sunitas del medio oriente. Ejemplos hay miles.

Las guerras y atrocidades causadas por los fanáticos religiosos a lo largo de la historia son de no acabar y ninguna, pero ninguna, ha conseguido su objetivo de felicidad para el ser humano, ni mucho menos la paz mundial. Siempre terminan en muertes, violaciones a la libertad y un líder empoderado y enriquecido.

Lo más impresionante y entristecedor es que hoy en día y pesar de la globalización, seguimos permitiendo que fanáticos arrogantes quieran dirigir el mundo y enriquecerse a costa de la fe de las personas que noblemente creen en un Dios. En un mismo planeta que se conecta en milésimas de segundos por internet, tenemos un Nueva York donde reina la libertad, la diversidad y se mezclan miles de culturas como tambien un Kabul donde se asesinan mujeres por pintarse las uñas. Es absurdo y hasta vergonzoso para la humanidad que exista una brecha tan grande entre cada extremo. 

La única forma de acabar con tanto fanático mal intencionado es enseñando a las personas que la religión es un tema extremadamente personal inculcado desde el seno familiar, se debe terminar con ese maldito afán de querer convertir al otro a menos que ese otro lo busque libre y deliberadamente. 

La religión no debe convertirse en una etiqueta para discriminar, basta ya de tener tanto prejuicio; que ver a una mujer con un Burka, a un hombre con un Kipá o a una persona con un crucifijo en el cuello no nos aleje de compartir y aprender el uno del otro. Que el azar del destino de haber nacido en alguna parte diferente del mundo no nos separe. Al final la religión de cada quien está muy ligada a su lugar de nacimiento y nadie elige donde nacer.

Sin importar tu religión, si vas a creer en algo que sea en la libertad, en el amor, en la tolerancia, en la honestidad, en la empatía y sobre todo en ser una buena persona.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Roberto Ortiz Ortiz

Ingeniero comercial con experiencia en rubro financiero y de telecomunicaciones.

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