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La democracia o dictadura del Like

Gamal Serhan Jaldin

Experto en Gestión de Servicios Públicos, Políticas Públicas y Transformación Digital

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A enero del 2021, de los 7.83 miles de millones de habitantes, 5.22 tienen un celular, 4.66 son usuarios de internet y 4.20 son usuarios activos de alguna red social. Es decir, casi el 100% de la población urbana (lo cual no es necesariamente cierto) está conectado a una red social.

Cada vez son más las personas que le creen más, a lo que se publica en las redes sociales que, a un medio de comunicación local o global serio, que realiza un trabajo serio de investigación antes de comunicar una noticia. Hoy, un influencer tiene más poder (de influenciar) que un político; primero en el ámbito de su “especialidad”, aunque cada vez más se busca aprovechar su influencia en el ámbito comercial y a veces político.

Todas las empresas (serias) de servicios o venta al menudeo, han implementado un CRM (Customer Relationship Management) cuyo objetivo final es mejorar la atención y las relaciones con clientes y potenciales. El CRM es una aplicación que permite centralizar en una única Base de Datos todas las interacciones entre una empresa y sus clientes. Y como el CRM hay miles de aplicaciones cuyo objetivo es obtener métricas de todo lo que hacen los consumidores digitales. 

Lo complicado de las redes sociales, es que cada una se ha “especializado” por rubro y se ha creado una especie de monopolio sectorial. Facebook sigue siendo la red principal y nos sirve para contar historias e interactuar con tu “audiencia”, YouTube para subir tus videos, Instagram es para capturar momentos a través de fotografías, Linkedin es una red enfocada a hacer contactos profesionales y empresariales, TikTok permite crear, editar y subir videoselfies musicales de 1 minuto, y en Twitter tienes que comunicar con claridad y precisión (por la limitación de caracteres), pero puedes interactuar con quien sea. A enero del 2021, Facebook tenía 2.74 mil millones de usuarios activos, Youtube 2.29, Instagram 1.22, LinkedIn 0.74, TikTok 0.69 y Twitter 0.35.

Si bien cada una de estas redes sociales tiene diferentes “audiencias”, todos tienen como factor común el like, y obviamente mientras más likes tienes, el algoritmo de cada uno de ellos, en mayor o menor medida, te hacen más visible y mejora tu posicionamiento, por eso es cada vez más todos se esfuerzan por el like, algunos venden y compran likes, y otros han optado por producir y “vender” contenido de calidad, para tener más seguidores. Esto desde la perspectiva de la oferta.

Del otro lado, tenemos como nunca una sobrecarga de información y en promedio a nivel global pasamos cerca a 7 horas en internet y cerca de 2 ½ horas en las redes sociales, pero obviamente las tendencias varían de país a país. Dicen estudios de psicología, que cuanto más uses las redes sociales, más te va a costar estar sin ellas, para “no perder el tiempo invertido” y de esa manera nos volvemos cada vez más adictos a ellas. Y dado que el nuevo marketing; sobre todo digital, está más enfocado en despertar sentimientos, mientras no llevamos a un nivel consciente nuestra presencia en las redes, la pérdida de privacidad y la información que compartimos, no es percibida y refuerza nuestra dependencia de las redes sociales.

No obstante, las redes sociales, han permitido visualizar a los ciudadanos comunes y se han convertido en los mejores aliados contra regímenes autoritarios que tratan de implementar una narrativa afín a sus intereses. Aunque en algunos casos, también ha logrado fidelizar más a sus feligreses y polarizar más a las sociedades.

A pesar de que los usuarios han manifestado abiertamente la desconfianza en Facebook, este se ha convertido en un imperio que aglutina dos redes sociales (Facebook y Instagram) y dos servicios de mensajería (WhatsApp y Messenger), con más de 3.500 millones de usuarios activos mensuales, definidos de forma más precisa por la compañía como individuos “registrados en Facebook, Instagram, Messenger y/o WhatsApp, que visitaron al menos una de estas plataformas a través de una app móvil o un navegador web en los 30 días anteriores a la fecha de medición”.

Facebook ha sido el centro de controversia en las elecciones presidenciales de 2016 en USA, en el escándalo de Cambridge Analytica el 2018 y ahora por los “Papeles de Facebook”, cuestionando el uso de los datos de los usuarios, sus políticas internas y la hermeticidad para abrirse a investigadores independientes. Con todo, la red sigue creciente y parece que el valor que ofrece a sus usuarios es mayor que el costo de compartir su información privada al punto que la red conozca mejor sus preferencias que uno mismo.

Lo peligroso del algoritmo de las redes, en especial el de Facebook, es que busca reforzar nuestras preferencias y puntos de vista, encerrándonos en una burbuja que hace eco de nuestras opiniones y nos hace creer que “nosotros” tenemos la verdad, haciéndonos perder la perspectiva de la diversidad del mundo.

Como en todo, la diferencia es que las redes sociales sean un factor que refuerza la democracia o se convierta en una dictadura de los monopolios detrás de ellas, es la educación y el sentido crítico de la sociedad, y preguntarnos si eso que estamos leyendo, escuchando o viendo es la realidad o no; incluido este artículo.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Gamal Serhan Jaldin

Experto en Gestión de Servicios Públicos, Políticas Públicas y Transformación Digital

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