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Dos desafortunadas iniciativas municipales

Marco A. Del Río

Economista

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Hacia mediados de los años setenta del siglo pasado, el mercado Los Pozos era una feria desordenada y sucia. En su interior se amontonaban puestos de venta de diversas mercancías en medio de puestos de comida, quioscos con techos de calamina o toldos, sobre pisos de tierra, donde corrían mezclas complejas de líquidos orgánicos e inorgánicos. Sin embargo, en ese desorden había dos infraestructuras con aspiraciones de modernidad. Una, cruzando el mercado de este a oeste, más o menos al centro de la manzana que ocupa el mercado, los comerciantes habían construido una estructura de materiales como ladrillo, techos estucados y pisos de mosaico; era la asociación El Progreso, si me memoria no falla. Por otra parte, en el extremo sur, paralela a la calle Suarez Arana se hallaba la cooperativa 1 de septiembre. Ambas iniciativas de modernización fueron fruto del esfuerzo de los propios gremialistas organizados. 

Ahora bien, ese impulso modernizador, generado por la iniciativa de los propios comerciantes y gremialistas, que reordenaba y mejoraba las prestaciones del mercado, fue avanzando paulatinamente, y para mediados de los años 90 más del 50% del mercado se había transformado. Pisos con mosaicos, paredes de ladrillo y techos estucados sustituyeron las viejas y precarias estructuras. Incluso en las guías para viajeros recomendaban al forastero ir a Los Pozos a saborear unas empanadas de queso con api o café. (Por cierto, las magníficas empanadas de queso han sudo sustituidas por las empanadas de aire llamadas “pasteles” en Cochabamba. Otro signo del deterioro del centro histórico de la ciudad). 

En el lado oeste, el que colinda con la calle Campero, en la zona de las carnicerías se había iniciado un proceso de construcción, pero quedó a medias, lo que hacía que el sector tuviera un aspecto desafortunado. Y en la  zona norte, no se había dado ningún cambio importante. Y aún se mantiene sin grandes cambios, Es la zona donde coexisten la venta de carne, pollo, con artesanías y ropa, con puestos de comida china y japonesa. Ese sector del mercado apenas a cambiado desde los años setenta. 

Pero, pese a las innegables mejoras que había experimentado el mercado, a mediados de los años 90, el municipio decidió destruir casi todo ese avance. Obligó a la destrucción de la zona más moderna para construir ese adefesio del “Moderno Comercial Los Pozos”, que por su estructura y diseño obligó a los comerciantes de abarrotes, verduras y carnes a salir del mercado para ubicarse en las inmediaciones. 

Pero la desafortunada iniciativa del gobierno municipal de la época radica en que las partes que más necesitaban una intervención de mejoras no se tocaron básicamente. 

Es increíble: se destruyó lo que con sacrificio y esfuerzo habían sido las mejoras de veinte años, y se mantuvo tal cual las zonas donde se requería realmente realizar mejoras. 

El 21 de mayo de 1978 se inauguró la terminal de buses Gral. Julio Prado Montaño, en la esquina de las avenidas Irala y Cañoto. El proyecto se incubo en 1972, y la obra fue diseño del arquitecto Sergio Antelo. Una obra de infraestructura de diseño elegante y funcional para las necesidades de su uso. Bueno ¿qué es hoy tal obra de infraestructura? La Honorable Alcaldía Municipal de Santa Cruz de la Sierra la ha convertido en un depósito de chatarra y basura.  

Este acto de urbanismo criminal empezó cuando se inauguró la terminal Bimodal que esta emplazada en el tercer anillo. Que la ex terminal ya era insuficiente para los enormes y muchos buses del transporte interdepartamental no cabe duda. Era imprescindible su traslado a otro emplazamiento, y la terminal bimodal es una estructura adecuada para ello. Pero, ¿era necesario trasladar el transporte interprovincial? Para los usuarios de este tipo de trasporte, los miles de personas que de forma cotidiana se mueven de Montero, Warnes, La Guardia, Cotoca, Pailas, etc., el emplazamiento de la terminal bimodal no sólo es inadecuado sino costoso tanto en términos de tiempo como pecuniario. No es pues, por ello, gratuito, que los servicios de transporte interprovincial terminaran creando sus propios “terminales” ubicadas cerca de los mercados y en los puntos de salida de la ciudad. Nada pues permite pensar que la terminal Gral, Julio Prado Montaño podría haberse convertido en una terminal para el transporte interprovincial, al menos para el que usa la antigua carretera a Cochabamba. 

En abril de 2018 se publicó en la prensa local la intención de las autoridades municipales de recuperar la ex terminal “como un centro cultural, turístico y artesanal” al que se añadiría una plaza, una fuente de agua y un mural. Intenciones sobre las cuales tengo la impresión que no se ha avanzado un milímetro. Tal proyecto es preferible a la realidad presente: un depósito de basura y chatarra. 

Pero, descreo que una infraestructura creada con un fin determinado se pueda reciclar en otra cosa. Soy de la convicción que la terminal de buses Gral. Julio Prado Montaño debería ser reparada y renovada para su propósito inicial, una terminal de transporte, que sirva al transporte interprovincial que usa la antigua carretera a Cochabamba. 

Estos dos ejemplos muestran que algunos de los peores enemigos de la ciudad anidan en el propio gobierno municipal. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Marco A. Del Río

Economista

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