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Crisis en la educación

Marco Antonio Molina Soliz

Especialista en comunicación pública y comunicación política

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La filósofa Marta Nussbaum afirma que “estamos en medio de una crisis de proporciones gigantescas y de enorme gravedad a nivel mundial. No, no me refiero a la crisis económica global que comenzó a principios del año 2008… No, en realidad me refiero a una crisis que pasa prácticamente inadvertida, como un cáncer. Me refiero a una crisis que, con el tiempo, puede llegar a ser mucho más perjudicial para el futuro de la democracia: la crisis mundial en materia de educación”.

Esa reflexión nos invita a mirar cómo estamos por casa, pues Bolivia según la UNESCO, ocupa el segundo lugar mundial de escuelas cerradas por más tiempo en la pandemia solo por detrás de Uganda, lo que ha provocado el abandono de muchos alumnos de zonas rurales y urbanas que no han podido acceder a dispositivos e internet, mientras que los que sí tuvieron los medios, presentan niveles de aprendizaje reducidos en comparación a la modalidad presencial.

Estas aseveraciones se pueden contrastar con diversos datos que no son alentadores. Por ejemplo, el Banco Mundial afirma que el aprendizaje en América Latina se redujo en un 20%; UNICEF advierte que solo el 10% de las escuelas públicas y solo el 30% de las privadas tienen acceso a internet mientras que en otro estudio evidencia que ocho de cada 10 jóvenes bolivianos ven afectada su educación y futuro por el clima generado por la pandemia; la CEPAL nos indica que en los hogares con niños en edad escolar, menos de la mitad pueden acceder a un dispositivo electrónico para pasar clases o que más de la mitad de las municipalidades del país no pueden ingresar a la fibra óptica, entre otros.

Con estos antecedentes, podemos inferir que existen muchas interrogantes y pocas respuestas sobre el estado que debe tener la educación para nuestros niños y jóvenes, por lo que cabe trabajar de inmediato en acciones que puedan modificar la situación actual.

En lo que compete al aparato estatal, se podrían tomar medidas urgentes como abrir las unidades educativas en las comunas con menos número de infectados; impulsar con incentivos la vacunación acelerada a infantes y jóvenes para facilitar el retorno a clases en las aulas; accionar que en la reformulación de los Planes Operativos Anuales (POA) de la gestión 2022 se inserten presupuestos dirigidos a brindar políticas públicas que generen subsidio a conexiones de internet para hogares y escuelas en el ámbito educativo; invertir para acceder a la fibra óptica; priorizar que los chicos cuenten con dispositivos utilizando medidas creativas con las empresas, los proveedores de los servicios y recursos de apalancamiento público y finalmente, dentro de este plan integral de políticas públicas, introducir propuestas de apoyo a las familias en su labor de desarrollar las capacidades infantiles.

Estas medidas podrían contribuir en la distribución del acceso a la educación porque es lamentable que Bolivia, un país inmensamente rico en recursos naturales y cultura, tenga una precaria y desigual distribución en el acceso a la educación de calidad que podemos evidenciar en diferentes indicadores. Tenemos niños que crecen con la esperanza de ingresar a la universidad o seguir un posgrado, pero también tenemos menores que no pueden ni asistir a la escuela.

Estamos en crisis y es menester nuestro el impulsar que salgamos de esta situación con un arma contundente como la educación, porque este instrumento para la vida, nos da sentido al prepararnos como ciudadanos y al formarnos para aportar al país.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Marco Antonio Molina Soliz

Especialista en comunicación pública y comunicación política

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