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El momento recién está despuntando

Pedro Portugal Mollinedo

De formación historiador, autor de ensayos y análisis sobre la realidad indígena en Bolivia, fundador del mensual digital Pukara

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El dicho “estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado” indica resultados catastróficos que no tienen que ver con la calidad del individuo que sufre esas consecuencias.

El 2004 el doctor Benjamín Chambi Suma, con estudios en el Instituto de Medicina de Rostrov del Don, de la Federación Rusa, y maestría y Ph. D. en microcirugía plástica y reconstrucción en cirugía cardio-vascular, busca trabajo en Bolivia. Halla sólo puertas cerradas. Ya hay médicos para esas especialidades, le dicen. Acucioso, Chambi verifica esa excusa. Descubre un grupillo acaparador: “de la dirección de un instituto médico de 8 a 9, van a dar clases a la Facultad de Medicina de 10 a 11; de 12 a 13 consulta en la Caja Petrolera; de 14 a 16 atención en la Caja de Seguro; de 16 a 17 servicio en clínica privada; de 18 a 20 trabajo en consultorio privado…”.

Error monumental, hincar dedo en la fístula del gremialismo boliviano, sea de minibuseros o de médicos. Finalmente, lo aceptan en la Caja Petrolera. Chambi es destinado a la Sala de Emergencia… e inmediatamente despedido. Conducido al auditorio, debe afrontar la corte allí reunida. Se duda de su formación, lo humillan y le exigen irse: En esos cerebros racializados un Chambi, un indio, no pueda ser cirujano en tan delicada especialidad. Además, Chambi es un bocón. Se atrevió opinar en los medios: “Por la formación que recibí y la experiencia que adquirí en Europa, me atrevo a decir que al actual sistema le falta organización y disciplina en autoridades y sobre todo de los profesionales médicos”.

Inicia así su exclusión y marginamiento. El 2005 entrevé posibilidad de justicia cuando accede al poder el MAS, con su discurso indigenista y descolonizador. Fue su mayor decepción. El trato que recibió de la entonces ministra de Salud, Nila Heredia, fue de lo más sumario y despectivo. Benjamín Chambi Suma tuvo que hacer maletas y volver al Viejo Continente.

Juan Choque Apaza, del ayllu Cantapa, provincia Los Andes, estudia Relaciones Internacionales en la Universidad de Moscú. En su país, en 1996, es marginado del escalafón diplomático, pese a haber cursado la Escuela Diplomática de la Cancillería. ¿La razón? De mirón en una protesta popular callejera, levanta su dedo índice al entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada que en esos momentos atraviesa el lugar en su automóvil. Lo detiene su servicio de seguridad. Encerrado en Palacio de Gobierno, lo remiten al día siguiente a Interpol. Goni instruye a la Cancillería excluir toda postulación de Choque.

No será su único sinsabor. En la UMSA presenta su tesis bajo el título “El Estado aymara como sujeto de Derecho Internacional”. La docente Karen Longaric se opone firmemente que esa tesis sea considerada. “Es un insulto a la unidad nacional”, dice. Longaric se escuda en la sensibilidad internacionalista del socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz para dar consistencia ideológica a su oposición. Karen Longaric será después ministra de Relaciones Exteriores durante el “gobierno transitorio” de Jeanine Añez.

Choque también se ilusionará con el MAS. El 2006, estando en su comunidad, los mallkus y jilaqatas le sugieren presentar al presidente Evo Morales un programa de relaciones y política internacional. Evo le hace llamar. Pero, llegando a Palacio de Gobierno su jefa de gabinete, Tatiana Brosovik, lo despide: “No te hemos hecho llamar, tienes nomás que abandonar las instalaciones del palacio”.

El lugar adecuado: Bolivia, país con mayoría de población indígena. El momento propicio: el gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada enarbola el multiculturalismo; luego, el del MAS que lleva esa lógica a sus extremos teóricos y legalista. Las personas adecuadas: profesionales indígenas, de formación académica y con experiencia laboral.

En realidad, no era el momento adecuado. Era el instante del culturalismo posmoderno, de la fachada lírica e insustancial sobre lo indígena; cuando el indígena letrado, capaz de pensar y de administrar era obstáculo para la prolongación en el poder de la lógica colonial. Era el momento que requería al indio sumiso, corrupto y maleable, pero sobre todo ignaro y servil. El momento de los Chambi y Apaza, recién está despuntando.

En realidad
no era el momento adecuado. Era el instante del culturalismo posmoderno, de la fachada lírica e insustancial sobre lo indígena.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pedro Portugal Mollinedo

De formación historiador, autor de ensayos y análisis sobre la realidad indígena en Bolivia, fundador del mensual digital Pukara

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