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Más allá del “pavimento por losetas”

Guillermo Bretel

Politólogo y Sociólogo de la Julius-Maximilians-Universität Würzburg

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El Municipio cruceño ha manifestado, esta semana, su intención de pavimentar las calles del  centro de la ciudad, reemplazando sus históricas losetas. Si bien es una medida necesaria, se  debe valorar otros aspectos en la reforma del centro histórico, de modo que se mejore el  comercio, la calidad de vida y se conserve su identidad. He aquí una reflexión y propuesta para  los arquitectos y urbanistas del Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra para  reformar las calles de nuestro centro histórico de forma efectiva y eficiente, y asimismo  devolverle su calidez y amigabilidad para con las personas.  

Empecemos de adentro hacia afuera. Toda gran metrópoli a nivel mundial cuenta con un centro  histórico peatonal, que conserva la identidad y la cultura del lugar, promoviendo el turismo y  el comercio en infraestructuras bien conservadas y embellecidas. El Gobierno Municipal  tendría que evaluar cuántas cuadras alrededor de la Plaza 24 de Septiembre logran el cometido  de acaparar cultura, identidad y comercio. Por ejemplo, una o dos cuadras a la redonda podrían  ser un buen número como hipótesis de esta evaluación estrictamente necesaria. En esta zona  peatonal, a modo de conservar viva la historia de la ciudad, podrían mantenerse las losetas (con  su respectivo mantenimiento, por supuesto). Además, para hacer estos espacios más atractivos  para el tránsito peatonal y el comercio, sería de gran contribución crear camellones de  arborización, ya sea creando espacio a través del retiro de algunas losetas o colocando grandes  macetas. Esto mejoraría el aire de la zona, le daría sombra y por ende reduciría la temperatura  del ambiente. A ambos lados de estos camellones, los comercios legalmente establecidos  podrían extender sus negocios en un espacio determinado de la calle. Los centros históricos  alrededor del mundo se caracterizan por sus cafés, restaurantes y bares al aire libre, así como  otros negocios turísticos en la zona peatonal. Debemos aprovechar nuestro clima cálido  potenciando este modelo de negocio en nuestra ciudad. Asimismo, deben promoverse políticas  públicas de mantenimiento de las infraestructuras privadas –en conservación de la identidad  arquitectónica del centro histórico cruceño– y de apoyo al comercio en esta zona. En sí, el  hecho de embellecer estos espacios ya representa un incentivo para los propietarios de  refaccionar sus establecimientos; eso no debe, sin embargo, eliminar la posibilidad de otro tipo  de incentivos públicos (p.ej. tributarios) al desarrollo económico, social y cultural del centro  de Santa Cruz de la Sierra.  

Saliendo de este espacio peatonal, es necesario mejorar el tránsito en las calles que conectan a  él. La pavimentación de estas calles puede ciertamente contribuir a este objetivo específico, así como muchas otras ventajas que tiene el pavimento frente a las losetas, tal como reducir el  daño vehicular, el impacto físico en ciclistas, etc. No obstante, la reforma de estas calles no  puede limitarse a su pavimentación. Para optimizar su funcionamiento, se debe primero  establecer un nuevo modelo de transporte que se adapte a las necesidades de la Santa Cruz del  siglo XXI. En ese sentido, se debe considerar los siguientes elementos en el diseño de las calles:  1) ciclovías bien segregadas y seguras, así como parqueos para bicicletas; 2) una clara  delimitación gráfica del área de parqueos y de las líneas amarillas de prohibición; 3) vías únicas  para el transporte público, igualmente bien segregadas para acelerar la circulación de este  medio de transporte; 4) introducción de parquímetros en todas las calles con plataformas de  pago en efectivo y en línea (mejor si es a través de una aplicación que informe también los  lugares disponibles), otorgando empleos de fiscalización a los “cuidantes de autos” informales  de la zona, de modo que no pierdan su fuente de ingreso y se formalicen. Se deberán otorgar  además permisos especiales de parqueo para moradores; 5) mejoramiento de las aceras bajo  parámetros de caminabilidad, inclusión social y arborización; 6) enterrar el cableado por una  cuestión estética y para dar espacio al crecimiento de los árboles.  

Siguiendo estos parámetros es muy probable que mejore la velocidad y el confort del tránsito  y, más esencialmente, el bienestar de los usuarios de estas vías de acceso, que implica  moradores, visitantes, turistas, entre otros.  

En vista de la crisis climática y económica global, cabe igualmente hacer recomendaciones  acordes al contexto actual. El pavimento flexible, es decir, el pavimento de color negro, si bien  tiene un aspecto un tanto más estético, presenta consecuencias económicas y ambientales que  deben tomarse en consideración. En el ámbito económico, si comparado con el pavimento  rígido (hormigón), es más barato en su implementación, pero requiere gastos  considerablemente más elevados cuando se trata de su mantenimiento, pues se deteriora con  mayor rapidez. Si algo nos ha enseñado la historia, es que debemos pensar esta ciudad a largo  plazo para tener obras bien hechas y duraderas. Otro aspecto económico importante a  mencionar, es que el pavimento rígido se puede conseguir de industria nacional, mientras que  el flexible normalmente debe ser importado. Ya en el plano ambiental, se debe recalcar que el  pavimento flexible, por ser más oscuro, tiene una retención de calor superior al pavimento  rígido. Sería una incongruencia apuntar a la arborización de la zona para reducir el calor y al  mismo tiempo utilizar un tipo de pavimento que lo retenga en mayor medida. Asimismo, al ser  importado, su transporte eleva notablemente su impacto ambiental, pues agrega emisiones de  dióxido de carbono más allá de su simple producción. En ese sentido, el pavimento rígido es una opción que se adapta más a las necesidades económicas y ambientales del mundo, y  principalmente de nuestra ciudad.  

En conclusión, la reforma del centro histórico de Santa Cruz de la Sierra debe considerar  aspectos que van más allá del cambio de losetas por pavimento. Crear una zona peatonal que  resguarde la identidad cultural de la ciudad y promueva a su vez el comercio en espacios bien  cuidados y estéticos, debe ser un pilar fundamental de esta reforma. Por otro lado, una correcta  distribución del acceso a las calles alrededor de la plaza, con espacios amigables para peatones  y ciclistas, y con el uso de la tecnología adaptada al siglo XXI, debe complementar esta reforma  general de nuestro centro histórico, no sin antes tomar en consideración aspectos económicos  y ambientales para su sostenible y duradera implementación. 


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Guillermo Bretel

Politólogo y Sociólogo de la Julius-Maximilians-Universität Würzburg

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